Que el Partido Popular dejó de representar a los votantes de la derecha hace mucho tiempo no es una noticia nueva para nadie. De hecho, si disfrutamos de la actual situación política es gracias a don Cobar… Huy, perdón, que no se llama Cobardiano sino Mariano… Eso, Mariano Rajoy. Repito: si ahora estamos como estamos es gracias a Mariano Rajoy.
Bien, pues su sucesor en el cargo, un tal Pablo Casado, está tan encantado de conocerse que no tolera que nadie haga sombra a su «gestión». En Cataluña batió la marca de derrota del PP. y logró que bajara más, pero llegó Isabel Díaz Ayuso en Madrid y, cómo no, que Ayuso ARRASARA en las elecciones fue cosa de este chico, el tal Pablo Casado, que es quien se dice que dirige el partido.
Si en algún momento hay elecciones en España el PP. tiene la victoria en la mano, pero con VOX. Sin VOX no gana. Pero aquí el tal Pablo sigue por esa excremental senda de insultos y menosprecios al partido que puede ayudarle a sacar a España de las garras del PSOE y sus compañerites de Gobierno.
Pero no, este chico, el pobre Pablo, cree que todo lo bueno del partido es mérito suyo, y con todo lo que sale mal habrá que depurar responsabilidades.
Total, que nos encontramos con que Pablo Casado, el pobre, es la otra cara de Pedro Sánchez, no sabemos si en malo en peor.
Mal aconsejado, sin juicio crítico ni criterio, en cuyo caso no sirve para regir una comunidad de propietarios, o un soberbio, un cínico y al que no le importa para nada el votante, con lo que tampoco vale para gobernar. Ese es, en pocas palabras, el retrato de Pablo, este chaval que aspira a ser el presidente del Gobierno por deméritos ajenos.
Lamentablemente, lo dicho por Machado de que, en España de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa sigue siendo el punto de apoyo para jugarse el futuro de un país en unas elecciones. Y con este chico, un tal Pablo, lo tendremos todo aún más negro.
Fátima Pellico