Connect with us

Sociedad

La negación de la Biología y la imposición de Ley Trans

Avatar

Published

on

Monica Helms, el hombre que inventó la banderita "Trans"

El sexo es biológico y fijo y no una construcción social. Puede haber cambios estéticos, pero no cambiarán ni las células ni los cromosomas. En la promoción de una ideología y una agenda política, niegan y se olvidan de siglos y milenios de Biología básica y de la propia naturaleza del ser humano.

[C]on las manifestaciones del 8M se ha multiplicado un debate público sobre la llamada Ley Trans tanto en medios de comunicación, redes sociales y el Congreso como otro algo más privado dentro del Consejo de Ministros. Las últimas olas del feminismo ya no defienden el voto femenino, la inclusión de las mujeres en la vida pública, política, económica o social. Sus peticiones y argumentarios excluyen.

Excluyen a todos los hombres o a la grandísima mayoría. Excluyen también a quienes no piensen como ellas, excluyen a quienes no sean radical y extremamente de izquierdas. El colmo de la exclusión es que el feminismo de Irene Montero, Pablo Iglesias y facciones políticas cercanas excluye a feministas de su propio partido, además a la grandísima mayoría de las mujeres por querer integrar a hombres que se creen o pretenden ser mujeres.

Históricamente, y tiene todo el sentido, las manifestaciones han sido organizadas desde “el pueblo”, desde la sociedad civil independiente o desde grupos de ciudadanos para presentar denuncias o peticiones al gobierno o a las autoridades. Lo raro es que “la Manifa del 8M” no está organizada únicamente por la sociedad civil o “el pueblo” sino en un gran porcentaje por “el Gobierno”, “el partido”, “el movimiento” o grupos de ONGs apesebradas y convenientemente subvencionadas que sirven para colocar a amigos, políticos en horas bajas o como trampolín para aquellos en ascenso. Nos deberíamos preguntar si no se instrumentaliza a la mujer, o a algunas de ellas, con un sentido meramente político.

Han dejado de representar la lucha de clases, la del proletariado contra los malvados detentores del capital para ir a luchas menores que pretenden agrandar señalando y acusando a quien no piense como ellos. Es la lógica confrontacional. El comunismo y la izquierda radical necesitan un enemigo enfrente para su dialéctica de lucha y confrontación.

Vox está promoviendo juiciosas iniciativas con el objetivo de «proteger a mujeres y niños de los experimentos de ingeniería social que el Gobierno pretende introducir en España». Lo ha hecho con una proposición no de ley pidiendo la prohibición de las terapias hormonales, cirugía en menores de edad, así como la eliminación del término “género” y el fin del adoctrinamiento.

La legislación internacional negociada, aprobada, ratificada y que forma parte de la legislación interna de cientos de países no indica que el género sea fluido ni autodeterminable sino que considera que sólo hay dos géneros

En la legislación internacional, el término género sólo se encuentra definido en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional que en su artículo 7.3 indica que “se entenderá que el término “género” se refiere a los dos sexos, masculino y femenino, en el contexto de la sociedad. El término “género” no tendrá más acepción que la que antecede”. La legislación internacional negociada, aprobada, ratificada y que forma parte de la legislación interna de cientos de países no indica que el género sea fluido ni autodeterminable sino que considera que sólo hay dos géneros: el masculino y el femenino. Únicamente ciertos grupos políticos e ideologizados pretenden cambiar la realidad e imponer su ideología.

La ventaja que tiene conocer las organizaciones internacionales y llevar 10 años en Ginebra es que ya conozco o puedo intuir los siguientes pasos. No es complicado saber que se atacará, vilipendiará, criticará y marginará a quien no sea 100% favorable a la “Ley Trans” y a sus postulados sobre el género fluido y cambiante. Se restringirán, entre otras, las libertades de expresión, opinión, asociación, religión y manifestación.

El Experto Independiente sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género ha realizado una petición de contribuciones cuyo plazo termina el 14 de marzo en el que se puede comprobar claramente casi desde la primera línea como hay fuertes críticas frente a quien se posiciona contrario a la “ideología de género” y de hecho incluso pide contribuciones para crear una lista: “¿Quiénes son los principales actores que sostienen que los defensores de los derechos humanos de las personas LGBT están fomentando la llamada «ideología de género»? ¿Cuáles son sus principales argumentos? ¿Han sido eficaces en la regresión de los derechos humanos de las personas LGBT?”.

La proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales ya presentada en mayo de 2017 por Unidas Podemos ya preveía delitos de opinión, violaba la libertad de expresión, suponía un fraude de ley e invertía la carga de la prueba. HazteOir.org ya hizo campañas en las que la denominó “Ley Mordaza”.

Quienes promueven la Ley Trans, la ideología de género y la Agenda LGBTI entienden que el concepto de género es cambiante, que es autodeterminable y que la persona puede elegir su género sentido. Además, arguyen que la Organización Mundial de la Salud eliminó en 2018 la disforia de género (sentir un género diferente del asignado en el nacimiento) de la lista de trastornos psiquiátricos y saldrá de esa clasificación en 2022.

En la promoción de una ideología y una agenda política, niegan y se olvidan de siglos y milenios de Biología básica y de la propia naturaleza del ser humano. Los bebés que nacen con los cromosomas XX serán niñas y se convertirán en mujeres así como que quien nace con los cromosomas XY será un niño que se convertirá en un hombre. El sexo es biológico y fijo y no una construcción social. Fuera de ello puede haber cambios estéticos en los genitales, pero no cambiarán ni las células ni los cromosomas.

La promoción de la Ley Trans implicará graves perjuicios contra las mujeres que verán como habrá hombres (convenientemente autodeclarados como mujeres) que invadirán espacios privados como baños, vestuarios o clubes deportivos femeninos. ¿Qué pasaría si un hombre que comete delitos de violación decide autodeclararse mujer? Expertos como el Dr. Francisco José Contreras, catedrático universitario y diputado de VOX ya lo avisaron.

En el deporte afectará claramente. Las diferencias no serán tan acusadas cuando las cualidades principales para obtener buenos resultados sean flexibilidad, coordinación, concentración, precisión, agilidad o fortaleza mental donde las mujeres pueden tener resultados iguales o superiores a los de los hombres frecuentemente. En cambio, cuando las cualidades principales para la obtención de buenos resultados sean aquellas en las que los hombres, nacidos como bebés con cromosomas XY, tienen ventajas obvias y notorias como son la fuerza, altura, resistencia o velocidad… Incluso las mujeres más entrenadas, con la mayor voluntad y mejores capacidades físicas tendrán difícil competir con hombres que se autodeclaren como mujeres.

Las implicaciones del nuevo feminismo trans, de la promoción de la “ideología de género” y de la Agenda LGBTI son y serán muchas y muy variadas: afectarán a libertades y derechos fundamentales, silenciarán e insultarán a quien difiera, reducirán el debate político en la sociedad, afectarán a la sociedad en sí misma, adoctrinarán a niños y jóvenes en las escuelas y a los no tan jóvenes con los medios de comunicación.

Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

España

La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial

Redacción

Published

on

Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].

No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].

El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998

La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.

Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].

Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.

El expediente oculto y la pornografía renaciente

La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.

Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.

Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.

«Corruptio optimi pessima». La corrupción del mejor es lo peor. «Tucho» es el ejemplo viviente de cómo un hombre de talento, pero sin alma, puede destruir la autoridad de una institución entera con sus salidas de tono y su obsesión por lo mundano. Su «Tucho» es una marca personal, pero una marca que, en este contexto, parece ser sinónimo de falta de seriedad.

El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia

Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].

La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].

Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].

La destrucción de la autoridad doctrinal

La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.

La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.

Conclusión: La cabeza detrás del desastre

Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.

La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.

Fuentes Consultadas

Fuente País Enfoque Principal
Noticias Obreras Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María.
Infovaticana Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF.
Wanderer Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo.
ABC.es 🇪🇸 España Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo».
Infovaticana Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones».
La Razón 🇪🇸 España Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia.
ABC.es 🇪🇸 España Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF.
Wanderer Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos».
Caminante Wanderer Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima».
Noticias Argentinas Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales.

Alerta Nacional | Opinión y Análisis

Continue Reading
ALERTA NACIONAL