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Opinión

Cataluña: los monos controlan el circo. Por Jesús Salamanca Alonso

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El presidente catalán no dudó en denunciar en Ginebra, aprovechando el 15º Foro de las Minorías de Naciones Unidas, la vulneración de los derechos de los catalanohablantes.

Los aires que soplan en Cataluña son cada día más dañinos y lo peor de todo es que siempre dañan a los mismos. Hay muchos motivos para decir esto y buena culpa de ello la tienen el Gobierno actual y los precedentes. Incluso a Pedro Sánchez «el mentiroso» le afectan esos bamboleos ventosos porque se le nota cada vez más degenerado en sus manifestaciones: lo mismo le da decir que Cataluña ha dejado de tener problemas de convivencia desde que él es presidente que lanzar a los cuatro vientos que pasará a la historia por haber exhumado a Franco. ¡Valiente cateto tuercebotas, por no decir gaznápiro circular! A ver quién se atreve a negarme ese control del circo por parte de los monos.

Vamos allá con algunos bandazos que provocan los vendavales en Cataluña. Los historiadores catalanes con rigor ya se han hartado de los falsos predicadores que van conferenciando con estupideces como que Santa Teresa de Jesús, Cristóbal Colón, Rodrigo Díaz de Vivar o Fernando el Católico, además de diversos conquistadores, tenían origen catalán. Pero lo peor de todo es que hay gente que paga por escucharlos. Lo único que ellos han podido demostrar es que los golpistas del 1 de octubre sí habitan en Cataluña y han intentando desintegrarla, lo mismo que el prófugo de la Justicia, Puigdemont.

Voy más allá: cobran por aventar estupideces de grueso calibre que están suficientemente investigadas y documentadas. De ahí que la Asociación de Historiadores de Cataluña centre muchas de sus conferencias en acabar con las tradicionales falsedades del nacionalismo golpista y desintegrador. Es un hecho que los historiadores nacionalistas han robado hasta el color amarillo. Sabido es que «no hay campo sin grillo, ni pelele sin lazo amarillo».

A las vulgaridades y atrocidades que venimos citando habría que añadir cientos de ellas más: adoctrinamiento basado en el complejo de inferioridad que tiene Cataluña frente a otras autonomías; chistosas «embajadas» inservibles, además de pagadas y mantenidas con fondos públicos (prevaricación); atropelladas políticas lingüísticas; represalias en la rotulación comercial; amenazas y castigos a los niños que hablan castellano en el recreo o piden ir al baño en ese mismo idioma; represalias contra las familias que denuncian el avasallamiento político de lo que para ellos es el «Govern»; permanente vulneración de los derechos de los ciudadanos castellanoparlantes; represalias y humillaciones a los hijos de policías y guardias civiles; odio y violación diaria de los símbolos españoles; amenazas al rey en todos los foros pro y pancatalanistas, nacionalistas, golpistas y antisistema.

No faltan embusteros afines al Gobierno catalán, tanto en Tabarnia como en Tractoria. Sin duda,  a quienes ha tocado la lotería de Cataluña ha sido a Pere Aragonés (conocido en Barcelona como «El republicano, Pepe Agarrones») y a su ejército de incendiarios. A esta gente acomplejada, pero aprovechada, les falta tiempo para dar a entender que el catalán lo hablan diez millones de personas. Sabido es que gran parte de catalanes lo chapurrean, pero lo que es hablarlo correctamente se ha convenido en que lo hacen tres y el del bombo. Saliendo de Cataluña no lo habla ni el tato bandolero, de ahí que haya trabajadores que se nieguen a hablarlo en el trabajo y en el futuro; en casi todas empresas se opta por el castellano más empresarial y comercial, además de práctico y extendido. Y tampoco les sirve para hablarlo fuera de España.

No por repetir una mentira cientos de veces se convierte en verdad absoluta. Hasta cientos de empresas optan por deslocalizarse de Cataluña ante la impregnación de la política en todos los ámbitos, así como la falta de garantías jurídicas para permanecer en esa comunidad. Hoy no entramos en la inseguridad ciudadana, ni en la aplicación sectaria de las leyes del Estado o la desobediencia permanente que va requiriendo la aplicación de un 155 con todas consecuencias, además de la devolución de los más de 68.000M de euros que debe al Estado (cientos de millones fueron desviados de otras CC.AA., algo así como el dinero que los parados andaluces nunca recibieron) y que suponen 14.000M más que cuando Pedro Sánchez llegó a Moncloa. A ello hay que añadir que Cataluña pedirá 12.662M más del FLA en 2022.

