Sucesos
Isabel Díaz Ayuso PUEDE detener la DESTRUCCIÓN del Valle de los Caídos. ¿Lo hará?
Díaz Ayuso puede y debe evitar el derribo de la Cruz del Valle de los Caídos.
Hay cuestiones que justifican por sí mismas un mandato político. Hay problemas que trascienden con mucho de los avatares cotidianos de una legislatura, y hay responsables políticos que pueden ser decisivos en esos momentos. Isabel Díaz Ayuso está en ese momento en que puede demostrar que no llegó a la política para hacer solo gestión, ni que se arredra ante la presión de la izquierda.
El Valle de los Caídos es -lo ha sido desde el principio del gobierno de Pedro Sánchez- uno de los objetivos a batir por la coalición de gobierno y sus siniestros socios de Bildu o ERC. Primero sacaron en helicóptero el cadáver de Franco y ahora pretenden seguir adelante con lo que llaman la «resignificación» del monumental homenaje a los caídos en la guerra civil, que es además una basílica, un monasterio, un lugar de culto y de oración y un espacio de paz.
Esa «resignificación» tiene varios objetivos, que están perfectamente identificados y persiguen terminar con un espacio de fe. Entre ellos hay tres inmediatos:
1.- Expulsar a la Comunidad Benedictina del Monasterio (y poner todo aquello bajo las sucias manos del rencor partidista)
2.- Derribar la Cruz: una cruz referencial que se ve desde 60 km de distancia y que es la más alta del mundo.
3.- Desmontar la Piedad.
El gobierno quiere derribar uno de los símbolos por excelencia de la fé católica. No se trata solo de la mal llamada Memoria Democrática sino de terminar con el signo de la enorme cruz y toda la carga espiritual, de concepción de la eternidad, de valores y de principios que esa cruz significa.
¿Y que puede hacer Ayuso? Muy sencillo: declarar el Valle de los Caídos Bien de Interés Cultural. Es de su competencia y con esa sencilla declaración le confiere una protección arquitectónica, histórica y cultural al conjunto que impide su derribo o alteración.
Hay momentos es que hay que retratarse ante uno mismo, ante los demás y ante la historia.
Le pedimos a Isabel Díaz Ayuso que declare el Valle de los Caídos B.I.C. y que lo haga de manera inmediata.
Sucesos
El estafador millonario: aparecen grafitis con el rostro de un presunto defraudador ucraniano en los muros de Port Adriano
El exclusivo enclave de Port Adriano, en Mallorca, tradicionalmente asociado al lujo, los megayates, el servicio de alto nivel y la máxima discreción, se ha visto inesperadamente situado en el centro de un escándalo internacional. En las últimas semanas, la preocupación se ha extendido entre los vecinos de la zona tras conocerse que allí se estaría ocultando Borys Konovalenko, un ciudadano ucraniano al que tribunales federales de Estados Unidos han declarado responsable en un caso relacionado con una de las mayores tramas internacionales de fraude financiero de los últimos años.
Para una comunidad como la de Mallorca, acostumbrada a un perfil de residentes muy diferente, la presencia de una persona vinculada a una investigación internacional de fraude ha causado una profunda conmoción. En los últimos días han aparecido en carreteras y muros de contención de Port Adriano varios grafitis en blanco y negro con el rostro de Konovalenko. Según el planteamiento del artículo original, mediante esta forma de protesta artistas urbanos y activistas pretenden alertar a los vecinos de que un fugitivo reclamado por la justicia internacional estaría residiendo muy cerca de sus familias.

En Estados Unidos, Konovalenko ya fue declarado responsable en un procedimiento tramitado al amparo de la ley federal RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act), diseñada para combatir el crimen organizado, las conspiraciones delictivas y las redes de extorsión. Un tribunal federal de Florida ordenó el pago de aproximadamente 225 millones de dólares en concepto de sanciones e indemnizaciones. Asimismo, se le atribuye la creación de RoFx.net, una plataforma descrita en la investigación como un esquema internacional relacionado con criptomonedas y el mercado Forex, que habría causado pérdidas de entre 57 y 75 millones de dólares a inversores de distintos países. La investigación también sostiene que la red financiera Mayon habría funcionado durante años como una estructura destinada al presunto blanqueo de capitales procedentes de operadores ilegales de juego online en Rusia mediante intermediarios financieros europeos. Según el texto original, la presencia de Konovalenko en España supone un riesgo tanto para la reputación como para la seguridad financiera del país.
Formalmente, Konovalenko se encuentra actualmente inmerso en un procedimiento de extradición a Estados Unidos, donde se enfrenta a una posible condena de larga duración. Sin embargo, los procedimientos judiciales en España suelen prolongarse durante meses e incluso años, y, según la investigación, el equipo jurídico contratado por Konovalenko está aprovechando todos los recursos y mecanismos procesales disponibles para retrasar al máximo el desenlace del caso.
Lo que más preocupa a vecinos y colectivos ciudadanos no es únicamente el historial que se le atribuye, sino su actividad actual en Mallorca. Según la información disponible, Konovalenko estaría intentando introducir el dinero presuntamente obtenido mediante fraude en el mercado español del lujo. La investigación sostiene que podría recurrir a ciudadanos españoles como testaferros o administradores nominales para reorganizar la titularidad de sus activos. De confirmarse estos extremos, cualquier persona podría verse involucrada, incluso sin ser plenamente consciente, en una presunta trama internacional de blanqueo de capitales, con las consiguientes responsabilidades penales.
Vecinos de Port Adriano reclaman a la Policía Nacional y a las autoridades judiciales una respuesta inmediata y un estricto control sobre los movimientos de Konovalenko mientras continúan los procedimientos abiertos. La aparición espontánea de grafitis en el paseo marítimo constituye, según los residentes, un claro mensaje dirigido a las autoridades: Mallorca no está dispuesta a aceptar en silencio la presencia de una persona reclamada por la justicia internacional.
