Internacional
Golpe de Estado contra Marine Le Pen. Ya es oficial: La UE es una dictadura
por A. Terrenzio
El politólogo y sociólogo Emmanuel Todd, en su influyente libro “La derrota de Occidente”, sostiene eficazmente que Occidente está gobernado por “oligarquías financieras nihilistas”, mientras que en el caso de Rusia habló de una “democracia autoritaria”. La orden de detención de Marine Le Pen, acusada de apropiación ilícita de fondos europeos, los suyos y los de otros ocho eurodiputados así como de doce asistentes parlamentarios, inaugura una nueva etapa: la de la dictadura liberal. Utilizamos esta definición aparentemente oxímoron para poner de relieve una realidad que desde hace unos veinte años es objeto de estudio en manuales que hablan abiertamente de “posdemocracia” o de “crisis del liberalismo”. El supuesto básico es bastante simple y describe a las democracias liberales como democracias meramente nominales, donde los intereses de una minoría prevalecen sobre los de la mayoría. Lo cual es lo opuesto de lo que debería ser la democracia tal como la hemos entendido en Europa durante al menos doscientos años: la afirmación del principio mayoritario.
Las oligarquías europeas, en el sentido que les da Todd, son corruptas y están desacreditadas a los ojos de la opinión pública, con escándalos que involucran a las más altas personalidades de las instituciones comunitarias, basta mencionar sobre todo a la presidenta de la Comisión Europea, Von Der Leyen, reelegida por el Parlamento Europeo a pesar del escándalo de varios miles de millones de euros en vacunas.
La prohibición de ejercer cargos públicos durante cuatro años con efecto inmediato pone de relieve los dobles estándares y la naturaleza engañosa de juzgar la gravedad de ciertos delitos, según el dicho popular de que la ley se interpreta para los amigos y se aplica para los enemigos. De hecho, diríamos que las peores atrocidades en las democracias liberales se aplican por ley.
El tratamiento judicial reservado al líder del Rassemblement National no fue del todo inesperado, dado lo sucedido con el candidato presidencial rumano, Calin Georgescu, por presunta y nunca probada financiación rusa en Tik Tok, además de otras irregularidades detectadas por el Tribunal Constitucional rumano.
Se imaginaba uno que el golpe anterior en Rumania se repetiría luego en países más importantes de la Unión Europea, como ocurrió en Francia.
El estado de las oligarquías políticas europeas se sustenta en un poder interno muy frágil. En Francia, Emmanuel Macron encabeza un gobierno minoritario,
Y en las elecciones presidenciales de 2027, Marine Le Pen fue finalmente considerada como la gran favorita. En este contexto, las élites gobernantes tienen, como ya hemos escrito en otro artículo, la necesidad de ventilar las tensiones que existen al interior de sus países. La guerra con Rusia, apoyada por Francia y Gran Bretaña, tiene como objetivo inmediato el de prolongar el conflicto en Ucrania lo máximo posible, agotar a Rusia y llevarla no tanto a un enfrentamiento directo que aniquilaría a Europa en pocos minutos, sino desestabilizar a Rusia provocando un caos interno tal que provoque no sólo la caída del régimen de Putin, sino una división en varias repúblicas y lo reduzca, prácticamente, al Estado de Moscovia. Para lograr este objetivo loco, que sin embargo representa el sueño húmedo de las potencias anglosionistas con sede en Londres, de apoderarse de los inmensos depósitos de hidrocarburos y materias primas, los grupos de poder eurodemócratas están dispuestos a ilegalizar o incluso a atentar contra la vida de cualquiera que obstaculice este plan.
La subversión de las élites
Las élites neoliberales actuales han experimentado en los últimos años con políticas de emergencia de naturaleza cada vez más subversiva. Si durante el periodo de la Covid los no vacunados fueron tachados de enemigos públicos, las medidas legislativas que limitan las libertades fundamentales han abierto una herida psicológica más que jurídica. Estas oligarquías autoproclamadas son literalmente rehenes de un delirio narcisista, ya estudiado por el sociólogo Christopher Lasch a mediados y fines de la década de 1970. En virtud de este estado de ánimo, no dudan en jugar de manera cada vez más injusta y en hacerlo incluso con la creencia de que lo hacen por el “bien” de las democracias. Incluso la acción política más éticamente abyecta es vista por estas figuras como necesaria para la preservación del sistema de las democracias liberales.
Por eso, la guerra contra Rusia no es sólo el pretexto para otra burbuja especulativa generada por la carrera armamentista, sino un juego en el que las clases posliberales europeas se lo juegan todo. Esta clase incluye también una clase intelectual y social suplementaria, cegada por la idea de que el peligro viene de Oriente, como si todavía estuviéramos en la Guerra Fría. Los más estúpidos de ellos han llegado a la misma conclusión: es necesario ilegalizar los llamados partidos “prorrusos”, sea lo que sea que eso signifique, ya que basta con asumir una actitud crítica hacia los políticos que siguen queriendo un conflicto que está devastando a Ucrania, para ser etiquetados como partidarios o agentes de Moscú. Los periodistas e intelectuales del régimen, mediante la mala fe narcisista y el cortocircuito ideológico, refuerzan el concepto calendiano de erigir un «escudo democrático» contra los partidos que no quieren la guerra contra Rusia.
Marine Le Pen, en su discurso a la prensa francesa, habló del poder judicial como un peligro para el orden democrático. Los martillazos judiciales son el instrumento que las oligarquías de los demócratas globalistas están utilizando de forma cada vez más contundente contra las fuerzas soberanistas que se oponen al “partido de la guerra”. Decapitar a la clase política del primer partido en Francia es de una gravedad inaudita y hay que reaccionar. También por esta razón, el conflicto ucraniano sigue siendo central y cuanto antes lo cierren los rusos, antes verán su fin estas élites abusivas que sólo responden a sus intereses.
Traducción : Carlos X. Blanco.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
