Connect with us

España

Un sacerdote ejemplar

Published

on

Se cumplen 10 años desde el fallecimiento del Padre Santiago, canónigo de la Catedral de Santander

 

Hace 10 años que nos dejaste, aunque entiendo que sigues presente en una vida superior. Ésa a la que tenemos que aspirar, la vida de verdad que nuestros padres esperaban después de ésta y en la que muchos todavía creemos, pese a que el descreído pueblo español ya se haya olvidado de Dios. Un gran error. Y eso que nos envía a profetas como tú, que fuiste en todo ejemplar: un verdadero sacerdote y un tío muy majo, como queda patente por el montón de personas que te querían y que has dejado a tu espalda.

Y exactamente eso fue lo que hiciste con cada uno de nosotros: darnos el cariño y comprensión que todos necesitamos. Y, sobre todo, el ejemplo de una buena persona que además está consagrado por entero a Dios, luego doblemente bueno.

Es lamentable que tanta gente se entretenga con el mal ejemplo de unos pocos sacerdotes y seglares que se han podido comportar de manera inapropiada. Muy pocos son tales casos, en realidad. Como el 90% de los sacerdotes del mundo, si no más, el padre Santiago fue un hombre entregado a Dios al 100%, inclusive en una larga y terrible enfermedad que le tuvo postrado en sus últimos 20 años.

Para los que no te conocieron, en su ignorancia, serías otro cura más, en el sentido despectivo de otro y de cura. Los que te conocimos un poco no podemos pensar de esa manera. Porque ni un cura es cualquier cosa ni mucho menos tú, que en palabras de otro querido sacerdote tenías un don para el acompañamiento de almas. Pero no quiero enrollarme en un artículo largo que no representaría tus certeras palabras, porque tú siempre ibas al grano y no te entretenías con la paja. Así que vamos a ver si el resumo un poco lo que es un hombre y un cura de verdad, entregado por entero a sus hermanos en el mandato más fiel a Dios Nuestro Señor.

Antes de nada, quiero situarte un poco como un sacerdote que empezó muy joven, en el Seminario de Santander, aunque tus orígenes están en otro puerto muy bonito llamado Bermeo. Y tu mayor especialidad fue el acompañamiento de las personas y en concreto la confesión y la cárcel, donde desarrollaste en gran parte tu ministerio. Y esto fue así porque tenías unas cualidades que te hacían idóneo para ello: no todo el mundo vale para todo.

Siempre tenías tiempo para atender los problemas de los demás. No te importaba pasar horas y horas en el confesionario, escuchando los problemas seguramente repetitivos del personal. No puedo sino compadecerte por el coñazo que debió ser eso y para mí te honra más que ninguna otra cosa, porque hay que tener paciencia para ello. Eso y seguramente mucho carisma del Señor para ver en el otro a Jesús.

En línea con lo anterior, se notaba que escuchabas a la gente, porque dabas la solución perfecta y en muy pocas palabras, justo después de que nosotros hubiéramos acabado de enrollarte. Realmente como si fueras Jesús en el pozo de Siquem, o en cualquier otro episodio de nuestro amado Evangelio.

Tratabas a todo el mundo como si fuéramos de verdad tus hijos, en la forma más cercana a lo que yo pienso que es Dios. Nos abrías las puertas de tu corazón, nos escuchabas, nos comprendías y encima nos aconsejabas lo que era mejor. Y no hacía falta que hubieras faltado para saber lo que hemos perdido: no se encuentra a alguien como tú todos los días.

Inclusive cuando ya estabas muerto, aunque yo todavía no lo sabía, porque acaba de suceder, me pareció muy evidente que me estabas mostrando algunas cosas importantes sobre el rumbo que llevaba mi vida. Ahora me parece surrealista volver sobre ello y darme cuenta de que tal vez eran realmente señales. Como esa respuesta que me diste sobre si se aproximaba el fin del mundo: en efecto, las señales ya se están produciendo, me dijiste, con una sincera sonrisa. Pero no era una sonrisa maquiavélica del presidente Macron, cuando dice que viene la Bestia y está feliz por ello, no: era la misma felicidad que sentías cuando te decían que alguien había fallecido y que por tanto ya se encontraba con el Señor. Te ponías contento porque ya estaba en la vida buena, que es la de después, y decías: ¡aleluya!

Me pregunto qué pensarías de los manifiestos hijos de Satanás que hoy en día están amargándonos la vida. Inclusive del Papa que tenemos ahora, tan polémico. ¿Qué pensarías tú de él? Eso me gustaría saber y muchas otras cosas que te querría preguntar, pero pídele al Señor que nos ilumine en esta hora de tribulación.

Gracias por tu ejemplo de vida. Aunque lo nuestro fuera una paternidad muy breve, porque te conocí muy poco tiempo antes de que el Señor te llevara consigo, algunas cosas de ti me quedé, igual que pasa entre cualquier padre y su hijo. Y no sólo tus consejos y tu ejemplo, que ya es bastante, sino tal vez algo de tu actitud y tu estilo también. No sé. Pienso que es normal cuando has tenido un padre ejemplar, que ha sabido dejar su legado, pero no me despido de ti como estos paganos que reniegan de Dios: tú y yo sabemos que nos volveremos a ver. Y a lo mejor comentamos si estuve a la altura de la tiranía satánica que ya tenemos encima: no hace falta que te diga que estás mejor donde estás. Y aunque no va a ser fácil nada de esto, que sea lo que Dios quiera: tu ejemplo me ayudará.

Descansa en paz y un abrazo.

Miguel.

Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

España

La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial

Redacción

Published

on

Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].

No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].

El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998

La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.

Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].

Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.

El expediente oculto y la pornografía renaciente

La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.

Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.

Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.

«Corruptio optimi pessima». La corrupción del mejor es lo peor. «Tucho» es el ejemplo viviente de cómo un hombre de talento, pero sin alma, puede destruir la autoridad de una institución entera con sus salidas de tono y su obsesión por lo mundano. Su «Tucho» es una marca personal, pero una marca que, en este contexto, parece ser sinónimo de falta de seriedad.

El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia

Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].

La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].

Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].

La destrucción de la autoridad doctrinal

La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.

La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.

Conclusión: La cabeza detrás del desastre

Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.

La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.

Fuentes Consultadas

Fuente País Enfoque Principal
Noticias Obreras Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María.
Infovaticana Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF.
Wanderer Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo.
ABC.es 🇪🇸 España Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo».
Infovaticana Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones».
La Razón 🇪🇸 España Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia.
ABC.es 🇪🇸 España Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF.
Wanderer Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos».
Caminante Wanderer Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima».
Noticias Argentinas Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales.

Alerta Nacional | Opinión y Análisis

Continue Reading
ALERTA NACIONAL