Ya que hoy tocan análisis superficiales y simplistas del resultado de las elecciones andaluzas, no me voy a quedar yo callado, que sí que sé exactamente los motivos del voto (o el no voto) de cada uno de los 8 millones y medio de andaluces. Faltaría más.
1. Para empezar, me reitero en mi opinión (controvertida y que me ha traído muchos disgustos) de que la población andaluza es profundamente conservadora: En Andalucía se votaba masivamente al PSOE porque era lo que tocaba, lo que siempre había sido, lo conocido, la tradición. Se era del Betis (por ejemplo), de la Trianera y del PSOE. Por eso la estrategia del PP siempre fue el “no cambiaremos nada y mejoraremos alguna cosilla”, y cuando los astros se alinearon para que pudiesen gobernar, se han empeñado en demostrarlo en estos años. De modo que masivamente se vuelve a votar por lo que ya hay, por el orden establecido, lo conocido, lo de siempre. Dicho lo cual, hay otros factores, por supuesto.
2. Dentro de su empeño por que no se notase cambio alguno, el hecho de no robar a manos llenas y de poner al frente de los chiringuitos a personas con una capacidad intelectual media y un mínimo de competencia, en lugar de los chimpancés amaestrados a que nos acostumbraba el PSOE, ha hecho que las cosas mejoren en la región. Es lo que se vende como “una buena gestión” y que ha sido el segundo punto de la campaña del PP (después del “¿veis como no cambiamos nada?”).
3. Además y no hay que olvidarlo, tener a Pedrete en la Moncloa ha sido la mejor campaña para el PP.
4. Un PSOE empeñado en perder, al que sólo ha faltado suplicar que no les voten (empezaron la campaña prometiendo una subida de impuestos y la acabaron con Zapatero -¡Zapatero!- reivindicando el ejemplo de Chaves, Griñán y el resto de corruptos condenados) ha demostrado que aunque su líder sea un babuino que salga en los debates enseñando el culo, tendrá como mínimo 1/4 de los votos emitidos. Recordemos que en Andalucía votar al PSOE es como ser de una hermandad o ir a la feria del lugar. Cuestión de identidad y tradición. Y para muchos es lo que les sigue poniendo el plato de comida en la mesa, por más que en este aspecto, el PP trate de sustituirlos.
5. C’s subió vendiendo que era la alternativa a PP y PSOE pero demostró que era la muleta de quien lo necesitase, independientemente de quién y para qué. La irrelevancia tiene esta consecuencia.
6. Vox se lanzó a una sorprendente campaña simplista y cateta, centrados en un voto rural que está fuertemente anclado en su tradición, y olvidando (casi despreciando) al resto de la población, que veía con asombro cómo una líder con aspiraciones nacionales, se comportaba como la candidata a la alcaldía de un villorrio.
7. Los fascio-regionalistas desunidos han pasado del 16% de los votos (17 diputados) en una sola candidatura, al 12% (7 diputados), que da una idea del porcentaje de votantes que vive bajo los efectos permanentes de los porros, o los que esperan sinceramente que se les de milagrosamente una paguita por su cara bonita.
8. Y enlazando con el punto 1, recordemos que sociológicamente Andalucía nunca ha cambiado. Se empezó votando al PSOE de Felipe González y se sigue votando al PSOE de Felipe González (que ahora es el PP). En estos años hemos sufrido el siempre problemático tránsito de siglas y personas, pero todo sigue igual.
