España
Análisis completo. Nuevo curso político: Se sabe cómo empieza, pero no cómo terminará. Por Ernesto Milá
En las puertas del nuevo curso político sería muy difícil encontrar otro que se abriera en una situación tan absolutamente pesimista. No existe -ni para el poder, ni para la oposición- un solo factor de optimismo. Las cifras macroeconómicas son malas, pero la realidad político-social es aún peor. El discurso del pesimismo se ha instalado en la sociedad española y las declaraciones optimistas de los miembros del gobierno y de los poncios autonómicos, suenan más falsos que un negro con el pelo liso. Y este es el problema que tiene en estos momentos España: si algo va como un “cohete”, si somos líderes en algo, es precisamente en velocidad hacia el abismo. Sabemos cómo empieza el curso 2024-2025, pero ignoramos como terminará o, más en general, como concluirá el “drama español”. Esto es lo que nos impulsa a ser tan negativos:
1) EL PEDROSANCHISMO ESTÁ PERDIENDO EL RELATO
Pedro Sánchez cree que basta con enjuagar a los medios de comunicación tradicionales para mantener el “relato” en el que basa su permanencia en el poder, a saber “que España va, no solo bien, sino como un cohete”. Es el “optimismo antropológico” de Zapatero elevado a la enésima potencia. Pero, así como ZP ignoraba porqué iban bien las cosas en los primeros años de su gobierno (por las ayudas de la UE, por el modelo económico de Aznar que, básicamente, podía resumirse en “pan para hoy y hambre para mañana”, por el aumento de la burbuja inmobiliaria, por la llegada en pocos meses de 3.000.000 de inmigrantes, lo que hizo subir el PIB, etc.) y su optimismo era el propio del idiota que caía de un edificio de 20 pisos y al llegar al 10 decía “bueno, hasta ahora todo va bien”.
Pero, al final, incluso el más optimista advierte la realidad. Y la realidad le llegó a ZP en forma de crisis económica mundial en 2007 (que no reconoció hasta 2009). Allí murió, no solo el zapaterismo sino también la socialdemocracia, cuando optó por salvar a la banca, arrojando a miseria y paro a 6.000.000 de españoles. Pero, lo que en ZP era estupidez, en Pedro Sánchez es, simplemente, mala fe.
Esta mala fe se extiende a todos sus ministros, incluso es un virus que recorre todas las autonomías que se limitan a adaptar los gestos y proclamas del presidente. Anteayer, Marlaska declaraba que “los delitos con arma blanca han descendido”. Al día siguiente -consecuentes con esta proclama- el gobierno vasco declaró que quienes amenazaran con un “arma blanca” no serían detenidos… Pero, la realidad dice otra cosa: los delitos con arma blanca aumentan tanto como la inmigración ilegal y masiva. Lo pueden negar todos los medios de comunicación subvencionados por el poder central o autonómico, o por ambos, pero la realidad es que, cada día, unos cientos de ciudadanos que han sido víctimas de asaltos con arma blanca, o los han presenciado, se convencen de lo contrario.
Y lo que es peor para el relato del gobierno: esta tendencia no va a disminuir por mucho que Marlaska se esfuerce en considerar solo como “agresiones con arma blanca” a los que han sido agredidos con una botella de leche y no a aquellos que han visto el brillo de una filosa navaja amenazando su cuello. Las agresiones con cuchillos han crecido en toda Europa en los últimos cinco años. Y no se trata sólo de yihadistas más o menos tarados, sino de la delincuencia de a pie que se ha convertido en la principal importación africana de la UE, superando incluso a las sandías y melones marroquíes cultivados primorosamente con aguas fecales.
2) EL “RELATO” DEL PEDROSANCHISMO
El “relato” del pedrosanchismo se mantenía sobre todo en cuatro factores:
1) unos medios de comunicación comprados al peso (siempre, la carne de periodista se ha cotizado barata), olvidando que influencers y youtubers tienen en muchos casos una audiencia superior a cualquier medio convencional ultrasubvencionado y, que mayoritariamente son contestatarios en relación a las líneas del gobierno sanchista y, además, salen gratis: monetizan sus visitas en redes sociales.
2) un PP timorato, flojo en su papel opositor, triste y más aburrido que un partido de ajedrez emitido por radio. En todas las ocasiones en las que el PP ha echado un capote al pedrosanchismo, ha evidenciado que no es la “alternativa”, sino más bien la “alternancia” y que, si llega algún día a gobernar, la política de Feijóo será como la de Sánchez, aunque quizás más sosa y con menos sobresaltos familiares.
3) unos “aliados” que, en realidad, son grupos políticos en declive (especialmente Podemos, Sumar, ERC, Junts), unos sindicatos mudos y vacíos de afiliados, y unas ONGs principal reducto de paniaguados de este país, que saben que sin Pedro Sánchez en Moncloa, peligrarían sus suculentos beneficios. La actual mayoría Frankenstein está formada por el “club de los fracasados”: sumadas sus impotencias pueden ser mayores que el PP en número de diputados, pero ni son coherentes, ni estables, ni siquiera capaces de gobernar con mínimos de eficiencia.
