Internacional
El régimen asesino y comunista chino en Shanghái demuestra (una vez más) que los comunistas no respetan la vida
Como hemos visto una y otra vez a lo largo de la historia, cuando los derechos individuales se socavan, inevitablemente el grupo también se perjudica.
En los últimos días, el mundo ha visto con horror cómo los residentes de Shanghái son encerrados en sus casas por su gobierno. ¿Por qué? Las autoridades chinas persiguen un objetivo insensato e imposible: cero casos de COVID, a pesar de que el virus tiene una tasa de mortalidad inferior al 1% y de que existe una vacuna disponible.
Para imponer sus nuevos cierres, el régimen comunista ha recurrido a tácticas brutales. Los 25 millones de habitantes de la ciudad han sido encerrados en sus casas, mientras sus suministros de alimentos disminuyen y las medicinas se agotan. Se supone que su gobierno debe entregar estos artículos a los hogares de sus ciudadanos, pero, como es lógico, no lo hace de manera organizada ni oportuna.
Y la cosa no acaba ahí. CNN informa de que la gente no puede recibir atención médica, ni siquiera en caso de emergencia, si no tiene un resultado negativo en la prueba del COVID. Los niños con COVID-19 han sido apartados de sus familias. A los pacientes con enfermedades crónicas o quienes necesitan una intervención quirúrgica se les niega la atención por un tiempo indefinido. Y los vídeos muestran a las autoridades matando a las mascotas de las familias que se escapan a las calles.
Más de 30.000 médicos y 2.000 militares han sido enviados a la ciudad para hacer cumplir estas medidas y aunque no se conoce exactamente el alcance de esta “aplicación”, no tiene buena pinta. El New York Times informa de que los residentes corean: “¡Queremos provisiones! No queremos morirnos de hambre”.
CNN también informó de que “un comentario popular en la plataforma de las redes sociales china Weibo, altamente censurada, decía: “No nos mata el Covid, sino las medidas de control del Covid”.
Por cierto, nada de esto está reduciendo los casos de Covid. La semana pasada se superaron los 20.000, un pico superior al registrado en Wuhan en 2020.
Las medidas draconianas que persigue el Partido Comunista Chino (PCCh) y los trágicos resultados que estamos presenciando son un recordatorio de lo mortal que puede ser esta ideología autoritaria. De hecho, el comunismo ha matado a más personas y ha causado más sufrimiento que cualquier otra ideología en la historia. Y en China, los líderes del PCC están demostrando una vez más que la vida humana (o realmente, cualquier vida) nunca será valorada bajo un sistema comunista.
En sus breves 100 años, el comunismo ha sido responsable de más de 100 millones de muertes y ha arruinado la vida de muchos más. De hecho, el propio Mao Zedong mató a más ciudadanos suyos que Hitler o Stalin, con un recuento estimado de 45 millones de cadáveres. Como dijo Mao: “¡El comunismo no es amor! El comunismo es un martillo que usamos para destruir a nuestros enemigos”.
El comunismo es una ideología opresiva y malvada que se basa en la fuerza brutal y la coerción. Sólo ha conseguido que todos los que están bajo sus garras sean pobres y miserables. Los actuales abusos de los derechos humanos que se producen en China son un importante recordatorio de lo importante que es tener un sistema que reconozca y proteja los derechos individuales.
Ayn Rand (1905-1982), la célebre escritora y filósofa, dijo en una ocasión: “No cometan el error de los ignorantes que piensan que un individualista es un hombre que dice: ‘Haré lo que me plazca a costa de todos los demás’. Un individualista es un hombre que reconoce los derechos individuales inalienables del hombre, los suyos y los de los demás”.
Rand, una niña de la Revolución Rusa, comprendió el valor de los derechos individuales mejor que la mayoría. A los 12 años, ella y su familia huyeron de San Petersburgo tras el levantamiento bolchevique cuando la tienda de su padre fue confiscada por los comunistas tras la Revolución de Octubre.
Todas las vidas tienen valor. El colectivismo nos pide que neguemos ese hecho y pretendamos que el bien del conjunto supera al del individuo. Pero esto es falso. Como hemos visto una y otra vez a lo largo de la historia, cuando se socavan los derechos individuales, el grupo se ve inevitablemente perjudicado también. Todos están menos favorecidos y todos sufren. Por el contrario, cuando se defiende el individualismo y se incentiva a las personas a servir a sus semejantes, como ocurre en el capitalismo, la sociedad en general también florece.
Hannah Cox
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
