España
ANÁLISIS COMPLETO: JJOO 2024: ENTRE LA DHIMITUD Y EL WOKISMO. Por Ernesto Milá
La última ofensiva woke no ha salido como esperaban sus promotores. Los JJOO “más inclusivos de la historia”, se han convertido en un espectáculo que ha recogido críticas casi unánimes, silencios elocuentes y dado alas a interpretaciones conspiranoicas. Lo que está claro es que, el “olimpismo” debería redefinirse, porque, en su concepción actual -y no solamente en la ceremonia de inauguración- ya no queda nada del “espíritu olímpico” tal como lo definió el barón Pierre de Coubertin y es justo contrario, casi una inversión satánica, de lo que fueron los Juegos Olímpicos en el mundo clásico.
FRANCIA: LA PEOR OPCIÓN PARA CELEBRAR UNAS OLIMPIADAS
Contrariamente a la “versión oficial” y a las opiniones de los “especialistas”, lo cierto es que, desde el principio -y especialmente desde los incidentes que se produjeron en la final de la Champions en París en 2022- el gran riesgo de estos juegos -y lo que los hacía desaconsejable- era el deterioro del orden público y de la seguridad ciudadana en París y, especialmente, el descontrol que existe en la “banlieu”, especialmente porque, parte de las pruebas atléticas y de natación tendrán lugar en el conflictivo barrio de Saint-Denis, las de vela en Marsella y parte de las de fútbol en esta misma ciudad y en Toulouse, zonas o bien con mayoría de población de origen no europeo o bien con barrios convertidos en guetos de inmigración. En estos barrios, en cualquier momento, el más mínimo incidente, puede provocar una nueva “intifada”.
A decir verdad, si la seguridad en estos JJOO y, especialmente en la ceremonia inaugural, ha movilizado a casi 60.000 miembros de cuerpos y fuerzas policías y militares, no es sólo -en grandísima medida- para imposibilitar atentados terroristas similares a los que ocurrieron en Francia en 2015, el 7 de enero, en la revista de humor Charlie-Hebdo (12 muertos y 11 heridos) y el 13 de noviembre de 2015 (130 civiles muertos y 415 heridos, en la sala Bataclán y en otros lugares de París), sino para desincentivar la actuación de bandas étnicas. No es que el terrorismo yihadista haya sido superado, sino que se ha replegado después de que el ISIL fuera, literalmente masacrado en Siria. Los incidentes de la Champions demostraron que las bandas étnicas con base en las “zonas liberadas” de los suburbios, aprovechaban cualquier evento internacional para expoliar a hinchas despistados al acercarse a “zonas conflictivas” (en la jerga oficial “zonas particularmente sensibles” y en la jerga más popular “zonas sin ley” (zonas de non-droit). Amplísimas zonas de Saint-Denis, Marsella, Toulouse, coinciden con estos barrios conflictivos en los que la República Francesa, en la práctica, ha dejado de existir.
Por otra parte, desde que se nombró a París “sede olímpica” en 2014, las cosas han empeorado mucho en Francia. Las bandas étnicas han ampliado sus territorios, su armamento e, incluso, su impunidad. Solamente entre el 27 de junio y el 5 de julio de 2023 un total de 2.508 edificios y 12.031 vehículos fueron incendiados en territorio francés por la muerte de un menor de origen magrebí que huía de la policía. Desde 2005 estos incidentes son frecuentes y la quema de vehículos se ha convertido en una tradición cotidiana regularmente practicada por miembros de las bandas étnicas de origen africano.
Todo esto impedía pensar que Francia sería la “mejor opción” para celebrar unas olimpiadas.
¿POR QUÉ SE ELIGIÓ PARÍS COMO SEDE OLÍMPICA?
La prensa publicó que “los parisinos” se sintieron “muy honrados” por albergar los JJOO 2024. Era la tercera ocasión en el que este evento se llevaba a París… pero en circunstancias muy diferentes a las anteriores: en 1900, París era una ciudad burguesa con un alto nivel de desarrollo, mientras que en 1924 existía euforia por la victoria en la Primera Guerra Mundial y una no había nubarrones en el horizonte. En esta ocasión, los parisinos, han preferido ausentarse de sus viviendas habituales, coger vacaciones anticipadas, salir de viaje antes de afrontar los problemas que plantea el evento.
El parisino -como el ciudadano de cualquier otra ciudad “olímpica”- no ha entendido todavía que ya no es el protagonista, ni siquiera el beneficiario del evento, sino el sujeto pasivo que lo sufre. No estamos en los JJOO de Barcelona-92 en los que la ciudad experimentó un “tirón”, urbanizándose zonas, hasta entonces industriales. Y es que en estos últimos 30 años muchas cosas han cambiado en la forma de elección de las ciudades olímpicas.
Cuando Madrid intentó ser sede olímpica para los JJOO de 2012, 2016 y 2020, ya se advirtieron “sombras de corrupción” en la actuación del Comité Olímpico Internacional: por encima de las condiciones objetivas adecuadas para celebrar los juegos, lo que contaba era que los miembros del COI se sintieran “agradecidos” con la ciudad. Les parecía justo que, si el COI daba a tal ciudad la posibilidad de obtener una promoción internacional gracias a los JJOO, esta ciudad devolviera el favor anticipadamente a los miembros del COI de manera contante y sonante. París y Los Ángeles, ciudades mucho más “mundanas” y próximas a estas prácticas oportunistas y -digámoslo claramente- corruptas, lo entendieron mucho mejor que Madrid.
No puede extrañarnos e, incluso, pensar lo contrario sería un absurdo: en un momento en el que el lucro es el principal motor de la historia, resulta imposible pensar que los miembros del COI no se guían por el mismo principio. El problema es que París y los parisinos, no son los beneficiarios, sino los miembros del COI. A esto se le llama “nuevo modelo de negocio”.