4) Unos “nuevos electores”, inmigrantes naturalizados, bolsas de ni-nis, que votarán a quien les garantice paguita ad infinitum. Obviamente, el pedrosanchismo no presenta esta compra de nuevos electores como necesaria para sustituir los huecos cada vez mayores en su electorado tradicional, sino como “medidas sociales”, necesarias para paliar “la pobreza”. El problema es que nadie da algo a cambio de nada. Si los receptores de estas paguitas debieran de prestar un servicio al Estado (limpiar pintadas, acudir allí donde hay incendios, realizar servicios sociales, limpiar bosques, realizar tareas de repoblación forestal, etc, etc,) todo sería más justo y eficiente, pero la peor política consiste en acostumbrar a la población a recibir algo sin dar nada a cambio.
3) CURSO POLÍTICO 2024-2025:
UNA ACUMULACIÓN DE PROBLEMAS INSOLUBLES
Pero, en el inicio del nuevo curso político 2024-2025, al pedrosanchismo se le van acumulando problemas. Más y más. Por eso decíamos al principio, que sabemos como se inicia es curso político, pero no sabemos como puede terminar. Aunque la convicción es que, inequívocamente, acabará, con Pedro Sánchez en Moncloa o con Feijóo, pero, en todo caso, peor de lo que estamos ahora. Y esto por varios motivos:
– Gobierne quien gobierne la deuda del Estado seguirá creciendo: solo en el primer trimestre de 2024, la deuda pública aumentó en casi 40.000 millones de euros y, en la actualidad, se sitúa en torno a 1.625.000 millones, esto es 1,62 ¡billones de euros! El 109% del PIB. Solamente en los próximos tres meses, de octubre a diciembre, el Estado deberá pagar 23.500 millones ¡en intereses generados por la deuda pública! Este año 2024, el Estado ha tenido que pagar un 40% más de intereses de deuda y a principios de 2024 se preveían pagos de 44.000 millones a lo largo del año en deuda. Solo desde 2020 hasta 2022 el Estado pagó 566.700 millones de euros en concepto de intereses ¡en apenas dos años!, mientras que, en los siete años que median entre 1995 y 2019 se pagaron cinco veces menos: 113.700 millones.
En conclusión: la economía española va “como un cohete” porque el pedrosanchismo ha aumentado artificialmente el dinero emitiendo más y más deuda pública. Pero esta práctica tiene un límite y no puede estirarse hasta el infinito. España, desde el momento en el que la UE estableció como “criterio de convergencia” que la deuda pública estuviera por debajo del 60% del PIB, ha llegado con mucho a aquel límite. Grecia (que en la actualidad está endeudada por un 164% de su PIB) no tiene apenas peso económico en la UE, pero España, cuya economía es ¡siete veces! la de Grecia, si puede poner hacer tambalear todo el sistema económico-financiero europeo.
– Gobierne quien gobierne las bolsas de subvencionados directos o indirectos, seguirán ahí y exigirán seguir percibiendo subsidios: pensar que, un eventual gobierno “de derecha” o de “centro-derecha” enderezará la economía, afrontando una reducción del gasto público, es tan peligroso como un cirujano con hipo. En efecto, si convenimos que una parte importante del presupuesto del Estado va a parar a subsidios a sindicatos, al 75% de la inmigración marroquí que no trabaja, y a un porcentaje aún mayor de inmigración subsahariana en idéntica situación, o a subvencionar el mantenimiento de casi 20.000 MENAs, unidos a los subsidios que reciben ONGs de lo más exóticas, o a ni-nis que jamás cotizarán a la seguridad social y así sucesivamente, entenderemos porqué, en las actuales circunstancias, esos subsidios no pueden cortarse de un día para otro. Hacerlo, supondría un estallido social. Igualmente, ocurre con los pisos “okupados”. Se ignora el número total de viviendas que han sido sustraídas a sus legítimos propietarios y okupados por intrusos. Sólo se conoce que en 2023 se registraron 15.289 casos nuevos. Así pues, es posible que la cifra se sitúe entre los 50 y los 75.000 pisos. Desalojarlos de un día para otro, implicaría dejar en torno a 150.000 personas en la calle. Tratándose, sobre todo, de inmigrantes ilegales. El pedrosanchismo compensa su falta de interés por la vivienda pública, descargando en la iniciativa privada el problema de la vivienda: los pequeños propietarios de vivienda -no los bancos, ni los grandes inversores, como suelen repetir las ONGs y el gobierno- están pagando la nula eficiencia del ministerio de la vivienda. Un gobierno de derechas que prometiera “desokupación ya”, vería inmediatamente como aumenta la criminalidad desde el mismo momento en que devolviera los pisos a sus legítimos propietarios.
En conclusión: los problemas generados por el zapaterismo (más inmigración en momentos de crisis), larvados durante el gobierno de Rajoy (subsidios para contener la criminalidad y los estallidos sociales) y durante el pedrosanchismo (más inmigración subsidiada para generar un nicho de votos especialmente entre los inmigrantes naturalizados), son, en la actualidad, prácticamente irresolubles y cualquier intento de restar privilegios a los grupos que se han visto beneficiados por las subvenciones, los subsidios y la manga ancha ante las okupaciones, generará un estallido de violencia social para la que el Estado, ni la judicatura, ni el sistema de prisiones, están en condiciones de afrontar.
