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Josep Anglada, líder de Somos Identitarios: «España es el país de la UE con más desigualdad legal entre hombres y mujeres»

Redacción

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Josep Anglada, en Vic

L. Romero.- Josep Anglada, concejal en Vic y líder de Som Identitaris-Somos Identitarios, ha denunciado hoy las leyes de género y abogado por su derogació. También ha criticado con dureza a las organizaciones feministas radicales, a su juicio responsables de la «disolución moral» y «ruptura» de muchas familias españolas. De entrada, Anglada defiende la premisa de que ocho de cada diez denuncias por maltrato son falsas y arremete contra el protocolo de actuación que establece la detención del denunciado, independientemente de su culpabilidad o no. «Me parece una aberración legal propio de repúblicas bananeras. Imagínese una denuncia contra un ciudadano X por un supuesto atraco a una entidad bancaria y que el denunciado se tuviese que ver obligado a probar su inocencia. Y que en el caso de que la denuncia se demostrase falsa, que al denunciante se le eximiera de cualquier responsabilidad penal. Esto, insisto, sería una aberración desde todo punto de vista. España es el país de la UE con más desigualdad legal entre hombres y mujeres». Y apostilla: «No hay Estado de Derecho cuando una embustera compulsiva puede destrozar la vida de cualquier hombre».

Para reforzar sus puntos de vista respecto a la «estigmatización del hombre», el líder identitario recurrió a un caso relatado por el juez Serrano: «Un ecuatoriano es denunciado por malos tratos y se le detiene inmediatamente. Se le juzga y absuelve porque los hechos no están acreditados. Ese ecuatoriano pidió la nacionalidad, pero se le denegó con el argumento de que había participado en un maltrato… aunque fue absuelto. De igual forma, si un padre pide la custodia compartida, como haya una denuncia admitida de maltrato no se le da, aunque después sea archivada. ¿No puede ser eso maltrato institucional?».

Cuestiona asimismo la norma establecida sobre la base de que toda mujer, por el hecho de ser mujer, esté en una situación de desigualdad, inferioridad, sumisión respecto a su pareja, lo que a su juicio es falso. «¿Cuántos hombres han sido asesinados por sus parejas desde que se aprobó la ley? Muchos y de eso nadie se entera. ¿No es eso violencia de género? Hasta ahora, cuando una mujer era asesinada por su pareja se decía que ‘algo habría hecho ella’. Ahora, cuando un hombre es asesinado por una mujer se dice que ‘seguro que se lo merecía’ o que lo había hecho en legítima defensa».Un hombre subido en una grúa protesta contra las denuncias falsas por violencia de género Señala también que hasta el año 2006 existía una estadística de más de 630 hombres que se habían suidado cuando estaban en una situación de crisis de pareja. «El INE dejó de publicar esa estadística porque venía a desmentir el cúmulo de falacias y mentiras sobre los que se asienta la ideología de género», subraya.

Así mismo, el dirigente identitario se adhiere al informe presentado por «familias en derechos» sobre la introducción del llamado “derecho penal de autor” en la ley de violencia de género, «propio de las dictaduras o regímenes totalitarios, y que trata penalmente de forma distinta a los hombres y a las mujeres, aplicando no sólo penas sino todo tipo de mecanismos procesales y extraprocesales distintos por razón de sexo, criminalizando al hombre de partida por el mero hecho de serlo, con efectos devastadores sobre la infancia».Padres separados contra las falsas denuncias «En base a la Ley de violencia de género, y su desarrollo posterior en distintos protocolos de actuación en distintos ámbitos (policial, servicios sociales, asistencia jurídica a través de los colegios de abogados, etc), se asignan todo tipo de ayudas de carácter asistencial, como son la asistencia jurídica gratuita, tratamientos especiales en cuanto al cese voluntario de la supuesta víctima en su centro de trabajo, ayudas económicas, casas de acogida… en gran parte financiado con los fondos europeos. Para ello, basta con una simple denuncia, sin prueba alguna contra la pareja o ex pareja, y sin haber sido instruida causa alguna en el Juzgado, ni mucho menos haber sido condenado el hombre, ya se otorgan todas estas ayudas. El 80% de las denuncias son archivadas o sobreseídas. Ni los juzgados ni la fiscalía, por instrucciones directas del Gobierno, actúan de oficio por un delito de denuncia falsa, por lo que no se devuelven posteriormente todas las ayudas que se fueron concediendo en base a esa denuncia. Esto hace que el propio sistema se retroalimente de manera progresiva, alentando en un ciclo perverso la interposición de denuncias falsas con fondos europeos: a más denuncias, más dinero. Los fondos europeos por lo tanto, se asignan finalmente sin fundamento ni justificación, dado que en la mayoría de los casos, se otorgan ayudas en base a denuncias injustificadas que se archivan, generando un sistema que se retroalimenta y que viola los principios de seguridad jurídica y cualquier criterio objetivo y fundamentado de asignación de esos fondos», apunta el dirigente identitario.