Pongamos un ejemplo. Ryan Air ofrece vuelos baratos. El pasajero que los adquiere piensa que el “producto” que compra es el “viaje en avión”. Se equivoca: el producto es él. En efecto, Ryan Air ha pactado con el ayuntamiento de tal o cual ciudad que le llevará cada año “X” millones de viajeros y a cambio exige “Y” millones para derivar ese “producto” (el viajero) a esta ciudad y no a la otra: él, el pasajero, es la mercancía. Así mismo, el COI propone unas “olimpiadas” al mejor postor: poco importa dónde se celebren, si existen o no condiciones óptimas. La ciudad que accede a pagar a los miembros del COI las cantidades y las prebendas más sustanciosas, recibe como un honor el ser nombrada “sede olímpica” en la que se consumirá como producto el deporte y el olimpismo, pero en realidad, el “producto” es la propia ciudad, los propios ciudadanos que pagan al COI para promover el verdadero producto: la ciudad como destino turístico futuro. Vale la pena no olvidarse que Barcelona, descolló como “sede turística” a partir del campeonato mundial de fútbol de 1982 o que fueron las olimpiadas del 92, las que constituyeron el impulso turístico definitivo (del que ahora una gran parte de los barceloneses se arrepiente, reniega o es consciente de que ha alterado completamente la ciudad y la vida ciudadana). París quería seguir siendo la ciudad más visitada del mundo y, para ello, precisaba pagarlo al “proveedor”: el COI.
¿Y DÓNDE QUEDA EL OLIMPISMO?
Para entender lo que fue el olimpismo en el mundo clásico vale la pena leer el capítulo de Rivolta contro il mondo moderno de Julius Evola, titulado “Juegos y victoria”. Ahí está todo lo que vale la pena saber sobre el olimpismo clásico y sobre los antiguos juegos olímpicos y ahí remitimos. Tras la lectura de este texto, parece bastante claro que, cuando Pierre de Coubertin fundó el “movimiento olímpico moderno”, tenía una concepción de este “sana”, “bienintencionada” y “positiva”, pero que tenía mucho más que ver con el idealismo burgués ingenuo y angelical, mucho más que con el concepto clásico del deporte y de las Olimpiadas.
En el fondo, Coubertin no era nada más que otro burgués “ilustrado” (de ascendencia aristocrática y de fe monárquica legitimista), una mentalidad propia del siglo XIX que creía que había que hacer todo lo posible para favorecer la armonía entre las naciones y la unificación mundial (en su caso a través del deporte) y que esto llevaría a un futuro mundo unido con un solo gobierno mundial, una sola religión mundial, una sola raza mundial, una sola economía mundial… Y puso su granito de arena. De aquello tampoco queda mucho. Aquellos ideales “unificadores”, se han ido apagando, demostrando su inviabilidad, rompiéndose en mil pedazos o embarrancando de manera miserable. El olimpismo ha sobrevivido por los beneficios económicos que reporta a sus promotores.
Con el paso del tiempo, los “valores” enunciados por Pierre de Coubertin, se han ido “adaptando” a las exigencias de los gestores de la modernidad. Al lema “citius, altius, fortius” se le ha unido el “Communiter”: “Más rápido, más alto, más fuerte – Juntos”… Añadido impuesto por la lógica del nuevo trilema de la modernidad de la que los JJOO 2024 han asumido: “Libertad, inclusión, diversidad”.
Si se lee el capítulo de Julius Evola que hemos recomendado, se percibirá que, en una primera fase, la que corresponde a Coubertin, los Juego Olímpicos se reducen a una competición internacional, similar a una competición de canicas solo que a una escala mayor. Nada que ver con lo sagrado, nada que ver con ritos propiciatorios, nada que ver con atletas que vencen porque una fuerza superior a ellos los ha dado la victoria. Coubertin no ha hecho nada más que “laicizar” el deporte, en aquel momento en vías de convertirse en espectáculo de masas y para masas. Y lo hace con su carácter aristocrático: saludo olímpico brazo en alto, desfile de los atletas en la ceremonia inaugural, queda el amateurismo en aquel primer momento, la renuncia a hacer del deporte un modus vivendi, etc. La ceremonia olímpica se va perfilando con el paso de los años y llega a su culminación en las Olimpiadas de Berlín en el verano de 1936. Tras la guerra, varias cosas irán cambiando con el paso de las décadas. El deporte, lejos de unir, es un elemento más de confrontación entre naciones y bloques. Poco a poco, incluso la ceremonia olímpica se va convirtiendo cada vez más en un espectáculo concebido para ser emitido por televisión, mucho más que para ser visto en directo por unos cuantos miles de espectadores. Y, naturalmente, va asumiendo los rasgos impuestos por las organizaciones mundialistas creadas a partir de 1945: ONU y, posteriormente, UNESCO. Sigue la retórica “olimpista”, pero cada vez más alejada de las concepciones del barón Coubertin. La ruptura final se produce en los JJOO de París 2024. Todo salta por los aires, incluso los últimos restos de la ceremonia y todo se convierte en un símbolo de la “nueva era”: el mundo perfilado por la Agenda 2030.
Si podemos definir de alguna manera los JJOO de París es llamándolos, no “Juegos Olímpicos”, sino “los Juegos de la Agenda 2030”. Sería imposible descubrir en ellos algo del “espíritu originario” al que aspiraba Pierre de Coubertin.
LOS SIMBOLOS Y LAS REALIDADES
En el mundo clásico todos los símbolos de los Juegos Olímpicos tenían significados e intenciones precisas que suponían la presencia de las fuerzas inmateriales que afectaban al destino de los hombres (ver el texto de Evola antes citado). En estos JJOO de París el simbolismo no ha faltado, pero no solamente se trata de unos símbolos “materializados”, sino que, además, representan la inversión completa, total y absoluta de los simbolismos originarios del mundo clásico.
Pasemos una revista no exhaustiva. La fealdad, es el primero que se nos viene a la cabeza. Ha estado presente en la inauguración en muchos momentos. La belleza o la fealdad es algo subjetivo solamente para quien ignore todo sobre la cultura europea. En Europa ha existido siempre un canon para expresar la proximidad o el alejamiento de la belleza: la “divina proporción”, el “número áureo”, el límite de la serie de Fibonacci, que está presente en la estatuaria clásica, en la pintura, en la naturaleza e, incluso, en los rostros y en las proporciones de cuerpos “bellos”. Lo que hemos visto en la inauguración era, no una exaltación de la belleza, sino un canto a la “fealdad”. En cada parte de la ceremonia, la “fealdad” era algo recurrente y cada vez más ofensivo, hasta cristalizar en toda su brutalidad en la ya famosa y denostada caricatura grosera de la “última cena”.