– La política de gobernar con la no-España, ha llevado al PSOE a un callejón sin salida: Desde los “acuerdos del Tinell”, suscritos por el PSOE-PSC en 2003 con ERC y con la extrema-izquierda, la estrategia del PSOE se ha basado en gobernar apoyado por los nacionalistas e independentistas creando un “cordón sanitario” en torno a la derecha. El problema es que, en aquellos momentos, solo había una derecha, el PP, y ahora hay dos: una “derecha liberal”, PP, y una “derecha nacional”, Vox. O, si se prefiere, una “derecha domesticada” y una “derecha rebelde”. Si bien la lógica política y las necesidades de estabilidad de la sociedad española, implicaban en la primera legislatura de Sánchez un acuerdo entre PP y PSOE, una “gran coalición”, fórmula recomendada por la UE, Sánchez optó por un acuerdo con Podemos que fue ampliando en la actual legislatura, cada vez más, a medida que su margen electoral iba descendiendo. Y sí tenemos hoy la “parajódica” situación de un PSOE (perdedor de las anteriores elecciones) que obtuvo mayoría parlamentaria gracias a la coalición con el resto de perdedores (nacionalistas e independentistas). En su infinita ambición e ignorancia histórica, Sánchez cree que puede seguir eternamente realizando concesiones a la “no-España”, mientras esta garantice su propia mayoría. En realidad, se equivoca: desde el punto de vista de la “no-España” lo que está aplicando es la “teoría del salchichón”: ir cortando rodajas del salchichón hasta agotarlo, es decir, hasta conseguir su objetivo final, la desvinculación de Cataluña y del País Vasco, del resto de España. De ahí, las concesiones a los independentistas catalanes, primero la amnistía, luego la promesa de un “concierto económico” y la condonación de 15.000 millones de deuda de la gencat (es decir, traspasar 15.000 millones a la deuda del Estado…), unido a la liberación progresiva de matarifes etarras. Es evidente que, buena parte de todas estas medidas que han sido contestadas con recursos a las instancias superiores, son de difícil encaje con el ordenamiento constitucional español y, algunas generarán problemas en las “baronías” socialistas. Esto hace que tanto Junts (que empieza a ver que los pactos con el gobierno, lejos de reforzarla, están contribuyendo a romper aún más el independentismo y a favorecer el crecimiento de la Alliança Catalana con su discurso antiinmigracionista), como ERC (cuya situación electoral e interior es, en estos momentos, de máxima urgencia), estén planteándose en estos momentos, hasta cuándo seguirán apoyando al PSC en el gobierno de la gencat (en el caso de ERC) y al PSOE en el parlamento del Estado (en el caso de Junts y de ERC).
En conclusión: el cálculo que están haciendo en estos momentos ERC y Junts no es más que una “evaluación de daños”. ¿Qué les perjudica electoralmente más? ¿seguir apoyando y obteniendo concesiones del pedrosanchismo, cada vez más empantanado en fraudes, escándalos, procesos por corrupción, miserias, desgobierno, o bien romper con el pedrosanchismo, del que tienen la legítima sospecha que les está tomando el pelo? El dilema para los independentistas es: o bien seguir dejándose engañar, pasar por tontos antes su propio electorado y seguir victimizándose, o bien romper con el pedrosanchismo, arriesgarse a que la derecha suba el poder y ésta, para contentar a su propio electorado patriótico, revierta buena parte de los “progresos” arrancados por el independentismo al pedrosanchismo. Nos inclinamos a pensar que Junts tragará carros y carretas, Puigdemont tiene pocas intenciones de volver a España y no ser presidente de la gencat, prefiere la eterna victimización del “exiliado”. En cuanto a ERC, su trayectoria en dientes de sierra, de subidas y bajadas, unido a su exaltado pro-inmigracionismo islamista, lo sitúen ante una situación nueva: nunca el partido estuvo tan dividido, tan necesitado de refuerzos, porque, esta crisis -unida a la crisis general del independentismo catalán, más multidividido que nunca tanto en relación con sus objetivos, como a su estrategia- puede ser una crisis que liquide definitivamente con una sigla centenaria (cuya trayectoria en estos 100 años, por cierto, ha sido catastrófica para Cataluña, ya desde los tiempos de Macía y Companys). Lo que está claro es que, los indepes están sufriendo en su propia carne el desgaste del pedrosanchismo: cuantas más concesiones -reales o supuestas- le arrancan, más se merma su electorado.
