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Internacional

¿No se han enterado? Normal: Esta información se censura por sistema. 5 acuchillados en Italia: El fracaso del multiculturalismo y la inmigración ilegal. Por José Papparelli

Redacción

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Tarde de verano en un autobús que une Riccione con Rimini, en la Emilia Romaña italiana, zona vacacional sobre el Adriático. Casi llegando a su destino un par de revisores, dos mujeres, controlan los billetes al pasaje. Al pedir el ticket a un hombre de origen africano se desata la furia de sangre y violencia. El sujeto de origen somalí coge un cuchillo de grandes dimensiones y les ataca, a una en el cuello y a la otra en el hombro. Ante el estupor y el terror desatado, el agresor amenaza al conductor y le exige que detenga el autobús. El chofer lo hace, abre las puertas y comienza la fuga del asesino. En una carrera desesperada deja a su paso a otras tres víctimas apuñalándolas sin miramiento alguno. Una de ellas un niño de seis años, de origen bangladesí, es herido en la garganta cortándole la yugular. El criminal intenta robar el coche a dos automovilistas, pero no lo consigue. Finalmente interviene la policía y la bestia es detenida. Las víctimas son ingresadas en el hospital y el pequeño, que el lunes hubiera comenzado su escolarización, se encuentra en estado grave luchando por su vida.

Lamentablemente este episodio y otros similares no es ni será el último en una Italia desbordada por la inmigración ilegal y una situación fuera de control debido a la laxitud, permisividad y tolerancia de una legislación que fue dejando de lado la seguridad ciudadana para adaptarse a los requerimientos de los dictados de la agenda globalista y la llamada “sociedad abierta”. El caso italiano se puede extrapolar a otros países europeos que han adoptado las pautas de las “fronteras abiertas”.

Un inmigrante no es un delincuente ni mucho menos una bestia asesina. Un inmigrante que cumple los requisitos legales para residir, trabajar y criar una familia, respetando las costumbres y cumpliendo las leyes del país de acogida, es un valor para la sociedad más allá de su origen. Pero si las políticas migratorias y las reglas básicas de convivencia se degradan hasta el punto de desaparecer por el simple hecho de seguir la tendencia global de crear sociedades multiculturales de acogida sin ningún tipo control, sucede el ejemplo de Rimini: violencia, crimen y muerte sin más motivación que la falta de humanidad fruto de un choque cultural insalvable e inevitable. La violencia terrorista motivada por una religión y una cultura incompatible con la occidental y cristiana, ya instalada en Europa desde hace tiempo, merece otro análisis.

Este episodio no deja de ser un caso testigo. El somalí, un delincuente que había huido de su país, había llegado en el 2015 a Europa, recalando finalmente en Italia. Lo que se sabe hasta el momento es que hace unos meses, solicitó el estatus de refugiado y fue acogido en instalaciones de la Cruz Roja y como habitualmente lo hacen, sin ningún tipo de reparo ni averiguación seria de antecedentes judiciales sobre quién es el solicitante.

Detrás de ciertos organismos humanitarios existe un complejo entramado político-económico gracias a subvenciones públicas en consonancia con lineamientos estratégicos supranacionales globalistas. El objetivo de remplazo poblacional y cultural ya no está oculto, sino que es algo evidente, explicito en discursos y acciones concretas que no dejan de ser un paso más en dirección a los Objetivos para el Desarrollo Sostenible o Agenda 2030.

Ante el suceso de Rimini, el líder de Lega Matteo Salvini y ex viceprimer ministro entró en escena comentando en su página de Twitter acerca del caso: “Inmigrante sin billete detenido en el autobús en Rimini, primero apuñala a los dos revisores, y luego a otras tres personas, entre ellas un niño, que resulta herido en la garganta. Maldito criminal, espero que nadie diga «pobrecito» …. A casa y basta, ¿verdad ministro Lamorgese?” (Ver tweet aquí)
Cada vez son más los episodios cotidianos en todo el país de violencia, inseguridad, crimen y degradación vinculados con la inmigración ilegal. Solamente repasando los datos publicados por el Ministerio del Interior, se puede apreciar el incremento descontrolado del país al que muchos llaman el “campo de refugiados de Europa”: de los 5.135 desembarcos de ilegales en 2019 a los 39.410 en lo que va del año. Las cifras son más que evidentes y van en consonancia con las políticas implementadas por parte del gobierno italiano.

Luciana Lamorgese, actual ministra de Interior, respondió hablando de ataques “machacones y personales” por parte de un político que apoya al Gobierno refiriéndose a Matteo Salvini su antecesor en el cargo. “Estos ataques, añadió la ministra, pueden dañar a la larga la propia imagen del ejecutivo (…) Cuando los ataques parten de los que apoyan al Gobierno, y se convierten en personales, acaban dañando la imagen de la administración y de todo el ejecutivo, en un momento muy delicado para el país en el que se necesita más cohesión”. El enfrentamiento es evidente en el seno del gobierno Draghi, el rifirrafe continúa y Salvini contrataca: “Entre raves, desembarcos ininterrumpidos e inmigrantes ilegales violentos es aterrador que la única preocupación de la ministra del Interior, Luciana Lamorgese, sea la crítica a la Liga: si no puede, no sabe o no quiere hacer su trabajo, que lo haga otro”.

El caso Rimini demuestra el fracaso de las políticas de acogida indiscriminada alimentadas por la izquierda globalista. El problema no son sólo esos miles de desarraigados que vagan por Europa, instrumentalizados por las ONG globalistas que trafican con la desgracia humana y social de los países atrasados.  Es necesario defender las fronteras, velar por la seguridad ciudadana, hacer cumplir las leyes y proteger las costumbres, la cultura, la tradición y los principios de la cristiandad como prioridad para evitar la degradación de Europa y Occidente. De ello depende nuestro futuro como civilización.

José Paparelli

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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