La gordura no es algo que merezca ser exaltado: una mala dieta, un régimen desordenado lleva a la obesidad… esto ya indica una falta de control de la persona sobre sus propios instintos, algo poco recomendable. Menos recomendable aún es alardear de algo que, lejos de ser un “orgullo” es algo que acorta la vida, genera enfermedades y riesgos cardiovasculares. No se trata de “condenar” la obesidad, sino de evitarla. No se trata de transformarla en reclamo publicitario a imitar y mucho menos en unos juegos olímpicos, sino de aprovechar un evento mundial para educar a la población en una sana alimentación. Esto no solo no se ha hecho, sino que se ha hecho todo lo contrario: justo lo opuesto, la inversión, de lo que a todas luces es correcto. Y esto, además, en un marco deliberadamente ofensivo para las creencias religiosas tradicionales.
Nadie medianamente formado se le ocurrió llamar “gorda” a Montserrat Caballé cuanto cantó, junto a Freddy Mercury, en las Olimpiadas de Barcelona-92. Y es que, ambos, además de la obesidad de una y de la homosexualidad del otro, eran grandes voces. Aportaban algo a la ceremonia olímpica que no era solo su aspecto físico o sus tendencias sexuales. En el acto inaugural lo que hemos visto ha sido todo lo contrario: un cuerpo pesado, obeso, sin nada más de lo que estar orgulloso. De hecho, lo mismo ha ocurrido con la sobredosis de homosexualidad y, sobre todo, travestismo con que han “adornado” la ceremonia. En 1992, nadie se le ocurrió criticar a Mercury por su homosexualidad. Sabíamos que, tanto él como otros cantantes de la época lo eran, pero nada impedía admirar su arte. Ahora, en cambio, especialmente a partir del milenio, sufrimos la sobrecarga, primer de “días del orgullo gay”, luego se “semanas”, ahora de “meses” y algunos nos sentimos saturados de todo esto: especialmente, porque estar “orgulloso” de la forma de sexualizarse es una forma bastante baja de lo que sentirse “orgullo”. Gentes que en absoluto, sin compartirlo, no eran hostiles a la homosexualidad en 1992, deploran, rechazan y vomitan ante las nuevas formas de sexualidad freaky, manifiestamente enfermizas y carne de psiquiátrico.
Y en estas últimas olimpiadas hemos visto, también como sí
mbolo, cómo la antorcha olímpica llegaba a París siendo recibida, no como era tradición, por un hombre y una mujer, sino por dos hombres, uno de ellos, vestido de mujer… Espanto y rechinar de dientes de las feministas que, cada vez se sienten más alejadas de lo que representa el “complejo LGTBIQ+”. Ni siquiera los “estudios de género” han conseguido explicar los motivos por los que se sobrepromociona a los drags queens, e incluso se les lleva a parvularios para “ilustrar” a los niños.
De hecho, el color rosa ha sido el de esta ceremonia inaugural y no la bandera tricolor del país anfitrión. Rosa fue el color que marcó toda la coreografía de “Lady Gaga”, rosa fue el color dominante en el triste cancán descafeinado que se bailó ante los muelles del Sena. El dionisismo exasperado y salvaje que estaba presente en el Moulin Rouge, se transformó en la ceremonia olímpica en un tranquillo y relajado ejercicio de levantar una pierna y luego la otra por parte de bailarines de ambos sexos.
En cuanto a las estatuas de mujeres que se elevaban, vale la pena recordar que buena parte de ellas eran alcanzaron fama enarbolando la causa del aborto (Simone Veil, Gisèle Halimi). Simone de Beauvoir, iniciadora de los “estudios de género” y, por cierto, con varias denuncias por haber abusado de sus alumnas). Louise Michel, anarquista de la Comuna. Alice Milliat, deportista francesa que se enfrentó a Coubertin impulsando los Juegos Olímpicos Femeninos. Llama la atención la inclusión de Paulette Nardal, activista cultural negra. Entre los personajes “históricos”, los organizadores eligieron a Christine de Pizan, una autora del siglo XV, poco brillante y prácticamente olvidada (evitando citar a Leonor de Aquitania, infinitamente más brillante, importante y “feminista” que ella, o a Juana de Arco, demasiado vinculado al pasado tradicional de Francia) y Olimpia de Gouges, autora de una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana durante la revolución francesa y activista antiesclavitud, vinculada a la masonería y guillotinada durante “el Terror”. Se nos ocurren decenas de mujeres franceses, infinitamente mas conocidas y con papeles históricos muchos más relevantes, incluso en el tema de los derechos de la mujer, que esta selección de personas, la mayoría completamente desconocidas, incluso para el francés medio.
Pero quizás, uno de los aspectos más desagradables de la ceremonia fue la imagen de María Antonieta guillotinada, interpretada, por supuesto, por un travestido, dentro de una sinfonía rosada. Un verdadero recordatorio banalizado de lo que fue en realidad la revolución francesa: una masacre.
Quien ha querido ver en el becerro de oro y en los caballos del Apocalipsis, la inclusión deliberada de símbolos apocalípticos y anticristianos, una forma de satanismo banalizado, está en su derecho a tenor del contenido global de la ceremonia.
¿Se salva algo? En una ceremonia concebida “para todos los públicos”, era inevitable que existieran excepciones. Una de ellas fue el pianista Alexander Kantorow y los “Juegos de agua” de Ravel. La otra, naturalmente, fue el broche final de Céline Dion cantante a Edith Piaf y, no se olvide, de los Minions en París. Salvo esto, hay que agradecer al dios de la lluvia que impidiera la escenificación de algunos otros números que se suspendieron por la imposibilidad que suponía hacerlos sobre un terreno húmedo.
PARÍS 2024: ENTRE LA DHIMMITUD Y EL WOKISMO
Llama la atención la escasa presencia del segundo grupo étnico residente hoy en Francia: la población magrebí. Francia sabe que aludir a este grupo “sale caso”, sea lo que sea lo que se diga, es peligroso. Si no es elogioso, puede estallar otra revuelta o pueden repuntar los incendios cotidianos de vehículos. Si es elogioso, una parte cada vez mayor de Francia puede protestar o ironizar (el Ressemblament National está hoy apoyado por más de 11.000.000 de votos, siendo el primer partido en número de apoyos, con 3.000.000 más que el “Nuevo Frente Popular”). Así que, mejor dejarlos en sus banlieus, rezando para que, como ocurrió en el partido de fútbol Argentina-Marruecos, no interrumpan el terreno de juego (lo hicieron en 10 ocasiones) o incluso en las calles de París exaltados por una victoria o una derrota.