– El problema de la inmigración es el que está polarizando a la sociedad: a favor o en contra. A lo largo del verano, el problema migratorio se ha desencadenado en toda su violencia. Y hay dos discursos muy distintos: o cualquier inmigrante ilegal que llega es expulsado inmediatamente, “en caliente” y sin recursos. O bien, cualquier inmigrante que llega es aceptado, subsidiado y tratado como cualquier otro “español viejo”. La primera posición tiene pocos matices: y está creciendo. La segunda, en cambio, -que es la del PSOE, la de la extrema-izquierda, pero también la del PP y de parte de los indepes- tiene multitud de matices y de actitudes. Y, en estos momentos, se encuentra en franco retroceso. Hoy, es del dominio público, que delincuente indultado en África o con deseos de vivir del cuento, mira hacia Europa. Y en concreto hacia España, el país más débil de la Europa Occidental. Lo sorprendente es la actitud del PP (aprobar el proceso de legalización de 500.000 inmigrantes junto al PSOE, el pacto para la redistribución de los MENAs por autonomías), las posiciones de la Conferencia Episcopal (cuyos medios de comunicación siguen sin enterarse de lo que está ocurriendo, negándose a ver la islamización de Europa, creyendo que los miles diarios de recién llegados vienen todos “a trabajar” (como Antonio Jiménez, presentador de “El Cascabel” de TV Trece) o sosteniendo (como Expósito, el jefe de informativos de COPE) que es “inevitable” que cada vez huyan más y más de la “miseria africana”, o la ambigüedad de la Conferencia Episcopal que todo lo ve desde una “perspectiva humanitaria de caridad cristiana”. Si cada día, el sentimiento de la población española -y, por extensión, europea- es más negativo en torno a la inmigración, se debe a evidente imposibilidad ya demostrada de integración, especialmente de las bolsas procedentes de África, a los problemas que genera su presencia y que experimenta la sociedad española, especialmente las clases medias, los sectores más modestos y los turistas (se suele olvidar que España vive hoy del turismo). Resulta incomprensible que cada año “falten camareros” cuando cada día llegan miles de individuos y que ni el gobierno central ni las taifas autonómicas antepongan subvenciones a formación o, como mínimo, condicionen las subvenciones a la formación profesional. La novedad este verano de 2024, es que la situación ya ha llegado al límite, pero nada sugiere que el gobierno vaya a cambiar su política. Los viajes de Sánchez a los países emisores de inmigración son fácilmente comprensibles: como sabe cualquiera que ya tenido un contacto mínimo con gobierno africanos, cuando se negocian ayudas y transferencia de fondos con Mauritania, Gambia y Senegal, lo primero que se negocia son los comisiones que recibe cada parte: el que luego los fondos restantes se destinen o no a lo inicialmente proclamado es lo de menos. Dada la situación del pedrosanchismo, y su problemático futuro, la “ayuda a África” puede ser una de las últimas posibilidades de “pillar comisiones sustanciales” antes de abandonar la Moncloa. En cualquier caso, el problema no está ni en Mauritaria, ni en Gambia ni en Senegal, sino en Marruecos, como cada día los medios se encargan de recordarlo sin querer: miles de MENAS tratando de alcanzar a nado Ceuta es un síntoma: ¿Cómo podía ser de otra manera? El boca-oreja circula a la misma velocidad que el tam-tam, desde Ras Ben Sekka en Túnez hasta el cabo de las Agujas en Sudáfrica y lo que se transmiten es “vente pa’ España que todo lo que quieras hacer sale gratis, nadie te dice nada y, además, te pagan la estancia”. Tal es, en esencia, el actual “efecto llamada” en dirección a España. Y esta cuestión también ha llegado al límite. Hoy, cada vez más partidos anti-inmigración se encuentran en el poder. En Francia el RN es el primer partido en número de votos (con más de tres millones de ventaja sobre su inmediato seguidor, la extrema-izquierda), en algunas regiones de Alemania, la AfD ya es el segundo partido en intención de voto. En Dinamarca, Suecia, Holanda, Italia, el fenómeno migratorio empieza a disminuir a causa de medidas legales para su control. En España, en cambio, va en aumento.
En conclusión: este último factor enlaza con el primero que hemos analizado. La inmigración cuesta dinero (en lugar de generarlo). Por tanto, mientras el ritmo de llegadas vaya creciendo, el déficit público irá aumentando. El peligro es que se cree una situación parecida a la que ha estallado este verano en Inglaterra: “Nos han robado nuestro país”, han gritado los ingleses en las calles, mientras la policía y el gobierno laborista los trataba como delincuentes y, paralelamente mimaba a las hordas musulmanas armadas con cuclillos. Y es que la rección, en Inglaterra, ha llegado demasiado tarde: el país está perdido, literalmente ha sido conquistado por el Islam sin apenas resistencia. Eso puede suceder pasado mañana en España. La perspectiva que tenemos ante la vista es una simbiosis entre islamización y primitivización de la vida pública. El pedrosanchismo no va a poder contener la inmigración, ni siquiera tiene intención en hacerlo, aspira solo a que el “negocio de la inmigración” rinda sus últimos frutos y Sánchez, familia y corte tengan los medios suficientes para establecerse en cualquier otro lugar con los fondos enviados a paraísos fiscales, ante el futuro derrumbe del Estado: derrumbe que a estas alturas es casi irreversible.
En curso político 2024-25 va a ser decisivo: pero más vale que tengamos presente que la situación en la que nos encontramos no es fácilmente reversible. Cabe decir que estamos en un punto en el que “ni contigo, ni sin ti, Sánchez” esto tiene solución. Ni con la izquierda y la no-España, ni con una “gran coalición” PP-PSOE, ni con un gobierno de derechas con mayoría pepera. Para que el PP cambiara su discurso y sus liderazgos internos, sería necesario que Vox superara el 30% de los votos. Esa es la única posibilidad en estos momentos, de reconstruir la autoridad del Estado y una política de reconstrucción nacional coherente. La cuestión no es, si Vox es capaz de llegar a este porcentaje, sino si no es ya demasiado tarde para resolver cualquier cuestión y si intentarlo no generaría un estallido étnico-socio-religioso, la hostilidad de las autoridades de la UE y de los grandes fondos de inversión internacionales…
Tales son los grandes problemas de fondo que afronta España en este nuevo curso político que se iniciará en breve.
España
Diferencias en la cobertura mediática según ideología
Descubre las diferencias en la cobertura mediática según ideología. Analiza cómo los medios influyen en la percepción según orientaciones políticas.