La cara dura de los dirigentes catalanes ha llegado hasta el punto de que el presidente de la Generalidad, Pere Aragonés, no dudó en denunciar en Ginebra, aprovechando el 15º Foro de las Minorías de Naciones Unidas, lo que entiende que es una vulneración de los derechos de los catalanohablantes. Ha vuelto a utilizar el cuello de botella para lo que le conviene y ha olvidado premeditadamente la reiterada vulneración de la Constitución española, sus insensatos incumplimientos de las sentencias del TSJC, además de la relegación del castellano a tres horas en el sistema educativo (el Gobierno central ha entrado por el aro y lo ha consentido), unido al reseñado adoctrinamiento, represión a todo lo español, vulneración de derechos fundamentales y un largo etcétera.

Tal vez lo peor de todo es la inacción del actual Gobierno central, que se limita a la cesión de peticiones escandalosas a Cataluña en detrimento de otros territorios, a fomentar el desequilibrio entre comunidades autónomas y, en general, a la desidia y cesión permanente que le viene caracterizando. Ceder no es pacificar Cataluña, sino poner «en pie de guerra» a los demás territorios

Cataluña no es víctima de España, pero sí de la estupidez de sus dirigentes territoriales. Acabamos el artículo como lo empezamos. Ahora entenderán por qué los monos controlan el circo.

 

 

 

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Economía

Ataques en la sombra: la parálisis de infraestructuras clave pone a prueba la resiliencia tecnológica nacional

Redacción

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La digitalización de servicios esenciales ha abierto un nuevo frente de batalla, silencioso y letal, donde actores estatales y grupos híbridos socavan la soberanía sin disparar un solo tiro. La respuesta de Occidente determinará su supervivencia en el siglo XXI.

La guerra ya no estalla solo en los campos de batalla. Hoy, sus detonaciones resuenan en el silencio de los servidores, en la parálisis de un hospital o en el apagón de una ciudad. Las infraestructuras críticas, ese entramado invisible que sostiene nuestra civilización —la energía, el agua, el transporte, la sanidad— se han convertido en el nuevo campo de honor de una confrontación que no distingue entre tiempos de paz y de conflicto. Lo que antaño pertenecía al ámbito de la ficción distópica es hoy una posibilidad tangible, una espada de Damocles que pende sobre nuestras sociedades hiperconectadas, exponiendo una vulnerabilidad que hemos ignorado durante demasiado tiempo1.

La dependencia tecnológica ha sido el gran motor del progreso, pero también el talón de Aquiles de la seguridad nacional. A diario, realizamos acciones que damos por sentadas: encendemos una luz, buscamos una ruta en un mapa, pagamos con una tarjeta o acudimos a un hospital. Todas ellas dependen de un complejo ecosistema digital que, a diferencia de las fortificaciones de antaño, no tiene murallas visibles ni guarniciones permanentes. Esta interconexión, que nos ha traído una eficiencia sin precedentes, nos ha vuelto exponencialmente más frágiles. Un solo punto de falla, una sola vulnerabilidad explotada, puede desencadenar una reacción en cadena que colapse redes de distribución eléctrica, paralice servicios hospitalarios esenciales o interrumpa cadenas de suministro vitales, erosionando hasta los cimientos la confianza pública en las instituciones2.

La mecánica del sabotaje digital: de la vulnerabilidad al colapso

La imagen del hacker solitario en un sórdido cuarto pertenece a una era pasada. El adversario actual es otro. Se trata de los Grupos Persistentes Avanzados (APT), orquestadas por servicios de inteligencia de estados hostiles o por grupos híbridos que operan con su beneplácito3. Su objetivo ya no es el robo de datos, sino la interrupción de servicios esenciales, la manipulación de sistemas de control industrial o la desestabilización institucional. Es un acto de sabotaje puro, diseñado para causar el máximo caos y minar la voluntad de una nación desde dentro.