Alerta igualmente acerca de «las consecuencias sobre decenas de miles de menores, hombres, familia extensa, mujeres, abuelos, que constituyen violaciones sistemáticas de derechos humanos y consecuencias graves en el desarrollo natural de los menores afectados». Insiste en que la magnitud del fenómeno en España es desconocida en cualquier sistema judicial de los analizados en Europa, donde no existe «derecho penal de autor» como en nuestro país.

La familia, base nuclear de la sociedad

Por otra parte, Anglada hace una encendida defensa de la familia como base nuclear de la sociedad. «Hoy, la familia es despreciada, es maltratada, y lo que se nos pide es reconocer lo bello, auténtico, y bueno que es formar una familia, ser familia; lo indispensable que es esto para la vida del mundo, para el futuro de la humanidad».

Tras comprometerse a defender los intereses y derechos de las familias numerosas, afirma que su objetivo es conseguir para estas familias el reconocimiento social y económico que les corresponde por su especial contribución a la sociedad y, en consecuencia, otorgarles facilidades en el acceso a bienes y servicios, tanto públicos como privados.

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2 Comments

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  1. Avatar

    Ramiro

    07/07/2019 at 14:15

    Así es, y lo digo como abogado, ex juez y fiscal.
    En España, si te denuncia una mujer, y no digamos una menor, PUEDES DARTE POR JODIDO.
    Da igual que seas INOCENTE, pues es muy difícil demostrar la inocencia… El sistema te considera culpable, de entrada, y a priori.
    Por de pronto te detienen dónde más daño social pueden hacerte, en tu trabajo, por ejemplo, o en tu casa, delante de los vecinos. Te esposan como si fueran un asesino, duermes una o dos noches -o tres- en la comisaría, y después al juzgado. Si tienes la desgracia de encontrarte con una juez o una fiscal, lo mejor que puedes hacer ES SUICIDARTE… (Exagero un poco, pero es la verdad. o hay que suicidarse, hay que plantar cara al sistema, sabiendo que tienes la batalla pérdida; PERO NO LA GUERRA).

  2. Avatar

    Ramiro

    22/09/2018 at 17:20

    Así es, y lo digo como abogado, ex juez y fiscal.
    En España, si te denuncia una mujer, y no digamos una menor, PUEDES DARTE POR JODIDO.
    Da igual que seas INOCENTE, pues es muy difícil demostrar la inocencia… El sistema te considera culpable, de entrada, y a priori.
    Por de pronto te detienen dónde más daño social pueden hacerte, en tu trabajo, por ejemplo, o en tu casa, delante de los vecinos. Te esposan como si fueran un asesino, duermes una o dos noches -o tres- en la comisaría, y después al juzgado. Si tienes la desgracia de encontrarte con una juez o una fiscal, lo mejor que puedes hacer ES SUICIDARTE… (Exagero un poco, pero es la verdad. o hay que suicidarse, hay que plantar cara al sistema, sabiendo que tienes la batalla pérdida; PERO NO LA GUERRA).

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España

La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial

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Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].

No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].

El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998

La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.

Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].

Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.

El expediente oculto y la pornografía renaciente

La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.

Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.

Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.

«Corruptio optimi pessima». La corrupción del mejor es lo peor. «Tucho» es el ejemplo viviente de cómo un hombre de talento, pero sin alma, puede destruir la autoridad de una institución entera con sus salidas de tono y su obsesión por lo mundano. Su «Tucho» es una marca personal, pero una marca que, en este contexto, parece ser sinónimo de falta de seriedad.

El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia

Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].

La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].

Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].

La destrucción de la autoridad doctrinal

La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.

La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.

Conclusión: La cabeza detrás del desastre

Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.

La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.

Fuentes Consultadas

Fuente País Enfoque Principal
Noticias Obreras Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María.
Infovaticana Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF.
Wanderer Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo.
ABC.es 🇪🇸 España Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo».
Infovaticana Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones».
La Razón 🇪🇸 España Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia.
ABC.es 🇪🇸 España Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF.
Wanderer Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos».
Caminante Wanderer Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima».
Noticias Argentinas Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales.

Alerta Nacional | Opinión y Análisis

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