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Cómo funciona el fact checking real en España: guía 2026
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El fact-checking es el proceso sistemático y transparente mediante el cual periodistas especializados verifican la veracidad de afirmaciones públicas, declaraciones políticas y contenidos virales antes de que la desinformación se consolide en la opinión pública. En España, este proceso opera bajo estándares metodológicos definidos por la IFCN (International Fact-Checking Network) y por la red europea EFCSN, lo que garantiza un nivel de rigor comparable al de los principales sistemas de verificación internacionales. Su funcionamiento real no se reduce a buscar en Google: implica triangulación de fuentes oficiales, aplicación de escalas de veracidad estructuradas y publicación transparente con posibilidad de actualización ante nuevas evidencias.
Los principios que articulan este trabajo son concretos y verificables:
- Monitoreo activo de redes sociales, canales de WhatsApp y medios convencionales para detectar contenidos con potencial dañino o alta viralidad.
- Triangulación de fuentes que combina fuentes oficiales, expertas, bases de datos públicas y hemerotecas propias.
- Escalas de veracidad que clasifican cada verificación en categorías como «falso», «engañoso», «falta contexto» o «verdadero».
- Actualización continua de verificaciones cuando aparecen nuevas evidencias que modifican el veredicto inicial.
- Transparencia metodológica total: cada verificación se publica con firma, fecha, fuentes citadas y criterio de selección.
El impacto medible de este proceso es real. Estudios publicados en PubMed indican que el fact-checking reduce en promedio de forma significativa la creencia en información falsa y la intención de compartirla. La alfabetización digital actúa como multiplicador de ese efecto, pero sin la verificación profesional como base, la educación mediática carece de referentes concretos.
¿Cómo funciona realmente el proceso de verificación en España?
El proceso de fact-checking en España sigue una secuencia metodológica estandarizada que distingue este trabajo del periodismo convencional. Cada etapa tiene criterios definidos y no admite atajos.
- Selección del contenido: los verificadores priorizan afirmaciones con alto impacto social, amplia difusión o potencial de daño real. No todo lo falso se verifica; se verifica lo que puede causar perjuicio concreto.
- Investigación y triangulación: se consultan fuentes oficiales, expertos en la materia, bases de datos públicas y archivos de medios. Los verificadores triangulan evidencias de al menos tres fuentes independientes antes de emitir un veredicto.
- Evaluación mediante escala de veracidad: organizaciones como Newtral aplican categorías diferenciadas según el tipo de contenido. Las declaraciones políticas reciben etiquetas de «verdad», «verdad a medias», «engañoso» o «falso»; los bulos en redes solo pueden ser «engañosos» o «falsos».
- Publicación estructurada: la pieza comienza siempre con el veredicto en el titular, lo que responde a la técnica del «sándwich de la verdad»: el contenido falso queda encuadrado entre dos marcos de verdad para evitar que la repetición del bulo refuerce su familiaridad en la memoria del lector.
- Actualización ante nuevas evidencias: si los hechos cambian, la verificación se corrige con fecha, motivo y fuente de la rectificación claramente indicados.
La transparencia metodológica no es un valor declarativo. La IFCN exige a sus miembros publicar sus criterios de selección, sus fuentes y sus procedimientos de corrección como condición para mantener la certificación.
¿Qué herramientas tecnológicas usan las redacciones de verificación?
Las redacciones españolas de fact-checking combinan técnicas periodísticas clásicas con herramientas digitales específicas. El trabajo en redacciones como RTVE y la agencia EFE ilustra cómo la tecnología ha transformado los tiempos y la capacidad de detección.
- Herramientas OSINT (fuentes abiertas) para rastrear el origen de imágenes, vídeos y afirmaciones en plataformas públicas.
- Inteligencia artificial aplicada a la detección preliminar de contenidos generados o manipulados digitalmente, así como a la transcripción automática de declaraciones en audio y vídeo.
- Escucha social activa en redes y canales de mensajería como WhatsApp, donde los bulos circulan antes de llegar a los medios convencionales.
- Software de análisis de imágenes y vídeos para identificar manipulaciones visuales, deepfakes y montajes.
- Plataformas colaborativas como Community Notes, cuya utilidad percibida aumenta cuando las notas declaran fuentes verificadas, según datos recientes sobre comportamiento de usuarios en redes sociales.
Consejo profesional: Si quieres verificar una imagen por tu cuenta, herramientas como Google Imágenes o TinEye permiten rastrear el origen visual en segundos. Son el primer paso antes de compartir cualquier contenido sospechoso.
Retos reales y logros medibles del fact-checking en España
El fact-checking funciona, pero no de forma ilimitada. Expertos del MIT y la EFCSN señalan que su eficacia se reduce en contextos de alta polarización política o cuando el contenido apela a la indignación emocional antes que a los hechos.
Dato clave: Según estudios actualizados en 2026, el 59 % de los usuarios españoles decide no compartir un contenido tras recibir etiquetas de verificación.