Esta “ausencia” magrebí confirma la dirección que apuntábamos en nuestro análisis de las pasadas elecciones francesas: los tres partidos que ocuparon las tres primeras posiciones representaban las tres voluntades del electorado francés: el Nuevo Frente Popular, es el voto del electorado magrebí que quiere la islamización de Francia, sin términos medios, instaurar la sharia y la dhimitud (la sumisión de los no musulmanes). Apoyados por cada vez menos intelectuales incapaces de renunciar o reconducir su “antifascismo”, son hoy, el primer partido en número de escaños. La segunda fracción, son los “macronistas”, los que son conscientes de los cambios que se avecinan a la vuelta de 10 años, y aceptan su dhimitud. Ante la perspectiva de una guerra civil en la que se arriesgan a perderlo todo, incluida la vida, y la sumisión al islam, optan por esto último. Segundo partido en número de escaños. Finalmente, el tercer partido es el de aquellos que, cueste lo que cueste se oponen a la islamización de Francia y son conscientes de que hay que parar los pies aquellos que decían “huir de la guerra” para obtener el estatuto de “refugiados” y, en realidad, están trayendo la guerra a Europa. Tercer partido en número de escaños, pero no nos olvidemos, el primero en número de votos y, con mucho.
El presidente Macron, a través de los emisarios del Eliseo, ha debido recomendar a los organizadores del París 2024 que evitaran referencias magrebíes y musulmanas que pudieran radicalizar los ánimos. Es público y notorio que el islam condena y es extremadamente riguroso con el travestismo, el transexualismo, la homosexualidad y los estudios de género. Así pues, había que evitar unir este complejo promovido a dogma por la Agenda 2030, a la religión islámica: que los musulmanes de Francia pensaran “qué degenerados son estos franceses” (como, de hecho, han pensado). Pero a los organizadores -en su desconocimiento de lo que es el islam- han olvidado que también ellos se han sentido ofendidos por la versión insultante de la “última cena”: en efecto, los “progres” ignoran con demasiada frecuencia que el Islam es uno de los “pueblos del Libro” (la Biblia) y que, para ellos, la figura de Jesucristo, no es la del Mesías, pero si la de un Profeta. Y esto explica, porque los gobiernos de Argelia y Marruecos, entre otros, han protestado por la presencia sacrílega de la escena.
A pesar del cuidado con que los organizadores han tratado el tema feminista (ver lo ya dicho sobre las estatuas emergentes), lo cierto es que el feminismo tradicional -en general, incluso el más radicalizado- no ha tragado con la exaltación del travestismo, los drags-queens y del transexualismo. Por otra parte, a pesar del cerco de silencio y del boicot de las agencias informativas, lo cierto es que, en Francia, está muy claro que los “violadores”, los “agresores” y las “manadas”, no están compuestas por galos, ni por francos. El secreto a voces hace que las feministas cada vez estén más enfrentadas a la inmigración musulmana, de la misma forma que ésta ve en los colectivos LGTBIQ+ y en las propias feministas, muestras de la “degeneración europea”.
Francia -y, en particular Macron y los organizadores de las olimpiadas- que nunca “llueve a gusto de todos” y que, si este evento debía servir para aplacar los ánimos a la sombra del nuevo lema olímpico “citius, Altius, fortius – Communiter”, por el momento, está sirviendo para todo lo contrario. Macron y los macronistas, los que ya se han resignado a su “dhimitud” futura, no esperaban esta acumulación de problemas, tendencias opuestas y conflictos latentes.
EL WOKISMO COMO DESTINO
Las imágenes finales de la ceremonia olímpica son elocuentes por sí mismas. Primera. Un anciano decrépito, en silla de ruegas, que en otro tiempo fue alguien, un atleta condecorado, recibe la llama olímpica y la entrega a dos atletas, hombre y mujer, jóvenes y fuertes, negros. Estos encienden un pebetero con un fuego falso que se eleva… Segunda. En lo alto de un edificio se canta La Marsellesa, pero quien la canta no es la Marianne tradicional exaltada en la iconografía revolucionaria, sino una mujer negra. Tercera. Una mujer con aspecto de ser una de las muchas que pueden encontrarse en el viejo Pigalle o en la rue Saint-Denis, se trata de “Aya Nakamura”, nacida en Malí y francesa desde 2021, es, naturalmente, negra, como la mayor parte de las bailarinas que le siguen. Su aspecto, sus formas y maneras, su cantar es grosero, olvidable, del montón, ¡pero es “popular”! y, por eso se le ha incluido en la ceremonia de apertura (como si el hecho de ser “popular” implicara “calidad”: los McDonals lo son, pero no puede decirse que su calidad justifique ni uno, ni cinco tenedores…), pero baila al son de una música de banda militar en perfecta formación… ¿Se puede abofetear con más saña al ejército francés? Podríamos seguir. Los ejemplos no faltan: la presencia de personas de origen subsahariano ha sido masiva en la ceremonia inaugural. Es el tributo al wokismo que embarga a la progresía europea.
¿Porqué “magrebíes no” y “subsaharianos si”? Es una pregunta pertinente que pocos se han formulado. Caben varias respuestas y no estamos muy seguros de cuál pueda ser la correcta. La primera de todas, es que el Comité Olímpico Francés ha rendido tributo al wokismo. Es la moda, el signo de los tiempos: ya que los negros viven en Europa que se enorgullezcan de algo. Es comprensible, podemos pensar en lo que siente un niño negro en cualquier escuela europea cuando se estudia física, química, filosofía, ciencias naturales, literatura, y no aparece ni un solo negro. O en historia y descubre que la de África empieza realmente solo con la colonización. O que desde que se ha producido la descolonización, África no ha levantado cabeza. Todos tenemos derechos a sentirnos “orgullosos”, así que los organizadores habrían decidido otorgar un desmesurado protagonismo a los subsaharianos para compensar sus debilidades en otros terrenos. Wokismo puro.