La ideología es la variable que mejor explica la selectividad informativa en España. Los medios no se limitan a transmitir hechos: actúan como vehículos ideológicos que seleccionan, encuadran y jerarquizan la realidad según líneas editoriales definidas, configurando dos grandes esferas mediáticas, una progresista y otra conservadora, con audiencias que rara vez se solapan. La investigación empírica sobre exposición selectiva y polarización en España confirma que los ciudadanos con posicionamiento claro en el eje izquierda-derecha consumen medios ideológicamente afines con una probabilidad muy superior a quienes no se ubican en ese eje. Menos del 1 % de los ciudadanos en España ejerce una dieta mediática ideológicamente mixta, mientras que la mayor parte puede considerarse mediáticamente neutral, según datos del CIS. Sin embargo, la polarización mediática es creciente entre quienes sí tienen una identidad ideológica definida.
Las diferencias de cobertura mediática según ideología se manifiestan en tres planos simultáneos:
- Selección temática (agenda setting): cada medio prioriza los asuntos que refuerzan su marco ideológico y silencia o minimiza los que lo contradicen.
- Encuadre (framing): el mismo acontecimiento recibe interpretaciones radicalmente distintas según la línea editorial, condicionando la percepción del lector.
- Desinformación estructural: en casos extremos, la distorsión deliberada del relato constituye una forma de manipulación que va más allá del sesgo ordinario.
Casos como la cobertura de Ada Colau en ABC frente a El País, o el tratamiento de la extrema derecha en medios conservadores y progresistas, ilustran con datos concretos cómo la filiación ideológica del medio determina el tono, el volumen y el encuadre de la información política en España.
¿Cómo opera el sesgo ideológico en la cobertura mediática?
El sesgo mediático se ejerce principalmente mediante tres mecanismos que la investigación académica identifica como centrales en la construcción ideológica del discurso periodístico: la agenda setting, el framing y, en su expresión más extrema, la desinformación.

La agenda setting opera en la fase de selección: el medio decide qué temas existen para su audiencia y cuáles no. Un partido político puede protagonizar una semana de portadas en un diario y ser prácticamente invisible en otro, no porque los hechos difieran, sino porque la jerarquía editorial responde a criterios ideológicos. Esta selectividad temática condiciona la percepción pública de manera más profunda que cualquier editorial explícito, precisamente porque el lector no percibe la omisión como una decisión editorial.
El framing actúa en la fase de presentación. Un mismo dato económico puede encuadrarse como «fracaso de la gestión gubernamental» o como «resultado de la herencia recibida», dependiendo de la línea del medio. Estudios con técnicas de procesamiento del lenguaje natural, como TF*IDF y word2vec, han detectado que durante campañas electorales los medios españoles tienden a asociar candidatos con extremismos, eclipsando propuestas concretas y amplificando la polarización afectiva.
La desinformación representa el tercer nivel, cualitativamente distinto. Watzlawick fue el primero en usar el término para referirse a la distorsión intencional del relato en función de la sensibilidad editorial de cada medio: elegir de qué hablar y de qué no, dar más o menos recurrencia a ciertos hechos, o usar palabras e imágenes con carga emocional calculada. Según el análisis académico sobre ideología y desinformación, hay ideología en los medios que retrata de forma subjetiva la realidad, y eso afecta a la percepción de la sociedad de manera directa.
- Agenda setting: selección de temas según prioridades ideológicas.
- Framing: encuadre del mismo hecho con interpretaciones opuestas.
- Desinformación: distorsión deliberada del relato para alinear la percepción con intereses editoriales.
- Gestión emocional: los medios calculan los efectos cognitivos y emocionales que sus decisiones narrativas provocan en la audiencia para generar adhesión o rechazo.
Consejo profesional: Para identificar el mecanismo activo en una noticia concreta, compara la misma información en al menos dos medios de línea editorial opuesta y observa qué elementos aparecen, cuáles se omiten y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción. Puedes profundizar en esta técnica en la guía de agenda mediática oculta de Alerta Nacional.
La polarización mediática y sus efectos en la sociedad española
La polarización mediática en España no es solo un fenómeno de oferta: se reproduce en el comportamiento de las audiencias. La investigación sobre selectividad y polarización de audiencias distingue dos procesos conceptualmente diferentes que conviene no confundir: la polarización de audiencias, referida a la estructura de la oferta mediática y sus distintos públicos, y la polarización mediática propiamente dicha, que describe el proceso individual por el cual los ciudadanos restringen progresivamente su dieta informativa a medios ideológicamente afines.
El perfil del ciudadano mediáticamente polarizado en España presenta rasgos consistentes. Los hombres, las personas de mayor edad y quienes tienen ingresos más altos muestran mayor probabilidad de consumir dietas informativas restrictivas. Pero la variable más determinante es la ideológica: quienes se ubican con claridad en el eje izquierda-derecha, están afiliados a partidos o participan activamente en elecciones presentan una selectividad ideológica notablemente superior al resto.
Las cámaras de eco que resultan de este proceso tienen consecuencias directas sobre el debate público. Cuando la opinión publicada en un medio está alineada con su línea editorial, el efecto de resonancia es idéntico al que se produce en redes sociales: el lector no busca información objetiva, sino un enfoque de la realidad que confirme su percepción previa. La confianza en los medios se fragmenta según la ideología del receptor, y el debate público pierde el suelo común necesario para el contraste de argumentos.
Un dato relevante: la polarización mediática no es simétrica entre ideologías. Los efectos marginales muestran una ligera mayor diferencia entre quienes se sitúan en el centro-izquierda y la izquierda, aunque sin la solidez estadística suficiente para establecer un patrón definitivo. Lo que sí confirman los datos es que el extremismo ideológico, entendido como posicionamiento en los extremos del eje, no es el motor principal de la selectividad: la mera declaración de una identidad ideológica, incluso moderada, ya aumenta la probabilidad de consumo restringido.
