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Internacional

La diplomacia ANALFABETA de Venezuela: el derroche de patanería del chavismo

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El canciller del régimen, Jorge Arreaza, notificó a la embajadora de la UE en Venezuela, Isabel Brilhante, sobre su expulsión

Nada sorprende ahora con esta arremetida contra la representante diplomática de la Unión Europea en Venezuela.

[E]stas últimas pataletas de Nicolás Maduro y sus socios, no deberían porqué sorprender a nadie que esté al tanto de la seguidilla de arbitrariedades que se vienen cometiendo en Venezuela, desde que Hugo Chávez asumió el control de los poderes públicos. Desde entonces la diplomacia, seria y equilibrada, trocó en una alocada carrera de carritos chocones dispuestos a atropellar las buenas relaciones que tradicionalmente Venezuela cultivó con países amigos y democráticos del mundo. Está el caso de la OPEP, ente que tiene la marca de fábrica venezolana y en cuyo seno la postura o la línea estratégica, siempre delimitaba la incursión de los representantes del país, para evitar tomar partido en las diatribas propias de los países del medio oriente. Pero eso se acabó una vez que Chávez metió sus manos en esos conflictos, para «echarle más leña al fuego» y hacer de Venezuela, desde entonces, un país con un gobierno entrometido en esos asuntos de los cuales lo lógico, correcto y, sobre todo, conveniente para los interese de la nación era ser lo más discreto y ponderado posible.

No menos significativo fue la manera como Hugo Chávez embistió contra la comunidad judía en el mundo. Eso fue realmente patético y aún se siente el mal gusto en el paladar de los israelitas, cada vez que recuerdan las maldiciones que el dictador venezolano dirigía hacia el Estado de Israel. Desde entonces, se malograron unos vínculos históricos, además bien se sabe que en Venezuela han echado raíces muchas familias que vienen de ese tronco y que fueron muy afectadas espiritualmente por semejante agravio.

Con Colombia, nuestro vecino, los pleitos son parte de ese menú que no se agota a la hora de sacar de la carta cualquier pretexto para ordenar que se movilicen los tanques de guerra y los aviones de combate para intimidar a los hermanos colombianos. Eso lo hizo Chávez y lo continúa haciendo Maduro, con el agravante que ambos son los que más protegen las andanzas de los disidentes de la narcoguerrilla en territorio nacional, los capos que dejaron plantados a los líderes del mundo que hace unos años se entusiasmaron con el acuerdo de paz que se redactó en Cuba y que fue firmado, en medio de grandes expectativas en Bogotá.

Esa es una pequeña muestra de la manía conflictiva que caracteriza a esta era en que Venezuela dejo atrás su prestigio como país promotor de la concordia, no sólo en nuestro continente, sino en todos los escenarios del mundo. Con España las peleas han sido un derroche de patanería, al extremo de provocar aquel famoso «por qué no te callas” que le espetara en su propia cara a Chávez, el rey Juan Carlos de Borbón.  Con los secretarios generales de la OEA no han faltado los insultos en las peores formas y mal uso del lenguaje. La lista de diputados, embajadores, periodistas, expresidentes y directivos de ONGs, que han sido sacados de hoteles para ponerlos a las puertas de un avión en Maiquetía, para que los saquen de Venezuela, es muy larga. Por eso nada que nos sorprenda ahora por esta arremetida contra la representante diplomática de la Unión Europea en Venezuela. Esa es la naturaleza de estos tiranos. Son intolerantes, son agresivos y carecen de decencia.

 

Mitzy Capriles de Ledezma

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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