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Internacional

Análisis del triunfo de Geert Wilders. Por Ricardo Ruiz de la Serna

Redacción

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La victoria de Geert Wilders en los Países Bajos resulta doblemente interesante. En primer lugar, por la campaña en su contra que lo ha presentado como el Trump holandés y que ha terminado reforzándolo. Quienes creían que eso lo iba a estigmatizar se han terminado encontrando que el expresidente estadounidense sigue siendo un poderosísimo símbolo de la oposición al progresismo, al globalismo y a la ideología woke.

Sin embargo, el éxito de este político de 60 años y natural de Venlo, en la provincia de Limburgo, tiene otros aspectos interesantes. Por lo pronto, es abiertamente crítico con la deriva federalista de la Unión Europea y con la inmigración descontrolada; en particular, la proveniente de países islámicos. Ataca así los mantras que la Comisión Europea repite hora tras hora como las campanadas de un reloj; por ejemplo, que el futuro de Europa es la diversidad, es decir, el multiculturalismo. No es ahora momento de dilucidar la construcción teórica que ha conducido a la negación de los saludos navideños y la normalización del islam en el imaginario de la Unión Europea —vean las campañas publicitarias de la Comisión—. En esta hora de Europa, lo interesante es que políticos como Wilders representan un golpe de timón en la ruta de nuestro continente.

Sería erróneo, sin embargo, identificarlo sin más con la derecha de los países mediterráneos. En éstos, la impronta católica se deja ver en aspectos como la política social, mientras que Wilders está más próximo al humanismo secular. Sería más correcto situarlo en la línea de Pim Fortuyn (1948-2002), el escritor y profesor asesinado en Hilversum, cerca de Ámsterdam, por el activista por los derechos de los animales Volkert van der Graaf. Van der Graaf pretendió justificar el crimen en la defensa de los musulmanes a los que, según él, Fortuyn empleaba de chivo expiatorio. Dos años después, Mohammed Bouyeri, un islamista de origen marroquí nacionalizado neerlandés asesinó en Amsterdam al cineasta Theo Van Gogh (1957-2004). Wilders propuso una moratoria de cinco años en la llegada de nuevos inmigrantes al país. Para evitar otro asesinato semejante y dadas las amenazas recibidas, Geert Wilders lleva desde 2004 viviendo con escolta. En 2017, tuvo que suspender su campaña porque se filtró su agenda de actos y no se podía garantizar su seguridad.

El partido de Wilders se llama Partido de la Libertad, pero sería impreciso considerar a su líder como un liberal —en el sentido de libertario— descontento con la deriva multicultural de Europa. En asuntos como la inversión en salud o vivienda, es partidario de una intervención de los poderes públicos más que de una autorregulación del mercado. El descontento por la desproporción entre los beneficios empresariales y el creciente coste de la vida —que los salarios medios cubren cada vez con mayor dificultad— han alimentado un descontento que se ha traducido en el voto a este político que ataca todos los dogmas del progresismo desde el cambio climático y la inmigración al federalismo europeísta. El elitismo de la derecha y la izquierda tradicionales les está pasando factura en el voto de las clases populares. Wilders dice con claridad que los Países Bajos no pueden soportar el lastre de unas políticas sociales —por ejemplo, en vivienda, seguridad social y empleo— que benefician a los inmigrantes en perjuicio de los nacionales.

A Wilders también le ha beneficiado el descontento con el globalismo. En los Países Bajos hay un descontento creciente con la deriva globalista de la Unión Europea. Quizás los dos hitos más significativos hayan sido las revueltas campesinas contra el cierre de granjas y las protestas contra los confinamientos durante la pandemia. Desde 2019, los granjeros vienen protestando por las políticas del gobierno neerlandés que, so pretexto de salvar el planeta, abocan al cierre a miles de explotaciones ganaderas. Entre enero de 2020 y mayo de 2022, la intensidad de las protestas contra los confinamientos llevó al gobierno de Mark Rutte a declarar que eran «violencia criminal y debía tratarse como tal».

Geert Wilders ha de afrontar ahora el desafío de conseguir una coalición que le permita formar gobierno. Sin ninguna duda, tendrá que hacer concesiones, rebajar expectativas y transigir; es decir, tendrá que hacer política. Sin embargo, más allá de su liderazgo personal, su victoria es una advertencia de lo que está pasando en Europa: el relato social, político y cultural en torno a la inmigración, el modelo de sociedad y la identidad que durante años han alimentado la Comisión Europea y el progresismo, valga la redundancia, se está resquebrajando.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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