¿Cómo cubren los medios españoles a la extrema derecha y otros grupos ideológicos?
El tratamiento mediático de la extrema derecha en España varía de forma sistemática según la línea editorial del medio, con diferencias observables en tono, volumen de cobertura y encuadre. Los medios progresistas tienden a asociar a estos grupos con conceptos de riesgo democrático y extremismo, mientras que los conservadores suelen presentarlos como una opción política legítima dentro del espectro parlamentario, cuando no como una respuesta comprensible a demandas ciudadanas ignoradas.

El estudio sobre la cobertura de mujeres políticas en ABC y El País ofrece uno de los análisis más precisos disponibles sobre cómo la ideología del medio determina el tono editorial. En ese trabajo, Ada Colau (líder de izquierdas) recibió una cobertura negativa destacada en ABC, mientras que en El País la polaridad positiva hacia ella fue notable. Inés Arrimadas (liberal) obtuvo mayor cobertura positiva en ABC que en El País. La diferencia no responde a los méritos o deméritos de cada política, sino a la distancia ideológica entre el medio y el sujeto cubierto.
| Política | Medio | Cobertura negativa | Cobertura positiva |
|---|---|---|---|
| Ada Colau | ABC | — | — |
| Ada Colau | El País | — | — |
| Inés Arrimadas | ABC | — | — |
| Inés Arrimadas | El País | — | — |
Este patrón se replica en el análisis de portadas durante las elecciones generales de 2023, donde los medios principales otorgaron mayor espacio a los partidos grandes, con diferencias apreciables en la valencia positiva o negativa según el partido y el diario. El análisis computacional de discurso electoral confirma que los encuadres negativos y polarizadores predominan sobre la cobertura de propuestas programáticas concretas.
Consejo profesional: Cuando analices la cobertura de un partido o líder político, examina no solo el número de noticias sino la proporción de piezas de opinión frente a informativas: la opinión es donde el sesgo ideológico se manifiesta con mayor intensidad y menor disimulo.
¿Qué dice la investigación académica sobre ideología y polarización mediática?
La conceptualización más influyente en el análisis del discurso mediático es la de Teun van Dijk, para quien la ideología es un conjunto básico de creencias compartidas por grupos sociales que los medios emplean para generar y gestionar opiniones, diferencias y conflictos. Esta definición desplaza el foco del partido político al sistema de creencias subyacente, lo que permite analizar el sesgo mediático incluso cuando un medio no tiene una afiliación partidista explícita.
El modelo de Hallin y Mancini sitúa a España dentro del sistema de «pluralismo polarizado», caracterizado por una fuerte vinculación entre medios y partidos políticos, baja autonomía profesional del periodismo respecto al poder político y una tradición de paralelismo político en la prensa. Este marco teórico explica por qué la polarización mediática española es estructuralmente más intensa que en sistemas del norte de Europa, donde la prensa desarrolló una tradición de mayor independencia editorial.
La relación entre propiedad, financiación y línea editorial es otro eje central del análisis académico. Los grupos mediáticos con vínculos accionariales o publicitarios con determinados sectores económicos tienden a alinear su cobertura con los intereses de esos sectores, lo que añade una dimensión económica al sesgo ideológico que va más allá de la mera preferencia política de los directivos. La percepción pública del sesgo no siempre coincide con el comportamiento editorial real: medios asociados a la derecha pueden criticar a líderes conservadores en determinados contextos, y viceversa, lo que complica la identificación del sesgo por parte del lector ordinario.
Contribuciones académicas recientes relevantes para el análisis del sistema mediático español:
- Van Dijk (2003): ideología como sistema cognitivo de creencias que estructura el discurso mediático.
- Hallin y Mancini (2004): modelo de pluralismo polarizado aplicado a España y el sur de Europa.
- Investigación sobre exposición selectiva en España: relación entre ideología declarada y restricción de la dieta informativa.
- Análisis computacional con NLP sobre sesgo en discurso electoral en medios españoles.
- Estudio sobre ideología como forma de desinformación: propuesta de herramienta de medición de sesgos con variables de contenido, económicas y políticas.
Selectividad ideológica en medios españoles y su impacto en la percepción electoral
La metodología empleada en los estudios sobre dietas mediáticas en España opera mediante una escala que clasifica el consumo de medios en un rango de valores, desde el consumo exclusivo de medios progresistas hasta el consumo exclusivo de medios conservadores, pasando por posiciones intermedias que reflejan mayor heterogeneidad. La clasificación ideológica de cada medio se establece a partir de la media de autoubicación ideológica de su audiencia, lo que permite construir una variable de dieta mediática que agrega el consumo en prensa impresa, radio, televisión y prensa digital.