Los datos en España son escalofriantes y constituyen la mejor prueba de esta realidad. En 2024, los ciberincidentes que afectan a infraestructuras críticas se duplicaron, pasando de 81 a 160 sucesos contra servicios esenciales5. Una cifra que corrobora el aumento del 43% detectado por firmas de ciberseguridad como Cipher en sus operaciones con operadores esenciales9. El sector energético ha sido uno de los más castigados, concentrando el 9% de los incidentes, con un claro repunte de los ataques de tipo ransomware2. Las administraciones públicas tampoco se han salvado, sufriendo un incremento del 190% en los ataques durante los primeros meses de 20244.

«El paradigma de la ciberseguridad ha cambiado: ya no se trata solo de proteger la información, sino de garantizar la continuidad de la civilización. Un ataque a la red eléctrica de una ciudad hoy puede ser más devastador que un bombardeo convencional hace ochenta años.»

Estos ataques no son espontáneos. Comparten patrones comunes: la explotación de vulnerabilidades conocidas pero sin parchear, el uso de credenciales comprometidas obtenidas mediante phishing y una motivación que mezcla lo económico con lo ideológico y, sobre todo, lo geopolítico. La situación internacional influye de forma directa en el incremento de estos incidentes, como consecuencia de las tensiones entre potencias2. De hecho, el informe del Ministerio del Interior cita al grupo prorruso Noname057, responsable de más de 500 oleadas de ciberataques contra España desde 2022 en venganza por el apoyo a Ucrania5. Ucrania, desde 2014, ha sido el campo de pruebas más trágico de esta nueva forma de agresión, con su red eléctrica, sus medios de comunicación y su administración siendo blancos recurrentes de grupos vinculados al Kremlin3.

La guerra híbrida: cuando el frente está en todas partes y en ninguna

Lo que estamos presenciando es la materialización de la llamada «guerra híbrida». Un concepto que ha ganado peso específico desde la anexión de Crimea y que se refiere a un modo de enfrentamiento que combina métodos convencionales —diplomáticos, económicos— con tácticas no convencionales como los ciberataques, la desinformación o el sabotaje digital. Lo híbrido aquí no es un adorno conceptual; es la señal de una nueva forma de conflicto donde el frente está en todas partes y en ninguna, y donde los umbrales formales del conflicto armado nunca se cruzan, permitiendo a los agresores operar con una impunidad casi total3.

En este escenario, el sector privado, que gestiona gran parte de estas infraestructuras, se encuentra en una posición imposible. Aunque la inversión empresarial en prevención y capacidades defensivas es esencial, el sector privado por sí solo es incapaz de disuadir, prevenir o protegerse a sí mismo de los efectos destructivos de los ciberataques patrocinados por estados. La velocidad de innovación tecnológica supera con creces la capacidad de adaptación institucional, y la falta de profesionales especializados en ciberseguridad se ha convertido en un problema global que nos afecta a todos por igual. La expansión de estos ataques refleja, en última instancia, hasta qué punto nuestras sociedades modernas dependen de sistemas digitales interconectados y lo mal preparados que estamos para defenderlos4.

Los sectores más afectados son aquellos cuya interrupción causa un daño social y económico más inmediato. El 80% de los incidentes graves registrados en 2024 se han concentrado en cuatro sectores esenciales: energía, transporte, tecnologías de la información y finanzas7. A nivel corporativo, el 62% de los ciberataques en España se concentra en sectores críticos como el tecnológico, financiero y público, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras de información y redes en general4. Un ataque a un eslabón de la cadena logística puede generar efectos en cascada, afectando la producción, interrumpiendo el transporte, provocando roturas de stock y causando disrupciones financieras masivas10.

Los pilares de la resiliencia: más allá de la tecnología

Frente a esta amenaza existencial, la inacción no es una opción viable. La respuesta debe ser tan multifacética como el propio ataque, y debe apoyarse en varios pilares estratégicos. El primero es, evidentemente, tecnológico. Las empresas están empezando a adoptar arquitecturas «Zero Trust» («Nunca confiar, siempre verificar»), segmentación de redes OT/IT y monitoreo continuo mediante tecnologías avanzadas como la XDR (detección y respuesta extendida) y la inteligencia de amenazas. La inteligencia artificial, por su parte, se está incorporando tanto en herramientas defensivas como ofensivas, aumentando la complejidad del escenario y exigiendo una constante innovación6.

