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Internacional

Irlanda NO ES España, y se levanta a sangre y fuego contra la inmigración asesina. Bravo irlandeses; Que vuestro valor sea ejemplo para el cobarde español

Redacción

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EL CRIMEN HA ALCANZADO NIVELES ANTES IMPENSABLES

Irish Lives Matter: los dublineses se levantan contra la inseguridad provocada por la inmigración ilegal

 

Poco antes de las 20.00, los antidisturbios de la Garda (la policía nacional irlandesa) avanzaban por la calle O’Connell ante la icónica Oficina de Correos donde estalló el Levantamiento de Pascua de 1916, germen de la Independencia. Cerca de allí, un autobús de dos pisos ardía mientras los manifestantes se disponían a quemar también un Luas (un tranvía municipal) tras horas de protestas en el centro de Dublín, hartos de una inseguridad tan creciente como impensable hasta hace años.

La marcha, improvisada, desorganizada, sincera, partía de la calle Parnell, cerca del lugar donde horas antes un inmigrante argelino había apuñalado sin mediar palabra a una mujer y tres niños, entre ellos, una preescolar de cinco años que se encuentra en estado crítico, hasta que un repartidor brasileño le redujo. Allí, un coche de la Garda fue incendiado y varios gardaí (agentes) resultaron heridos en los enfrentamientos con los dublineses que habían salido de su casa y del letargo. En Irlanda nunca se han visto crímenes de esta naturaleza.

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A eso de las 20.30, numerosos agentes de policía comenzaron a avanzar desde O’Connell, Aston Quay y Westmoreland para expulsar de la zona a los manifestantes. En cada cruce de la arteria principal, una fila de gardaí con escudos bloqueaba la entrada al perímetro y gritaba a quien se acercara que regresara sobre sus pasos; detrás, otra línea.

Los manifestantes, llegados de toda la ciudad, se enfrentaban cuerpo a cuerpo con la Policía y lanzaban lo que tenían a mano contra los escudos: papeleras, mesas de las terrazas de los pubs, bicicletas. En Westmoreland, cuando un hombre se negó a retroceder empujado por los antidisturbios, la multitud quemó varios contenedores. Cerca, en Abbey, volaban botellas contra una formación de gardaí, lo que provocó una carga, como la protesta, más improvisada que coordinada.

Bien entrada la noche, todo el ancho de esa calle estaba cubierto por unas llamas que ocultaban los restos de un vehículo. Con el aire denso por el humo, los estallidos se sucedían en la orilla norte del Liffey, mientras los helicópteros sobrevolaban la escena y el transporte público hacía horas que permanecía inutilizado.

Cuando compareció el comisionado de la Garda, Drew Harris, su mensaje siguió palabra por palabra el guion de cualquier policía occidental: describió las protestas como «ataques» liderados por «manifestantes antiinmigración». Actos «vergonzosos» de «una facción completamente lunática y hooligan, impulsada por una ideología de extrema derecha».

Ante la pregunta de si descartaba una causa terrorista de los apuñalamientos fue incapaz de «ofrecer claridad en este momento con respecto a cuál es la motivación. Todas las líneas de investigación, todos los motivos, permanecen abiertos. No voy a especular».

La conferencia del jefe de la policía irlandesa como epítome del rol de las instituciones y los medios europeos ante la inmigración ilegal y sus consecuencias: acusaciones de extremismo de quienes promueven y financian el tráfico ilegal de unas personas que ni pueden ni quieren asimilarse; criminalización de los nacionales que, hartos, reclaman de manera legítima la reversión de algo que les ha sido impuesto, y nula intención de solucionar un problema buscado, creciente, que ya se vuelve contra sus promotores.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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