Otra interpretación: algunos franceses -Macron entre ellos- están asustados. La islamización de Francia es imparable y deriva hacia la guerra civil étnica, religiosa y social prácticamente inevitable. ¿Qué ocurre si se rompe el “frente de las banlieus”? No es una mala estrategia ¿Qué ocurre si se rompe la alianza tácita que existe entre bandas étnicas africanas y bandas étnicas magrebíes y árabes? ¿retrasaría esta situación la perspectiva de una guerra civil? La idea, según esta interpretación, sería debilitar al adversario y lograr que, al menos, una fracción hiciera causa común con el macronismo: ¿la negritud?
Y, una interpretación final: a lo mejor las cosas son mucho más simples y el coreógrafo que ideó la ceremonia, simplemente, “le gusta lo negro”, carece de identidad propia, entre un negro y un magrebí, se queda con el primero al que considera más infantil, más ingenuo, más amistoso, incluso, más manipulable…
Ya hemos dicho que el “progre” lo ignora casi todo del Islam y de lo que puede suponer un sistema religioso para un pueblo. Si bien es cierto que el islam practica hacia la negritud un desprecio que va más allá del racismo convencional, también es cierto que el islam se está expandiendo por África y que buena parte de los inmigrantes negros que llegan a Europa son musulmanes.
ALGUNA CONCLUSIÓN
Cuando el judoka español, Fran Garrigós obtuvo la primera medalla de bronce para España, el japonés al que acababa de vencer, le negó el saludo. Y en redes sociales se multiplicaron las amenazas contra él: “Por aquí [Japón] no vuelvas”. Si queríamos alguna muestra de que el “espíritu olímpico” se había evaporado -o había resultado asesinado- esta es suficientemente significativa.
Desde unos días antes, incluso, se habían multiplicado incidentes (robos a la delegación argentina y australiana). El sabotaje a los trenes que llegaban a París el mismo día de la inauguración, el apagón simbólico de París, salvo el Sacré Coeur, las quejas de los atletas por el régimen de alimentación ofrecido por la organización (en un 30% vegano, con limitaciones de consumo de huevos), el malestar del público por los controles continuos policiales y por los precios de los alimentos y los hoteles, las perspectivas de que, a pesar del control policiaco-militar puedan producirse incidentes parecidos a los de la Champions de 2022, las protestas por los contenidos de la ceremonia inaugural que han obligado al COI a “disculparse”, etc, etc, etc, permiten pensar que estos JJOO se recordarán, no como “los más inclusivos” de la historia, sino como los más conflictivos y los menos “olímpicos”.
Habrá que esperar otros cuatro años, para confirmar o desmentir que la lección de París 2024 ha servido para algo y para rectificar o para ir aún más lejos en esta vía. En buena medida todo va a depender de quién venza en las elecciones norteamericanas de noviembre. Por el momento, la ceremonia de inauguración ha sido una muestra de la crisis y del callejón sin salida en el que se encuentra buena parte de Europa Occidental: dhimitud, conversión al islam o revuelta identitaria en defensa de la libertad de Europa. Tales son las alternativas, sin tapujos.
España
Diferencias en la cobertura mediática según ideología
Descubre las diferencias en la cobertura mediática según ideología. Analiza cómo los medios influyen en la percepción según orientaciones políticas.
La ideología es la variable que mejor explica la selectividad informativa en España. Los medios no se limitan a transmitir hechos: actúan como vehículos ideológicos que seleccionan, encuadran y jerarquizan la realidad según líneas editoriales definidas, configurando dos grandes esferas mediáticas, una progresista y otra conservadora, con audiencias que rara vez se solapan. La investigación empírica sobre exposición selectiva y polarización en España confirma que los ciudadanos con posicionamiento claro en el eje izquierda-derecha consumen medios ideológicamente afines con una probabilidad muy superior a quienes no se ubican en ese eje. Menos del 1 % de los ciudadanos en España ejerce una dieta mediática ideológicamente mixta, mientras que la mayor parte puede considerarse mediáticamente neutral, según datos del CIS. Sin embargo, la polarización mediática es creciente entre quienes sí tienen una identidad ideológica definida.
Las diferencias de cobertura mediática según ideología se manifiestan en tres planos simultáneos:
- Selección temática (agenda setting): cada medio prioriza los asuntos que refuerzan su marco ideológico y silencia o minimiza los que lo contradicen.
- Encuadre (framing): el mismo acontecimiento recibe interpretaciones radicalmente distintas según la línea editorial, condicionando la percepción del lector.
- Desinformación estructural: en casos extremos, la distorsión deliberada del relato constituye una forma de manipulación que va más allá del sesgo ordinario.
Casos como la cobertura de Ada Colau en ABC frente a El País, o el tratamiento de la extrema derecha en medios conservadores y progresistas, ilustran con datos concretos cómo la filiación ideológica del medio determina el tono, el volumen y el encuadre de la información política en España.
¿Cómo opera el sesgo ideológico en la cobertura mediática?
El sesgo mediático se ejerce principalmente mediante tres mecanismos que la investigación académica identifica como centrales en la construcción ideológica del discurso periodístico: la agenda setting, el framing y, en su expresión más extrema, la desinformación.

La agenda setting opera en la fase de selección: el medio decide qué temas existen para su audiencia y cuáles no. Un partido político puede protagonizar una semana de portadas en un diario y ser prácticamente invisible en otro, no porque los hechos difieran, sino porque la jerarquía editorial responde a criterios ideológicos. Esta selectividad temática condiciona la percepción pública de manera más profunda que cualquier editorial explícito, precisamente porque el lector no percibe la omisión como una decisión editorial.
El framing actúa en la fase de presentación. Un mismo dato económico puede encuadrarse como «fracaso de la gestión gubernamental» o como «resultado de la herencia recibida», dependiendo de la línea del medio. Estudios con técnicas de procesamiento del lenguaje natural, como TF*IDF y word2vec, han detectado que durante campañas electorales los medios españoles tienden a asociar candidatos con extremismos, eclipsando propuestas concretas y amplificando la polarización afectiva.
La desinformación representa el tercer nivel, cualitativamente distinto. Watzlawick fue el primero en usar el término para referirse a la distorsión intencional del relato en función de la sensibilidad editorial de cada medio: elegir de qué hablar y de qué no, dar más o menos recurrencia a ciertos hechos, o usar palabras e imágenes con carga emocional calculada. Según el análisis académico sobre ideología y desinformación, hay ideología en los medios que retrata de forma subjetiva la realidad, y eso afecta a la percepción de la sociedad de manera directa.