Pero la tecnología por sí sola es insuficiente. El segundo pilar es la organización. Los simulacros de respuesta ante incidentes, como el realizado en 2022 con la participación de más de 800 expertos de 29 países, han demostrado que, aunque los equipos técnicos actúan con solvencia, se evidencia una lentitud preocupante en la toma de decisiones políticas y una falta de protocolos compartidos en las fases críticas. La brecha no siempre es tecnológica; muchas veces es puramente organizativa y burocrática. Es imperativo desarrollar marcos regulatorios unificados que aborden las particularidades de los entornos híbridos de TI y OT, y establecer directrices claras para su protección8.

El tercer pilar, y quizás el más descuidado, es el humano. Es axiomático que la seguridad solo puede ser tan fuerte como el eslabón más débil de la cadena, y ese eslabón suele ser una persona. La inversión en educación y concienciación en ciberseguridad para todos los niveles de la sociedad, desde el operador de una central hasta el ciudadano común, es crucial para construir una cultura de seguridad verdaderamente resiliente. La protección del dato, la integridad de las comunicaciones y, sobre todo, el control soberano de las tecnologías que sustentan estos servicios esenciales se han convertido en requisitos estratégicos no negociables.

Conclusión: la soberanía en la era digital

La ciberseguridad ha dejado de ser una cuestión técnica para convertirse en el pilar fundamental de la seguridad nacional y la soberanía del siglo XXI. La capacidad de un Estado para proteger sus infraestructuras críticas determinará su capacidad para sobrevivir y prosperar en un mundo cada vez más hostil y competitivo. La digitalización avanza a paso ligero, y con ella, la complejidad de los conflictos híbridos. Proteger nuestros sistemas esenciales no es una opción, es una prioridad estratégica existencial10.

La solución pasa por una colaboración internacional sin fisuras, por una innovación tecnológica constante y por un compromiso inquebrantable con la seguridad que emane de las más altas instancias gubernamentales. Se necesita un tratado cibernético global que establezca las reglas del juego y proteja las infraestructuras críticas, igual que los convenios de Ginebra protegen a los civiles en los conflictos armados. Mientras tanto, cada país debe fortalecer sus propias defensas, invirtiendo no solo en firewalls y antivirus, sino en personas, en protocolos y en la resiliencia de su tejido social y productivo. La guerra silenciosa ya está aquí. La única pregunta es si estaremos a la altura del desafío cuando las luces, por un instante, dejen de brillar.

Fuentes Consultadas

Fuente País Enfoque Principal
CCN-CERT | Centro Criptológico Nacional 🇪🇸 España Informes y análisis sobre el estado de la ciberseguridad nacional.
Bitlife Media 🇪🇸 España Análisis del aumento del 43% de ataques a infraestructuras críticas en 2024.
Ministerio del Interior 🇪🇸 España Informe sobre la cibercriminalidad en España 2024, con tipología y sector de los incidentes.
PTE Disruptive 🇪🇸 España Informe de situación 2024, destaca el 190% de aumento de ataques al sector público.
EL PAÍS 🇪🇸 España Noticia sobre la duplicación de ciberincidentes (160 en 2024) y la acción del grupo Noname057.
PTE Disruptive 🇪🇸 España Informe de situación 2025, menciona los más de 97.000 incidentes gestionados por INCIBE.
Hoya Aragón 🇪🇸 España Reportaje sobre el aumento de ataques y la concentración del 80% en cuatro sectores clave.
CCN-CERT | Informe de Ciberamenazas 🇪🇸 España Informe de Ciberamenazas y Tendencias 2024, análisis estratégico de la interconectividad.
CyberSecurity News 🇪🇸 España Artículo sobre el informe de Cipher, confirmando el 43% de aumento y el foco en el sector energético.
Computing 🇪🇸 España Análisis sobre la vulnerabilidad de las infraestructuras y el aumento del 15% de incidentes en 2024.

Alerta Nacional | Seguridad Nacional

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