Los resultados de esta metodología revelan un patrón consistente: la ideología, más que el interés por la política o el nivel de ingresos, es la variable que mejor predice la restricción de la dieta informativa. Los ciudadanos con menor apego a la política y a las instituciones muestran menor probabilidad de ejercer selección de medios afines, mientras que los más politizados concentran su consumo en fuentes ideológicamente coherentes con sus predisposiciones.
| Variable | Efecto sobre la selectividad mediática | Observación |
|---|---|---|
| Ideología declarada | Alto | Variable más explicativa del consumo restringido |
| Interés por la política | Moderado-alto | Mayor interés correlaciona con mayor selectividad |
| Afiliación a partido | Moderado | Refuerza la restricción ideológica de la dieta |
| Ingresos personales | Moderado | Mayor renta asociada a mayor restricción |
| Extremismo ideológico | No confirmado | No hay patrón claro de mayor restricción en los extremos |
El impacto de esta selectividad en la percepción electoral es directo. Quien consume exclusivamente medios de una línea ideológica recibe una imagen del adversario político construida por fuentes hostiles, lo que amplifica la percepción de amenaza y reduce la disposición al acuerdo. La polarización de audiencias no produce necesariamente ciudadanos más radicales en sus posiciones, pero sí ciudadanos con una imagen más distorsionada del campo político contrario.
- Clasifica los medios que consumes según la autoubicación ideológica de su audiencia, no según tu percepción subjetiva de su línea editorial.
- Mide la heterogeneidad de tu dieta informativa: ¿consumes al menos un medio cuya audiencia se ubica en el lado opuesto del eje ideológico al tuyo?
- Distingue entre noticias y opinión dentro de cada medio: el sesgo es más intenso y menos disimulado en las piezas de opinión.
- Contrasta la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta antes de formarte una opinión definitiva.
Consejo profesional: La herramienta más eficaz para detectar tu propia burbuja informativa no es leer más, sino leer distinto. Incorporar regularmente un medio de línea editorial opuesta a la tuya no implica aceptar su marco, sino disponer de la información necesaria para cuestionarlo.
¿Cómo influyen la propiedad y la financiación en el sesgo ideológico de los medios?
La estructura de propiedad de los grupos mediáticos españoles es uno de los factores que más condiciona la línea editorial, aunque también el menos visible para el lector ordinario. Los grandes conglomerados mediáticos mantienen vínculos accionariales con sectores financieros, energéticos y de construcción cuyos intereses regulatorios y fiscales dependen directamente de las decisiones del gobierno de turno. Esta dependencia económica crea incentivos estructurales para alinear la cobertura con las posiciones del poder político que favorece esos intereses, independientemente de la ideología declarada del medio.
La financiación publicitaria institucional, es decir, la publicidad contratada por administraciones públicas, partidos y organismos estatales, añade otra capa de condicionamiento. Un medio que recibe una proporción significativa de sus ingresos de la publicidad institucional de un gobierno autonómico o central tiene razones económicas concretas para moderar su cobertura crítica de ese gobierno. La propuesta académica de una herramienta de medición de sesgos contempla explícitamente variables económicas y políticas junto a las de contenido, precisamente porque el sesgo ideológico no puede entenderse sin la estructura de incentivos que lo sostiene.
La concentración de la propiedad mediática en España ha reducido la pluralidad real de voces, aunque la proliferación de medios digitales ha creado nuevos actores con estructuras de financiación distintas. Medios nativos digitales como eldiario.es o El Confidencial carecen de editorial corporativa explícita, pero mantienen líneas editoriales reconocibles que sus audiencias identifican con claridad. La ausencia de editorial formal no equivale a ausencia de sesgo: la subjetividad persiste en la selección de temas, en las fuentes consultadas y en el encuadre de la información, a veces de forma más acentuada que en los medios tradicionales. Entender cómo los incentivos mediáticos afectan la cobertura es indispensable para leer cualquier medio con criterio.
Los algoritmos de redes sociales y su efecto en el consumo ideológico de noticias
Las plataformas de distribución de contenido, desde X (antes Twitter) hasta YouTube o TikTok, amplifican los sesgos ideológicos preexistentes mediante sistemas de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. El algoritmo no tiene ideología propia, pero sí un objetivo claro: mostrar el contenido que genera más reacción. Y el contenido ideológicamente cargado, especialmente el que provoca indignación o confirmación de creencias previas, genera más reacción que el informativo neutro.
El resultado es una aceleración del proceso de segregación mediática que los estudios sobre dietas informativas detectan en el consumo tradicional. Un usuario que interactúa con contenido de una línea ideológica recibe más contenido de esa misma línea, lo que reduce progresivamente su exposición a perspectivas distintas sin que medie ninguna decisión consciente de su parte. La influencia de los algoritmos en la percepción pública opera de forma más opaca que la línea editorial de un periódico, precisamente porque el usuario no percibe el mecanismo de selección al que está sometido.
La interacción entre medios tradicionales y redes sociales ha creado además un ciclo de retroalimentación: los medios producen contenido diseñado para circular en redes, lo que incentiva los titulares polarizadores y el encuadre emocional sobre el análisis reposado. La viralidad se convierte en criterio editorial, y los formatos que generan más comparticiones, generalmente los más ideológicamente cargados, reciben más recursos de producción. Este fenómeno afecta tanto a medios progresistas como conservadores, aunque con diferencias en los temas y los marcos que cada uno privilegia para maximizar su alcance digital.
La evolución histórica de las divisiones mediáticas ideológicas en España
El paralelismo político entre medios y partidos en España tiene raíces históricas que preceden a la democracia actual. Durante la Segunda República, la prensa española estaba abiertamente alineada con posiciones políticas definidas, y el franquismo consolidó un modelo de control estatal de la información que eliminó cualquier pluralismo real durante cuatro décadas. La Transición no produjo una ruptura limpia con ese modelo: los medios que surgieron o se reconvirtieron en los años setenta y ochenta lo hicieron con vínculos explícitos con partidos, sindicatos o grupos empresariales con intereses políticos concretos.