Los principales retos son estructurales:
- La desinformación diseñada para generar indignación supera con frecuencia el alcance de las verificaciones.
- El modelo actual necesita combinarse con educación mediática y marcos regulatorios para producir un efecto duradero.
- La institucionalización acelerada desde 2016 ha generado «puntos ciegos» metodológicos que los propios verificadores reconocen.
Entre los logros, la reducción del 27,6 % en la creencia de información falsa y del 24,7 % en la intención de compartirla representan resultados sólidos para cualquier intervención comunicativa. Además, la presencia de verificadores en televisión, radio y plataformas digitales ha normalizado la cultura de la comprobación entre audiencias que antes no cuestionaban las fuentes.
Organizaciones que lideran la verificación de hechos en España
Las principales organizaciones de fact-checking en España son Maldita.es, Newtral, EFE Verifica, Verificat y Fets o Fakes, todas certificadas o alineadas con el código de principios de la IFCN.
- Maldita.es publica su metodología completa y opera con un modelo de membresía ciudadana que refuerza su independencia editorial.
- Newtral combina verificación política con análisis de datos y tiene presencia en televisión a través de La Sexta.
- EFE Verifica aprovecha la red de corresponsales de la agencia EFE para contrastar afirmaciones con fuentes directas en origen.
- Verificat opera principalmente en catalán y castellano, con foco en el contexto político catalán y nacional.
- Fets o Fakes es la sección de verificación de Catalunya Ràdio, lo que le da alcance en radio pública.
Durante campañas electorales, estas organizaciones colaboran en proyectos conjuntos como Reverso, donde coordinan la verificación de declaraciones de candidatos en tiempo real. Esa colaboración entre medios competidores es uno de los rasgos más singulares del ecosistema español de verificación.
El fact-checking en la formación política y periodística

La verificación de hechos ha dejado de ser una herramienta exclusiva de redacciones especializadas para convertirse en un componente de la formación universitaria en periodismo, ciencias políticas y comunicación. El Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF) ha incorporado la alfabetización mediática y digital como competencia transversal en los programas de formación docente, lo que sitúa el fact-checking en el centro de la educación cívica.

En el ámbito político, la verificación actúa como freno a la propaganda y la manipulación del discurso público. Cuando un político sabe que sus afirmaciones serán contrastadas con datos oficiales y publicadas con veredicto, el incentivo para exagerar o falsear disminuye. No desaparece, pero el coste reputacional de ser desmentido con evidencias documentadas es real y medible en cobertura mediática posterior.

La iniciativa Stop Desinformación, impulsada desde organismos gubernamentales y en coordinación con plataformas tecnológicas, representa otro vector de formación ciudadana, orientado a detectar campañas coordinadas de desinformación que superan la capacidad de respuesta de una sola redacción. Su enfoque complementa el trabajo de los verificadores independientes al operar con recursos institucionales y acceso a datos de plataformas.
Consejo profesional: Para identificar el sesgo mediático en una noticia antes de compartirla, contrasta siempre la fuente original con al menos dos medios de línea editorial diferente.
¿Qué dice la ciencia sobre la eficacia real del fact-checking?
La evidencia científica sobre el impacto del fact-checking es más matizada de lo que sugieren sus defensores más entusiastas. Los datos son positivos, pero condicionados.
Dato clave: La reducción del 27,6 % en la creencia en información falsa y del 24,7 % en la intención de compartirla se produce cuando la verificación llega al usuario antes de que el contenido falso se consolide como creencia.
- El lenguaje y el formato del mensaje verificado determinan su efectividad. Una verificación técnica y árida tiene menos impacto que una presentada con claridad narrativa.
- En contextos de alta polarización, los usuarios tienden a rechazar verificaciones que contradicen sus creencias previas, un fenómeno documentado en estudios de psicología cognitiva.
- Las alertas previas en redes sociales, combinadas con verificaciones posteriores, amplifican el efecto de reducción de la desinformación de forma significativa.
- El Dr. David Rand del MIT sostiene que el fact-checking es solo un componente de un sistema más amplio que debe incluir educación mediática y regulación para enfrentar la desinformación de forma estructural.
El modelo actual necesita evolucionar. La verificación que funciona como protocolo rígido sin adaptación a narrativas nuevas pierde eficacia ante la velocidad y sofisticación de los contenidos desinformativos actuales.
Casos reales de fact-checking en España
Los ejemplos más reveladores del fact-checking español no son los más espectaculares, sino los más recurrentes. Maldita.es ha verificado en múltiples ocasiones afirmaciones sobre cifras de inmigración, datos de criminalidad y estadísticas económicas citadas en debates parlamentarios, encontrando en muchos casos que los datos eran reales pero presentados sin contexto, lo que los convertía en engañosos aunque técnicamente correctos.
Durante las elecciones generales de 2023, el proyecto Reverso reunió a Maldita.es, Newtral, EFE Verifica, Verificat y otros medios para verificar en tiempo real las afirmaciones de los candidatos en los debates televisados. El resultado fue una base de datos pública de verificaciones accesible durante la campaña, que los ciudadanos podían consultar mientras seguían los debates. Ese modelo de verificación electoral coordinada es uno de los más avanzados de Europa.