- Agenda setting: selección de temas según prioridades ideológicas.
- Framing: encuadre del mismo hecho con interpretaciones opuestas.
- Desinformación: distorsión deliberada del relato para alinear la percepción con intereses editoriales.
- Gestión emocional: los medios calculan los efectos cognitivos y emocionales que sus decisiones narrativas provocan en la audiencia para generar adhesión o rechazo.
Consejo profesional: Para identificar el mecanismo activo en una noticia concreta, compara la misma información en al menos dos medios de línea editorial opuesta y observa qué elementos aparecen, cuáles se omiten y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción. Puedes profundizar en esta técnica en la guía de agenda mediática oculta de Alerta Nacional.
La polarización mediática y sus efectos en la sociedad española
La polarización mediática en España no es solo un fenómeno de oferta: se reproduce en el comportamiento de las audiencias. La investigación sobre selectividad y polarización de audiencias distingue dos procesos conceptualmente diferentes que conviene no confundir: la polarización de audiencias, referida a la estructura de la oferta mediática y sus distintos públicos, y la polarización mediática propiamente dicha, que describe el proceso individual por el cual los ciudadanos restringen progresivamente su dieta informativa a medios ideológicamente afines.
El perfil del ciudadano mediáticamente polarizado en España presenta rasgos consistentes. Los hombres, las personas de mayor edad y quienes tienen ingresos más altos muestran mayor probabilidad de consumir dietas informativas restrictivas. Pero la variable más determinante es la ideológica: quienes se ubican con claridad en el eje izquierda-derecha, están afiliados a partidos o participan activamente en elecciones presentan una selectividad ideológica notablemente superior al resto.
Las cámaras de eco que resultan de este proceso tienen consecuencias directas sobre el debate público. Cuando la opinión publicada en un medio está alineada con su línea editorial, el efecto de resonancia es idéntico al que se produce en redes sociales: el lector no busca información objetiva, sino un enfoque de la realidad que confirme su percepción previa. La confianza en los medios se fragmenta según la ideología del receptor, y el debate público pierde el suelo común necesario para el contraste de argumentos.
Un dato relevante: la polarización mediática no es simétrica entre ideologías. Los efectos marginales muestran una ligera mayor diferencia entre quienes se sitúan en el centro-izquierda y la izquierda, aunque sin la solidez estadística suficiente para establecer un patrón definitivo. Lo que sí confirman los datos es que el extremismo ideológico, entendido como posicionamiento en los extremos del eje, no es el motor principal de la selectividad: la mera declaración de una identidad ideológica, incluso moderada, ya aumenta la probabilidad de consumo restringido.
¿Cómo cubren los medios españoles a la extrema derecha y otros grupos ideológicos?
El tratamiento mediático de la extrema derecha en España varía de forma sistemática según la línea editorial del medio, con diferencias observables en tono, volumen de cobertura y encuadre. Los medios progresistas tienden a asociar a estos grupos con conceptos de riesgo democrático y extremismo, mientras que los conservadores suelen presentarlos como una opción política legítima dentro del espectro parlamentario, cuando no como una respuesta comprensible a demandas ciudadanas ignoradas.

El estudio sobre la cobertura de mujeres políticas en ABC y El País ofrece uno de los análisis más precisos disponibles sobre cómo la ideología del medio determina el tono editorial. En ese trabajo, Ada Colau (líder de izquierdas) recibió una cobertura negativa destacada en ABC, mientras que en El País la polaridad positiva hacia ella fue notable. Inés Arrimadas (liberal) obtuvo mayor cobertura positiva en ABC que en El País. La diferencia no responde a los méritos o deméritos de cada política, sino a la distancia ideológica entre el medio y el sujeto cubierto.
| Política | Medio | Cobertura negativa | Cobertura positiva |
|---|---|---|---|
| Ada Colau | ABC | — | — |
| Ada Colau | El País | — | — |
| Inés Arrimadas | ABC | — | — |
| Inés Arrimadas | El País | — | — |
Este patrón se replica en el análisis de portadas durante las elecciones generales de 2023, donde los medios principales otorgaron mayor espacio a los partidos grandes, con diferencias apreciables en la valencia positiva o negativa según el partido y el diario. El análisis computacional de discurso electoral confirma que los encuadres negativos y polarizadores predominan sobre la cobertura de propuestas programáticas concretas.
Consejo profesional: Cuando analices la cobertura de un partido o líder político, examina no solo el número de noticias sino la proporción de piezas de opinión frente a informativas: la opinión es donde el sesgo ideológico se manifiesta con mayor intensidad y menor disimulo.
¿Qué dice la investigación académica sobre ideología y polarización mediática?
La conceptualización más influyente en el análisis del discurso mediático es la de Teun van Dijk, para quien la ideología es un conjunto básico de creencias compartidas por grupos sociales que los medios emplean para generar y gestionar opiniones, diferencias y conflictos. Esta definición desplaza el foco del partido político al sistema de creencias subyacente, lo que permite analizar el sesgo mediático incluso cuando un medio no tiene una afiliación partidista explícita.
El modelo de Hallin y Mancini sitúa a España dentro del sistema de «pluralismo polarizado», caracterizado por una fuerte vinculación entre medios y partidos políticos, baja autonomía profesional del periodismo respecto al poder político y una tradición de paralelismo político en la prensa. Este marco teórico explica por qué la polarización mediática española es estructuralmente más intensa que en sistemas del norte de Europa, donde la prensa desarrolló una tradición de mayor independencia editorial.
La relación entre propiedad, financiación y línea editorial es otro eje central del análisis académico. Los grupos mediáticos con vínculos accionariales o publicitarios con determinados sectores económicos tienden a alinear su cobertura con los intereses de esos sectores, lo que añade una dimensión económica al sesgo ideológico que va más allá de la mera preferencia política de los directivos. La percepción pública del sesgo no siempre coincide con el comportamiento editorial real: medios asociados a la derecha pueden criticar a líderes conservadores en determinados contextos, y viceversa, lo que complica la identificación del sesgo por parte del lector ordinario.
