España
Una pregunta a Pedro Sánchez
La Justicia depende de un tribunal y sus circunstancias. A los siete magistrados ya los conocemos, pero conviene tener en cuenta la necesidad de unanimidad y detenerse en la pobre legislación existente. Algunas preguntas:
- ¿Quién descafeinó la tipificación del delito de rebelión en la reforma del Código Penal (artículo 217 del CP de 1973)? El biministro Belloch, y el presidente González, en 1995.
-
¿Quién eliminó del Código Penal el delito de referéndum ilegal (artículo 506 bis)? El ministro Alonso y el presidente Zapatero, en 2005. Aquella medida había sido aprobada a finales de 2003 y contribuyó frenar el plan Ibarretxe.
-
¿Quién decidió entregar la competencia sobre las cárceles a Cataluña? El ministro Barrionuevo, y el presidente González, en 1983.
-
¿Quién decidió trasladar a los políticos independentistas presos a la cárcel de Lledoners, en Barcelona? El ministro Grande-Marlaska, y el presidente Sánchez, en 2018.
El elemento común a estas cuatro decisiones políticas es que fueron adoptadas por ejecutivos socialistas.
Ahora que nos gobierna otro presidente socialista y que hay elecciones el 10 de noviembre, conviene hacer una última pregunta tras un breve preámbulo:
Dado que los políticos sediciosos (¡se acabó lo de los políticos presos!) dormirán en una cárcel catalana bajo administración de la Generalitat, es posible que vean la luz del sol antes de la cuenta. Sólo en el caso de que la autoridad penitenciaria decidiera cambiarles antes de tiempo a un régimen de semilibertad (al tercer grado) la decisión sería recurrida y acabaría en manos del Tribunal Supremo, que previsiblemente la revocaría. Pero antes de traspasar esa línea roja hay al menos tres atajos que permitiría a los sediciosos empezar a salir a la calle: un permiso regular para un fin concreto, como el de Urdangarín (artículo 117); una actividad puntual como la de los etarras arrepentidos a los que un juez permitió hace unas semanas una visita cultural en el día en Logroño (artículo 114), o permitir a un recluso en segundo grado disfrutar de beneficios propios del tercer grado (artículo 100.2). Estas tres últimas decisiones, en caso de recurso, no acabarían en el Tribunal Supremo.
Por tanto, la pregunta final es: ¿está dispuesto Pedro Sánchez, del Partido Socialista, a aplicar el artículo 155 para recuperar ya mismo la gestión de las competencias penitenciarias, de forma que las decisiones sobre el cumplimiento de condena de Junqueras y compañía no las tome un empleado de la Generalitat, sino el Ministerio del Interior?
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