Otro caso representativo es la verificación de bulos sobre la DANA de Valencia en 2024, donde circularon vídeos de inundaciones de otros países presentados como imágenes del desastre español. Las redacciones de verificación identificaron el origen real de esos vídeos mediante herramientas OSINT en cuestión de horas, antes de que los contenidos falsos alcanzaran su pico de difusión. Para entender mejor cómo se manipula la opinión pública en situaciones de crisis, el análisis de estos casos resulta especialmente instructivo.
Transparencia y ética en el proceso de verificación
La transparencia no es un complemento del fact-checking: es su condición de existencia. Sin ella, la verificación se convierte en otra forma de opinión con autoridad prestada. Los estándares editoriales que rigen las principales redacciones de verificación establecen obligaciones concretas que van más allá de las buenas intenciones.
Cada verificación publicada debe incluir la firma del periodista responsable, la fecha de publicación, las fuentes consultadas con sus enlaces, el criterio por el que se seleccionó ese contenido y el procedimiento de corrección en caso de error. La separación entre hechos verificables y opiniones es absoluta: los verificadores solo trabajan con afirmaciones fácticas contrastables, nunca con juicios de valor o predicciones.
El código de la IFCN añade la exigencia de independencia financiera y editorial: un verificador no puede recibir financiación de partidos políticos ni de entidades con interés directo en los temas que verifica. Esa independencia es la que permite a organizaciones como Maldita.es desmentir afirmaciones de gobiernos de cualquier signo sin que su credibilidad quede comprometida. La desconfianza creciente en la prensa española hace que esta independencia sea más necesaria que nunca.
La inteligencia artificial transforma el fact-checking
La inteligencia artificial ya opera como herramienta de apoyo en las redacciones de verificación españolas, aunque no como sustituto del juicio periodístico. Su función principal es la detección preliminar: los sistemas de IA analizan grandes volúmenes de contenido en redes sociales para identificar patrones de desinformación y priorizar qué afirmaciones merecen investigación humana inmediata.
En la práctica, esto significa que un verificador de EFE o RTVE puede recibir una alerta automática sobre un vídeo que está ganando viralidad antes de que su equipo lo detecte manualmente. La IA también se aplica a la transcripción automática de declaraciones en audio y vídeo, reduciendo el tiempo necesario para documentar afirmaciones de figuras públicas. Para validar información en fuentes alternativas, estas herramientas tecnológicas ofrecen un punto de partida sólido que el criterio humano debe completar.
El riesgo real de la IA en este contexto es el inverso: los mismos modelos que ayudan a detectar desinformación pueden generarla a escala. Los deepfakes de audio y vídeo, los artículos sintéticos y las campañas de desinformación coordinadas por sistemas automatizados representan el desafío más serio para el modelo actual de verificación. La respuesta del sector pasa por integrar la detección de contenido generado por IA como una fase más del proceso de verificación, no como una tarea separada.
Si el discurso político en España te genera dudas sobre qué es real y qué es propaganda, Alerta Nacional analiza los tipos de propaganda política que operan en los medios españoles con el rigor y la franqueza que los medios convencionales evitan.

Puntos clave
El fact-checking reduce en promedio un 27,6 % la creencia en información falsa y un 24,7 % la intención de compartirla cuando la verificación llega al usuario antes de que el bulo se consolide como creencia establecida.
| Punto | Detalles |
|---|---|
| Proceso estandarizado | La verificación sigue cuatro etapas: selección, investigación, evaluación con escala de veracidad y publicación transparente. |
| Impacto medible | El fact-checking reduce un 27,6 % la creencia en falsedades y un 24,7 % la intención de compartirlas. |
| Organizaciones en España | Maldita.es, Newtral, EFE Verifica, Verificat y Fets o Fakes lideran la verificación bajo el código IFCN. |
| Límites reales | La polarización y el diseño emocional del mensaje reducen la eficacia; debe combinarse con educación mediática. |
| IA como apoyo | La inteligencia artificial detecta patrones de desinformación y prioriza intervenciones, pero no reemplaza el juicio periodístico. |
Recomendación
España
La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial
Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].
No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].
El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998
La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.
Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].
Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.
El expediente oculto y la pornografía renaciente
La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.
Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.
Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.
El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia
Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].
La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].
Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].
La destrucción de la autoridad doctrinal
La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.
La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.
Conclusión: La cabeza detrás del desastre
Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.
La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.
Fuentes Consultadas
| Fuente | País | Enfoque Principal |
|---|---|---|
| Noticias Obreras | – | Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María. |
| Infovaticana | – | Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF. |
| Wanderer | – | Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo». |
| Infovaticana | – | Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones». |
| La Razón | 🇪🇸 España | Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF. |
| Wanderer | – | Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos». |
| Caminante Wanderer | – | Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima». |
| Noticias Argentinas | – | Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales. |
Alerta Nacional | Opinión y Análisis