Contribuciones académicas recientes relevantes para el análisis del sistema mediático español:
- Van Dijk (2003): ideología como sistema cognitivo de creencias que estructura el discurso mediático.
- Hallin y Mancini (2004): modelo de pluralismo polarizado aplicado a España y el sur de Europa.
- Investigación sobre exposición selectiva en España: relación entre ideología declarada y restricción de la dieta informativa.
- Análisis computacional con NLP sobre sesgo en discurso electoral en medios españoles.
- Estudio sobre ideología como forma de desinformación: propuesta de herramienta de medición de sesgos con variables de contenido, económicas y políticas.
Selectividad ideológica en medios españoles y su impacto en la percepción electoral
La metodología empleada en los estudios sobre dietas mediáticas en España opera mediante una escala que clasifica el consumo de medios en un rango de valores, desde el consumo exclusivo de medios progresistas hasta el consumo exclusivo de medios conservadores, pasando por posiciones intermedias que reflejan mayor heterogeneidad. La clasificación ideológica de cada medio se establece a partir de la media de autoubicación ideológica de su audiencia, lo que permite construir una variable de dieta mediática que agrega el consumo en prensa impresa, radio, televisión y prensa digital.
Los resultados de esta metodología revelan un patrón consistente: la ideología, más que el interés por la política o el nivel de ingresos, es la variable que mejor predice la restricción de la dieta informativa. Los ciudadanos con menor apego a la política y a las instituciones muestran menor probabilidad de ejercer selección de medios afines, mientras que los más politizados concentran su consumo en fuentes ideológicamente coherentes con sus predisposiciones.
| Variable | Efecto sobre la selectividad mediática | Observación |
|---|---|---|
| Ideología declarada | Alto | Variable más explicativa del consumo restringido |
| Interés por la política | Moderado-alto | Mayor interés correlaciona con mayor selectividad |
| Afiliación a partido | Moderado | Refuerza la restricción ideológica de la dieta |
| Ingresos personales | Moderado | Mayor renta asociada a mayor restricción |
| Extremismo ideológico | No confirmado | No hay patrón claro de mayor restricción en los extremos |
El impacto de esta selectividad en la percepción electoral es directo. Quien consume exclusivamente medios de una línea ideológica recibe una imagen del adversario político construida por fuentes hostiles, lo que amplifica la percepción de amenaza y reduce la disposición al acuerdo. La polarización de audiencias no produce necesariamente ciudadanos más radicales en sus posiciones, pero sí ciudadanos con una imagen más distorsionada del campo político contrario.
- Clasifica los medios que consumes según la autoubicación ideológica de su audiencia, no según tu percepción subjetiva de su línea editorial.
- Mide la heterogeneidad de tu dieta informativa: ¿consumes al menos un medio cuya audiencia se ubica en el lado opuesto del eje ideológico al tuyo?
- Distingue entre noticias y opinión dentro de cada medio: el sesgo es más intenso y menos disimulado en las piezas de opinión.
- Contrasta la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta antes de formarte una opinión definitiva.
Consejo profesional: La herramienta más eficaz para detectar tu propia burbuja informativa no es leer más, sino leer distinto. Incorporar regularmente un medio de línea editorial opuesta a la tuya no implica aceptar su marco, sino disponer de la información necesaria para cuestionarlo.
¿Cómo influyen la propiedad y la financiación en el sesgo ideológico de los medios?
La estructura de propiedad de los grupos mediáticos españoles es uno de los factores que más condiciona la línea editorial, aunque también el menos visible para el lector ordinario. Los grandes conglomerados mediáticos mantienen vínculos accionariales con sectores financieros, energéticos y de construcción cuyos intereses regulatorios y fiscales dependen directamente de las decisiones del gobierno de turno. Esta dependencia económica crea incentivos estructurales para alinear la cobertura con las posiciones del poder político que favorece esos intereses, independientemente de la ideología declarada del medio.
La financiación publicitaria institucional, es decir, la publicidad contratada por administraciones públicas, partidos y organismos estatales, añade otra capa de condicionamiento. Un medio que recibe una proporción significativa de sus ingresos de la publicidad institucional de un gobierno autonómico o central tiene razones económicas concretas para moderar su cobertura crítica de ese gobierno. La propuesta académica de una herramienta de medición de sesgos contempla explícitamente variables económicas y políticas junto a las de contenido, precisamente porque el sesgo ideológico no puede entenderse sin la estructura de incentivos que lo sostiene.
La concentración de la propiedad mediática en España ha reducido la pluralidad real de voces, aunque la proliferación de medios digitales ha creado nuevos actores con estructuras de financiación distintas. Medios nativos digitales como eldiario.es o El Confidencial carecen de editorial corporativa explícita, pero mantienen líneas editoriales reconocibles que sus audiencias identifican con claridad. La ausencia de editorial formal no equivale a ausencia de sesgo: la subjetividad persiste en la selección de temas, en las fuentes consultadas y en el encuadre de la información, a veces de forma más acentuada que en los medios tradicionales. Entender cómo los incentivos mediáticos afectan la cobertura es indispensable para leer cualquier medio con criterio.
Los algoritmos de redes sociales y su efecto en el consumo ideológico de noticias
Las plataformas de distribución de contenido, desde X (antes Twitter) hasta YouTube o TikTok, amplifican los sesgos ideológicos preexistentes mediante sistemas de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. El algoritmo no tiene ideología propia, pero sí un objetivo claro: mostrar el contenido que genera más reacción. Y el contenido ideológicamente cargado, especialmente el que provoca indignación o confirmación de creencias previas, genera más reacción que el informativo neutro.
El resultado es una aceleración del proceso de segregación mediática que los estudios sobre dietas informativas detectan en el consumo tradicional. Un usuario que interactúa con contenido de una línea ideológica recibe más contenido de esa misma línea, lo que reduce progresivamente su exposición a perspectivas distintas sin que medie ninguna decisión consciente de su parte. La influencia de los algoritmos en la percepción pública opera de forma más opaca que la línea editorial de un periódico, precisamente porque el usuario no percibe el mecanismo de selección al que está sometido.