El País nació en 1976 con una orientación claramente progresista y europeísta que reflejaba el consenso de la Transición entre las élites intelectuales y políticas de centro-izquierda. ABC mantuvo su tradición monárquica y conservadora. La irrupción de nuevos actores en los años noventa, como El Mundo, añadió una línea editorial diferenciada que combinaba el conservadurismo con una vocación de denuncia política que la situaba en posición de competencia directa con el PSOE. Esta arquitectura mediática, consolidada antes de la llegada de internet, sigue siendo el esqueleto sobre el que se construye la polarización actual.
La fragmentación del sistema de partidos a partir de 2015, con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y posteriormente Vox, obligó a los medios a redefinir sus alineamientos. Algunos lo hicieron con rapidez y coherencia; otros oscilaron según la coyuntura electoral, lo que confirma la observación académica de que la percepción ideológica de un medio no siempre coincide con su comportamiento editorial real en momentos concretos. La realidad del sesgo mediático es más compleja y contextual que la etiqueta fija que el lector suele asignarle a cada cabecera.
España frente a otros países: ¿es el sesgo ideológico especialmente intenso aquí?
El modelo de pluralismo polarizado que Hallin y Mancini identificaron en España, Italia, Portugal y Grecia se distingue del modelo liberal anglosajón y del modelo democrático corporativo del norte de Europa precisamente por la intensidad del paralelismo político. En los sistemas del norte, la prensa desarrolló una tradición de mayor distancia respecto al poder político, con mecanismos de autorregulación profesional más consolidados y una financiación menos dependiente de la publicidad institucional.
En el contexto latinoamericano, el estudio de la cobertura de las elecciones presidenciales argentinas de 2023 en medios como Clarín, La Nación, Infobae y El Destape muestra procesos de selección, omisión y priorización de información que son estructuralmente similares a los observados en España, aunque con particularidades propias de cada sistema político. La influencia de los medios en la comunicación política y el proceso de legitimación a través del discurso público son fenómenos compartidos en los sistemas de pluralismo polarizado, independientemente del país.
Lo que distingue a España dentro de ese modelo es la combinación de una polarización política especialmente intensa desde 2015, una estructura de propiedad mediática concentrada y una dependencia significativa de la publicidad institucional. El resultado es un sistema donde las diferencias de cobertura mediática según ideología son más pronunciadas y más estables que en sistemas con mayor autonomía profesional del periodismo. Identificar ese sesgo requiere herramientas de análisis crítico que vayan más allá de la intuición: la guía para identificar sesgo mediático de Alerta Nacional ofrece un punto de partida metodológico para ese análisis.
Cómo analizar críticamente el sesgo ideológico en los medios que consumes
Detectar el sesgo ideológico en la prensa española exige un método, no solo una actitud de desconfianza general. La desconfianza sin criterio produce el efecto contrario al deseado: el lector que rechaza todos los medios por igual termina siendo más vulnerable a la desinformación, no menos. El análisis crítico requiere herramientas concretas aplicadas de forma sistemática.
El primer paso es identificar la línea editorial del medio, no a partir de su autopresentación, sino a partir de la autoubicación ideológica media de su audiencia y de sus vínculos de propiedad y financiación. El segundo es distinguir entre géneros periodísticos: la noticia, el reportaje, la crónica y la opinión tienen convenciones distintas, y el sesgo opera con diferente intensidad en cada uno. La opinión es donde el encuadre ideológico se manifiesta con mayor claridad y menor disimulo; la noticia es donde el sesgo se ejerce de forma más sutil, a través de la selección de fuentes y la jerarquía de la información.
El tercer paso es la comparación sistemática. Contrastar la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta permite identificar qué elementos aparecen en uno y no en el otro, qué fuentes se consultan y cuáles se ignoran, y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción, y su identificación es el primer paso para una lectura informada. Alerta Nacional ha desarrollado un análisis detallado sobre cómo se manipula la opinión pública que complementa este enfoque metodológico.
Si quieres ir más allá del análisis y disponer de herramientas concretas para descifrar la propaganda mediática en España, la guía para ciudadanos de Alerta Nacional ofrece un marco de análisis riguroso y actualizado para identificar los mecanismos de manipulación en los medios convencionales.

Puntos clave
La ideología es la variable más determinante de la selectividad informativa en España, configurando dos esferas mediáticas con audiencias que rara vez se cruzan.
| Punto | Detalles |
|---|---|
| Ideología como variable principal | Los ciudadanos con identidad ideológica definida consumen medios afines con probabilidad muy superior a quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha. |
| Dieta mediática mixta casi inexistente | Menos del 1 % de los ciudadanos ejerce un consumo ideológicamente heterogéneo, según datos del CIS y estudios recientes sobre polarización mediática en España. |
| Framing y agenda setting como mecanismos centrales | El sesgo opera principalmente mediante la selección de temas y el encuadre, no solo mediante la desinformación explícita. |
| Cobertura diferenciada según ideología del medio | En ABC, Ada Colau recibió un — de cobertura negativa; en El País, Inés Arrimadas obtuvo un — de cobertura negativa, patrón inverso al esperado sin sesgo. |
| Propiedad y financiación condicionan la línea editorial | Los vínculos accionariales y la publicidad institucional crean incentivos estructurales que van más allá de la preferencia política de los directivos. |
