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Opinión

Dimisión obligada, sin lazos ni farolillos. Por Jesús Salamanca Alonso

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El daño ya está hecho y lo han sufrido sus propios compañeros, sus aliados de coalición, los valencianos y, particularmente con dureza, las menores ultrajadas y sus familias.

La situación de Mónica ya era insostenible. Acusada de tres delitos. Ha dimitido de todos sus cargos y privilegios, incluso el aforamiento. Vergüenza ajena es lo que sienten los componentes de las Cortes valencianas tras los episodios «radiados» del encubrimiento. «Yo no estoy para fiestas» debió de comentar Ximo Puig tras comprobar el ridículo hecho por Oltra y Compromís en la «fiestuqui» de desagravio que le organizaron este fin de semana.  

Si a ello se añade el varapalo recibido por el PSOE en Andalucía, la parcial rebelión de los barones con más personalidad y el bochorno que Adriana Lastra ha hecho sentir a sus compañeros, no me sorprende que el presidente valenciano echara humo por las orejas. Añadan a todo eso la presión recibida desde Moncloa. «El cese debe ser inmediato», decía el presidente. Mónica ha dimitido siete minutos antes de que la cesaran. Culpabilidad obliga.

Bochorno, vergüenza y horror es el sentimiento más probable de todos los componentes de las Cortes valencianas y del Ayuntamiento de la capital del Turia. Lo del espectáculo ha sido la guida del pastel podrido. El protagonismo de Oltra estos últimos días no ha sido el propio de una persona sensata y equilibrada. Valencia entera se lleva las manos a la cabeza al ver cómo su vicepresidenta se brinda al jolgorio como si la imputación no fuera con ella. «Si tocan a uno, tocan a todos», dijo Baldoví. ¡La pena es que no acaben todos en la rúa!

Para lo que aporta Compromís, da igual que esté o no esté. Si se van todos del Gobierno regional y se convocan elecciones, la ciudadanía lo agradecerá. Una decisión firme de Ximo Puig es una victoria para el PSOE y puede ser un saco de votos merecidos, pero la duda e indecisión corren en su contra. Compromís no va a tocar bola en las próximas elecciones autonómicas. El pueblo no olvida, y menos aún los abusos a menores por parte de adultos.

Ya ha dimitido Mónica de todos sus cargos. No hay por qué dar buen trato a una encubridora. Sí, encubridora de abusos sexuales de menores. ¿Acaso no lo es? ¿Es ejemplar instigar y ordenar llevar esposada a quien ha sido humillada, vejada y ultrajada? ¿Es ético aglutinar en torno a su mafia personal a funcionarios para que despreciaran las reclamaciones de las abusadas? A ver si ahora los locos vamos a ser los demás.

Bastante penitencia lleva encima con la losa que ha dejado a sus retoños; un peso del que no sé si llegarán a superarlo. Y ella bailando, ¿tal vez para celebrar los abusos que quedarán impunes? O eso piensa ella, pero va de cráneo. Han fallado en las formas y en el fondo. Ha cavado su propia tumba y ha destrozado a su partido que, aunque no aporta nada a la política española, ni a la valenciana, está en su derecho de creer que hace política. ¡Manda huevos!

No se requieren esas reuniones a tres bandas entre Compromís, socialistas y comunistas del niño Jesús (Unidas Podemos). Tampoco plazos ni condiciones. La dimisión ya no tenía salida y parecía inminente, sin lazos ni farolillos de colores, como así ha sido. No tiene por qué tener una salida digna cuando ella no lo ha sido con las menores ultrajadas. Merecía ser expulsada, sin paños calientes, ni bolsa de caramelos y muchos menos con caja de bombones. Sinceramente, para una persona normal y con valores humanitarios, Mónica Oltra ya es un despojo político, incluso algo peor que omito.

¡Malditos políticos que acaban creyendo que todo el monte es orégano y ellos son los propietarios! Como dice mi buen amigo, socialista él: «Patada en el culo y balones al área contraria». Ximo Puig no aguantaba la presión de Moncloa, temía lo que le espera con su hermano, el corrompido, y para Pedro Sánchez no podía esperar el cese o la dimisión.

Desde mi punto de vista, el tripartito del Botánic ha fallado a la sociedad valenciana. Particularmente ha errado Compromís por el garbanzo negro que lleva en sus filas, aunque hay más que irán saliendo. La espada de Damocles pende sobre la cabeza del presidente Puig. No servían paños calientes para que abandonara por sí misma, más bien al contrario: «patadón y a seguir jugando». Unidas Podemos sigue acurrucado y en silencio porque ve cómo puede quedarse en la calle por culpa de una «zumbada», encubridora y presuntuosa. Y no están los tiempos para estar fuera de las instituciones cuando se carece de oficio y de beneficio. ¿Y Yolanda Díaz, qué dice? Pues, eso, nada. Actúa como las gallinas de Cafarnaúm y como la gata Flora. La «Yoli» ya tiene dos pinchazos en sus chicas, dos imputadas que ya hacen imposible «SUMAR»

Mónica Oltra ya es pasado, pero pasado corrompido, al igual que su formación tras defender lo indefendible. El daño ya está hecho y lo han sufrido sus propios compañeros, sus aliados de coalición, los valencianos y, particularmente con dureza, las menores ultrajadas y sus familias. Venga, venga, Mónica, pide perdón a las menores tuteladas y a sus familias. Y a la calle, sin más preámbulos.  Tanta paz lleve la vicepresidenta como tranquilidad deja.

Por cierto, Mónica Oltra ya ha dimitido de todos sus cargos. Ni siquiera se sentará en ls Cortes valencianas. Lo ha hecho siete minutos antes de que la echaran. Sabíamos que esta misma tarde dimitiría o, en caso contrario, la cesarían. Y lo ha hecho. Pero seguirá dando juego. Al tiempo.

 

 

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España

Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso

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«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»

 

Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.

Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.

¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.

Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.

Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.

Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.

Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.

Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.

Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.

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