La interacción entre medios tradicionales y redes sociales ha creado además un ciclo de retroalimentación: los medios producen contenido diseñado para circular en redes, lo que incentiva los titulares polarizadores y el encuadre emocional sobre el análisis reposado. La viralidad se convierte en criterio editorial, y los formatos que generan más comparticiones, generalmente los más ideológicamente cargados, reciben más recursos de producción. Este fenómeno afecta tanto a medios progresistas como conservadores, aunque con diferencias en los temas y los marcos que cada uno privilegia para maximizar su alcance digital.
La evolución histórica de las divisiones mediáticas ideológicas en España
El paralelismo político entre medios y partidos en España tiene raíces históricas que preceden a la democracia actual. Durante la Segunda República, la prensa española estaba abiertamente alineada con posiciones políticas definidas, y el franquismo consolidó un modelo de control estatal de la información que eliminó cualquier pluralismo real durante cuatro décadas. La Transición no produjo una ruptura limpia con ese modelo: los medios que surgieron o se reconvirtieron en los años setenta y ochenta lo hicieron con vínculos explícitos con partidos, sindicatos o grupos empresariales con intereses políticos concretos.
El País nació en 1976 con una orientación claramente progresista y europeísta que reflejaba el consenso de la Transición entre las élites intelectuales y políticas de centro-izquierda. ABC mantuvo su tradición monárquica y conservadora. La irrupción de nuevos actores en los años noventa, como El Mundo, añadió una línea editorial diferenciada que combinaba el conservadurismo con una vocación de denuncia política que la situaba en posición de competencia directa con el PSOE. Esta arquitectura mediática, consolidada antes de la llegada de internet, sigue siendo el esqueleto sobre el que se construye la polarización actual.
La fragmentación del sistema de partidos a partir de 2015, con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y posteriormente Vox, obligó a los medios a redefinir sus alineamientos. Algunos lo hicieron con rapidez y coherencia; otros oscilaron según la coyuntura electoral, lo que confirma la observación académica de que la percepción ideológica de un medio no siempre coincide con su comportamiento editorial real en momentos concretos. La realidad del sesgo mediático es más compleja y contextual que la etiqueta fija que el lector suele asignarle a cada cabecera.
España frente a otros países: ¿es el sesgo ideológico especialmente intenso aquí?
El modelo de pluralismo polarizado que Hallin y Mancini identificaron en España, Italia, Portugal y Grecia se distingue del modelo liberal anglosajón y del modelo democrático corporativo del norte de Europa precisamente por la intensidad del paralelismo político. En los sistemas del norte, la prensa desarrolló una tradición de mayor distancia respecto al poder político, con mecanismos de autorregulación profesional más consolidados y una financiación menos dependiente de la publicidad institucional.
En el contexto latinoamericano, el estudio de la cobertura de las elecciones presidenciales argentinas de 2023 en medios como Clarín, La Nación, Infobae y El Destape muestra procesos de selección, omisión y priorización de información que son estructuralmente similares a los observados en España, aunque con particularidades propias de cada sistema político. La influencia de los medios en la comunicación política y el proceso de legitimación a través del discurso público son fenómenos compartidos en los sistemas de pluralismo polarizado, independientemente del país.
Lo que distingue a España dentro de ese modelo es la combinación de una polarización política especialmente intensa desde 2015, una estructura de propiedad mediática concentrada y una dependencia significativa de la publicidad institucional. El resultado es un sistema donde las diferencias de cobertura mediática según ideología son más pronunciadas y más estables que en sistemas con mayor autonomía profesional del periodismo. Identificar ese sesgo requiere herramientas de análisis crítico que vayan más allá de la intuición: la guía para identificar sesgo mediático de Alerta Nacional ofrece un punto de partida metodológico para ese análisis.
Cómo analizar críticamente el sesgo ideológico en los medios que consumes
Detectar el sesgo ideológico en la prensa española exige un método, no solo una actitud de desconfianza general. La desconfianza sin criterio produce el efecto contrario al deseado: el lector que rechaza todos los medios por igual termina siendo más vulnerable a la desinformación, no menos. El análisis crítico requiere herramientas concretas aplicadas de forma sistemática.
El primer paso es identificar la línea editorial del medio, no a partir de su autopresentación, sino a partir de la autoubicación ideológica media de su audiencia y de sus vínculos de propiedad y financiación. El segundo es distinguir entre géneros periodísticos: la noticia, el reportaje, la crónica y la opinión tienen convenciones distintas, y el sesgo opera con diferente intensidad en cada uno. La opinión es donde el encuadre ideológico se manifiesta con mayor claridad y menor disimulo; la noticia es donde el sesgo se ejerce de forma más sutil, a través de la selección de fuentes y la jerarquía de la información.
El tercer paso es la comparación sistemática. Contrastar la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta permite identificar qué elementos aparecen en uno y no en el otro, qué fuentes se consultan y cuáles se ignoran, y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción, y su identificación es el primer paso para una lectura informada. Alerta Nacional ha desarrollado un análisis detallado sobre cómo se manipula la opinión pública que complementa este enfoque metodológico.
Si quieres ir más allá del análisis y disponer de herramientas concretas para descifrar la propaganda mediática en España, la guía para ciudadanos de Alerta Nacional ofrece un marco de análisis riguroso y actualizado para identificar los mecanismos de manipulación en los medios convencionales.

Puntos clave
La ideología es la variable más determinante de la selectividad informativa en España, configurando dos esferas mediáticas con audiencias que rara vez se cruzan.
| Punto | Detalles |
|---|---|
| Ideología como variable principal | Los ciudadanos con identidad ideológica definida consumen medios afines con probabilidad muy superior a quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha. |
| Dieta mediática mixta casi inexistente | Menos del 1 % de los ciudadanos ejerce un consumo ideológicamente heterogéneo, según datos del CIS y estudios recientes sobre polarización mediática en España. |
| Framing y agenda setting como mecanismos centrales | El sesgo opera principalmente mediante la selección de temas y el encuadre, no solo mediante la desinformación explícita. |
| Cobertura diferenciada según ideología del medio | En ABC, Ada Colau recibió un — de cobertura negativa; en El País, Inés Arrimadas obtuvo un — de cobertura negativa, patrón inverso al esperado sin sesgo. |
| Propiedad y financiación condicionan la línea editorial | Los vínculos accionariales y la publicidad institucional crean incentivos estructurales que van más allá de la preferencia política de los directivos. |
