Sociedad
Gloria Steinem, premio Princesa de Asturias, o de cómo premiar a una sucia abortista para blanquear el aborto
El jurista romano Papiniano dijo que “es más fácil cometer un parricidio que justificarlo”. En la Roma del siglo II puede ser. Pero en el siglo XXI el crimen puede blanquearse, y tener premio, respetabilidad y elogiosas portadas en la prensa. No, no hablo de terroristas, sino de una líder del feminismo radical.
¿Otorgarían ustedes un prestigioso premio internacional a un defensor y promotor del asesinato?, ¿a alguien que está a favor del exterminio de inocentes? ¿a alguien que apoya y ensalza al crimen organizado? ¿No se extrañarían ustedes de que la prensa y las televisiones destacaran la noticia del premio y presentaran a ese personaje como un icono social, un campeón de la libertad y el progreso?
Pues bien, eso es exactamente lo que acaba de hacer el jurado de los Premios Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al darle el galardón a la activista y escritora norteamericana Gloria Steinem, veterana líder del feminismo radical. Porque lleva 60 años empeñada en promover el exterminio de seres inocentes en el seno materno, haciendo apología de la violencia contra el débil, y -vieja coartada de todo hampón- buscando revestir de respetabilidad legal el asesinato.
Y porque apoya y ensalza al crimen organizado, la multinacional abortera Planned Parenthood, que mata una media de 300.000 bebés anuales, a razón de uno cada 90 segundos, y que se lleva más de 500 millones de dólares de los impuestos del contribuyente norteamericano.
Y esa organización no solo se lucra con el exterminio de inocentes, sino que además trafica con órganos de bebés, y encubre el abuso a menores y a mafias de la prostitución.
Ya sabemos cómo funcionan las organizaciones mafiosas cuando se trata de burlar a la justicia: untar a los poderosos
Pero ya sabemos cómo funcionan las organizaciones mafiosas cuando se trata de burlar a la justicia: untar a los poderosos. Eso es lo que hizo Planned Parenthood con Obama, al que apoyó en las elecciones presidenciales de 2008 y 2012. Y apostó por la pro-abortista Hillary Clinton en las de 2016, sabiendo que si triunfaba su rival, Donald Trump, se quedaba sin el paraguas político.
La propia Steinem estaba en el ajo, porque también apoyó a Hillary Clinton, y cuando Trump estaba a punto de llegar a la Casa Blanca, amenazó con dejar de pagar impuestos si se retiraba la millonaria financiación pública a Planned Parenthood.
Sin embargo, Gloria Steinem está considerada en el mainstream cultural como lo más cool. Y una campeona por los derechos humanos. ¿En qué consiste su hazaña? Fundó en 1971, la revista SM, como suplemento de New York Magazine, y lo convirtió en ariete del feminismo radical. En su primer número, varias mujeres muy conocidas confesaban haber abortado ilegalmente. La propia Steinem lo había hecho a los 22 años en Londres.
Terrible decisión por la que no vamos a juzgarla. Allá ella y sus razones. Lo que no puede pretender es que aplaudamos la legalización del crimen, el blanqueo de la muerte de un inocente.
Darlo a conocer y pedir la justificación de lo injustificable se trataba, para todas ellas, de un paso decisivo en su lucha por derechos reproductivos y la liberación de la mujer, pero para cualquiera en su sano juicio aquello era presumir de haber liquidado a sus criaturas. Todo depende del punto de vista.
Y el punto de vista de Gloria Steinem (y otras feministas como Betty Friedam) consistía en luchar contra el varón, el matrimonio y el patriarcado, como si la familia fuera algo tan injusto como la segregación racial. Pero ellas mezclaban churras con merinas, y se consideraban a sí mismas campeona de los derechos civiles. La prueba era su lema: “Tras el Poder Negro, la liberación de las mujeres”.
Steinem tenía más lemas no menos delirantes. Uno de los más conocidos era “Una mujer sin un hombre es como un pez sin una bicicleta”; similar a este otro: “La manera más segura de estar sola es contraer matrimonio”; y complementario del de Andrea Dworkin “toda cópula es una violación”. Todos ellos demostraban que a aquellas feministas les importaba un bledo la igualdad, lo que ellas buscaban era otra cosa: la revancha contra el varón.
¿Se imaginan ustedes que un hombre hablara así de las mujeres? Lo multarían y lo enviarían a galeras cargado de grilletes. ¿Se imaginan ustedes que un hombre presumiera de haberse cargado a su propio hijo? Lo enviarían a Siberia.
Hasta la culpa del cambio climático es culpa de la maternidad
Pero Steinem y las feministas radicales tienen patente de corso para demonizar a la otra mitad de la especie humana o para justificar el exterminio de inocentes. O para decir cosas tan científicas y rigurosas como ésta: “Si no hubiéramos estado obligando sistemáticamente a las mujeres a tener hijos que no quieren o no pueden cuidar durante los 500 años del patriarcado, no tendríamos los problemas climáticos que tenemos. Esa es la causa fundamental del cambio climático.”
Y van y las premian. Y nadie dice nada, y a todo el mundo le parece bien. Y todos aplauden a este icono social, a esta mujer diez. Y le siguen el juego cuando al aceptar el Premio Princesa de Asturias dice: «Agradezco este reconocimiento por enaltecer el trabajo científico, cultural, social y humanitario que hace de nuestro mundo un lugar mejor”. Mejor no lo sabemos, pero desde luego con menos gente: más de mil millones de vidas menos, desde que se aprobaron las primeras leyes despenalizadoras del aborto en Reino Unido y EE.UU. Una cifra muy superior a los 200 millones de muertos causados por los regímenes totalitarios y las dos guerras mundiales de la centuria pasada. En eso ha quedado la batalla por la liberación de la mujer, preconizada por las feministas radicales, la cruzada por los derechos reproductivos a la que se embarcó Gloria Steinem, y por la que se siente tan orgullosa.
España
La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial
Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].
No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].
El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998
La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.
Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].
Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.
El expediente oculto y la pornografía renaciente
La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.
Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.
Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.
El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia
Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].
La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].
Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].
La destrucción de la autoridad doctrinal
La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.
La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.
Conclusión: La cabeza detrás del desastre
Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.
La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.
Fuentes Consultadas
| Fuente | País | Enfoque Principal |
|---|---|---|
| Noticias Obreras | – | Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María. |
| Infovaticana | – | Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF. |
| Wanderer | – | Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo». |
| Infovaticana | – | Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones». |
| La Razón | 🇪🇸 España | Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF. |
| Wanderer | – | Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos». |
| Caminante Wanderer | – | Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima». |
| Noticias Argentinas | – | Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales. |
Alerta Nacional | Opinión y Análisis
