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La conspiración de los «cornutos» (1): SuperBafomet a la española

Redacción

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Mark Twain decía que “es más fácil engañar a la gente, que convencerles de que han sido engañados”. Si esta frase era cierta en su época, mucho más en la actualidad, donde las élites globalistas propietarias de los medios de comunicación nos están sometiendo al mayor lavado de cerebro de la Historia «vendiéndonos» su Nuevo Orden Mundial sin que nos enteremos.

¿Cómo se engaña a la gente? Aparte de con mensajes populistas fraudulentos, la principal herramienta son los símbolos. Un símbolo es un campo de información, que se transmite a nuestras percepciones a través de mensajes codificados con una determinada frecuencia vibratoria, capaz de influir en nuestra conciencia y de manipular nuestro pensamiento, aunque lo percibamos de manera inconsciente.

En nuestra época hemos perdido casi por completo la capacidad para interpretar los símbolos que se ocultan en la enorme cantidad de información con la que somos bombardeados diariamente. Por esta razón, las sociedades secretas y las entidades globalistas se dan actualmente el lujo de exponer descaradamente la simbología conspiradora con la que quieren manipular a la opinión pública, con la total seguridad de que, aunque tengamos delante de los ojos sus propósitos perversos, vamos a ser incapaces de darnos cuenta de ellos. Como dice la frase, “si quieres esconder algo, pongo a la vista de todos”.

Y no somos capaces de interpretar los símbolos a través de los cuales se nos transmite la luciferina ideología del globalismo porque, aparte de nuestra ignorancia, hemos llegado a un punto de lobotomización tan pavorosa, que ni siquiera somos capaces de percibir las maquiavélicas operaciones que la partitocracia entregada a Soros ejecuta a plena luz pública, con total descaro y alevosía, con taquígrafos y bajo los focos mediáticos. Y así es como el atroz robo de las autonomías, el golpe de Estado de Sánchez, la connivencia de Falconetti con la secesión catalana, la corrupción moral de las leyes de género o la totalitaria Ley de Memoria Histórica son plenas realidades que se desarrollan ante una sociedad pasmada, indolente, que no quiere ver el apocalipsis que tiene lugar ante sus ojos.

Sin ir más lejos, fijémonos en el cartel anunciador de la película “SuperLópez”, donde el insoportable Dani Rovira nos hace el gesto del “cornudo”: ¿hace falta ser un experto en esoterismo para comprender lo que significa ese símbolo? Para decirlo de una forma cruda, ese tipejo nos está llamando “cornudos” y “cabrones”.

Pero la señal de “Il cornuto” va más allá de un simple insulto, porque tradicionalmente se ha considerado un símbolo satánico de tomo y lomo, equivalente en maldad diabólica a la cabeza del Bafomet, usado por muchas personalidades de todos los ámbitos de la sociedad, la inmensa mayoría de las cuales han conseguido fama, poder y dinero. Esta coincidencia me hace sospechar que un número no desdeñable de ellos han conseguido estos oropeles mundanos justamente por haber hechos pactos fáusticos con Mefistófeles y compañía.

Aunque sus orígenes haya que buscarlos posiblemente –como casi toda la morralla iniciática “new age”– en lo cenáculos esotéricos de la Antigüedad, fue nada más y nada menos que Anton LaVey (1930-1997), el judío fundador de la Iglesia de Satán, quien popularizó el símbolo, asociándolo indisolublemente al satanismo.

Su difusión masiva tuvo lugar a través del “heavy metal” –música claramente satánica, como puso de relieve el mismo Joseph Ratzinger–, hasta el punto de que se constituyó en su logotipo más distintivo. Grupos como KISS –Kids In Satan Service–, Black Sabbath, e incluso The Beatles utilizaron “Il cornuto”, cuyo primer uso en el rock metal se debe a Ronnie James Dio, quien lo puso de moda en 1979, cuando sustituyó a Ozzy Ousborn como vocalista de “Black Sabbath”. Dio solía decir que el símbolo lo cogió de su abuela, de origen italiano, que lo usaba para combatir el “mal de ojo” –“maloccio”–, aunque cabe preguntarse qué espíritus maléficos quería alejar un simpatizante del satanismo como él.

Animo al lector a que haga una búsqueda en la red sobre este símbolo. Sin duda, lo que más llamará su atención es verlo profusamente utilizado por los últimos presidentes de los EEUU. Por ejemplo, Fritz Springmeier, de un linaje Illuminati, afirma sin ambages que “Las personas que son cristianos ahora, pero eran satanistas, reconocieron la señal del presidente Clinton en su inauguración como una señal de Satanás. Eso parece bastante cortado y crudo y lo es. Clinton comunicó lo que quería a la gente a la que quería comunicarse. Todo el asunto con él mostrando el signo de la mano satánica sólo tomó un par de segundos”.

Por supuesto, Hillary de Vil también lo utiliza a go-go, y no digamos Obama. Sin embargo, lo más epatante es ver a la familia Bush en pleno saludándonos cornudamente, desde la abuela hasta la nieta, pasando por George y Laura Bush. Im-presionante.

Cantantes, actores, deportistas, políticos… Ahí los tenemos, enarbolando el “Diabolicus”, sin que nadie se llame a escándalo, sin que nadie sospeche la pavorosa maldad de quienes a través de los medios sirven a la Sinagoga de Satanás.

Pero la flor de la canela, la madre de todos los “diabolicus”, el horror de los “cornutos” lo experimenté en carne viva cuando comprobé que incluso Bergoglio lo utiliza, sin que nadie se entere, sin que nadie se llame a escándalo: ¿estarán trucadas las imágenes donde se le muestra exhibiendo el cornuto sin ningún pudor? ¿Se deberá a una maligna conspiración en contra de la Iglesia Católica?

Volviendo a SuperLópez, qué malignidad se esconde tras la utilización de un héroe infantil y juvenil del comic para emponzoñar nuestras mentes con lobotomías satánicas. Confieso que a mí me tocó la época del Capitán Trueno, pero SuperLópez fue el héroe de mi hijo, por lo cual, cuando vi tamaño ultraje y mancillamiento del personaje me dieron ganas de cruzar algún Estrecho. Espero que no se les ocurra satanizar a mi Capitán…

Y ahora, la pregunta inevitable: ¿a quién se le ocurrió poner a Rovirita –¡pero qué mal me cae este actorzuelo!– haciendo ese gesto tan “graciosillo”? ¿Sabrá Danielín lo que está haciendo? ¿Por qué la gente utiliza símbolos y hace cosas sin pararse a pensar lo que significan? Pobre Superlopín, porque una de dos: o es satanista –cosa que dudo–, o es otro ignorante de esos que, pretendiendo hacer una graciosería, le hace el juego al Bafomet de Monte Pelado.

Bueno, y otra pregunta: ¿Nos salvará SuperLópez de toda esta inmundicia satánica que anega el mundo –y España en particular—como un maloliente chapapote rojo?
PD: Y la pregunta final: ¿Por qué ningún comentarista habla de estos temas? ¿es que no saben o sospechan acaso quién se esconde tras la conspiración plutocrática por el NOM?

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1 Comment

1 Comment

  1. Anónimo

    28/04/2024 at 18:55

    Haciendo zapping me apareció está película, y justo en la escena que haciendo el doble cornuto consigue volar como un cohete.
    Dudo también de que esté Rovira sepa siquiera lo que este símbolo representa, es otro tonto útil que el sistema utiliza para programar a la sociedad.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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