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El Gobierno se compromete con la UE a acoger a 15.000 inmigrantes pese a la masiva llegada de ilegales en pateras

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Desde la puesta en marcha del programa de la Unión Europea para la reubicación y reasentamiento, el Gobierno español ha acogido a 2.892 personas hasta el 24 de octubre, lo que supone que queda pendiente algo más del 80% del cupo comprometido, según datos oficiales.

En el año 2015, los Estados miembro de la Unión Europea se comprometieron a reubicar y reasentar a 160.000 solicitantes de asilo en dos años, un plazo que expiró en septiembre de 2017. El Gobierno español, que se comprometió a acoger a 17.337 personas, ha recibido a 2.890, es decir, el 16,6% de la cuota pactada, por lo que todavía faltarían por llegar unas 15.000 personas.

«La obligación para los estados continúa porque las obligaciones del Consejo Europeo son vinculantes, así que la obligación de las cuotas que aceptaron los estados nunca han cesado realmente», ha argumentado la directora de políticas y campañas y coordinadora estatal del servicio jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres, que precisa que lo que expiró fue el programa de la Comisión Europea de reubicación.

Del total pactado con la UE (17.337), España se comprometió a reubicar a 15.888 personas que se encuentran ya en Europa. Desde el 2015 hasta el 24 de octubre de 2018, España había reubicado a 1.359 solicitantes de asilo que llegaron por mar a las costas de Grecia e Italia, 1.124 y 235, respectivamente. Este año han sido reubicadas desde Grecia e Italia un total de 31 personas, frente a las 721 en 2017, 589 en 2016, y 18 en 2015.

Todo ello teniendo en cuenta que España está registrando una cifra récord de pateras, con las llegada de 47.684 inmigrantes a las costas, superando así las alcanzadas durante la ‘crisis de los cayucos’ de 2006, cuando llegaron 39.180, principalmente a las costas canarias.

Reubicaciones sobrevenidas

Además de este recuento oficial, hay que añadir las reubicaciones sobrevenidas y «voluntarias» de inmigrantes y refugiados rescatados por buques de salvamento en aguas del Mediterráneo que desembarcaron en suelo europeo.

En este cupo están los 74 inmigrantes que el pasado 4 de octubre llegaron a España desde Malta, tras ser rescatados este verano por el buque ‘Aquarius’ y que el Gobierno se comprometió a acoger en virtud de dos acuerdos alcanzados con otros países de la Unión Europea.

Asimismo, se contabilizan otras 21 personas que, tras ser rescatados de un naufragio frente a las costas de Libia el pasado mes de junio, desembarcaron en el puerto siciliano de Pozzallo. Fuentes del Ministerio insisten en que «está previsto» que vengan a España otras 29 personas desde Pozzallo, aunque de momento se desconoce la fecha de llegada.

Compromisos de reasentamiento

Para dar asilo a personas que están en terceros países, los 22 estados europeos se comprometieron a reasentar a 22.504 solicitantes de asilo en dos años. En concreto, España se comprometió a acoger por esta vía a 1.449. Hasta el 24 de octubre, han llegado 1.438 personas desde campos de refugiados de países limítrofes al conflicto sirio: 998 desde el Líbano y 440 desde Turquía, por lo que España se acerca al cumplimiento de los acordado con la UE. En concreto, 289 personas han sido reasentadas en 2016 (57 desde Turquía y 232 desde Líbano) y 1.071 en 2017 (368 desde Turquía y 703 desde Líbano), todas de nacionalidad siria.

Respecto a los reasentamientos realizados en 2018, 63 personas han llegado desde Líbano y otras 15 desde Turquía: 78 en total que, según fuentes del Ministerio, han llegado este año pero pertenecen al Programa Nacional de Reasentamiento de 2016.

Desde el año 2015, el Gobierno ha aprobado programas de reasentamiento condicionados por los compromisos asumidos en la UE para acoger a refugiados por esta vía. Así, España quiere acoger a las 1.449 personas, distribuyéndolas entre los programas del año 2015 (854 plazas); del año 2016 (725 plazas), y del año 2017 (1.000 plazas). Estos planes pueden ejecutarse durante el año posterior a su aprobación en Consejo de Ministros, que es cuando les reconoce la protección internacional, pero hay casos en los que los refugiados no viajan hasta dos años después.

Por ejemplo, en ejecución del programa de 2016, llegaron 506 personas el año pasado y otras 78 en lo que va de 2018. Fuentes del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social han recalcado que se ha cumplido un 80% de la cuota fijada en él, precisando que si no se cumplió «íntegramente» es porque hubo personas seleccionadas para la acogida que «renunciaron» a venir a España «por distintos motivos». Asimismo, han añadido que el margen de los expedientes remitidos por el ACNUR para la selección fue «muy escaso» y, por eso, «no se pudieron sustituir unas personas por otras».

Respecto al último Programa de Reasentamiento aprobado en 2017, en él se acordó reasentar a 1.000 personas a las que está previsto que se les reconozca la protección internacional» en 2018 y que viajen a España a partir de diciembre. Ese mes, previsiblemente, el Gobierno debe llevar al Consejo de Ministros el nuevo Programa de Reasentamiento de 2018, a ejecutar en 2019.

«Abandonada» por la UE

Desde CEAR destacan que la agenda española está en el reasentamiento, en concordancia con la europea. «En este momento la agenda migratoria europea no está por seguir avanzando en la reubicación», ha manifestado, apuntando que «la reubicación ni está ni se la espera», mientras gana fuerza la idea de crear plataformas exteriores para desembarcar a los náufragos rescatados, el impulso de acuerdos de readmisión entre estados y la modificación de la directiva de retorno.

Favieres ha reivindicado la necesidad de que se pongan encima las plazas de reubicación. «La situación en las islas griegas está fatal, la Comisión Europea ha abandonado a Grecia y hay gente atrapada. Es el peor campo de refugiados en territorio de la UE», ha subrayado.

«La situación es terrible y ahí debería estar más el foco», ha insistido, lamentando que no se haga «la más mínima referencia a seguir desatacando y sacando a la gente de ese infierno». En este sentido, Favieres ha expresado dudas acerca de que el Gobierno reactive la vía de la reubicación para dar cumplimiento a la sentencia del Tribunal Supremo, que recientemente condenó a España por incumplir parcialmente sus obligaciones administrativas de tramitación de solicitudes de asilo de refugiados procedentes de Grecia e Italia.

«Vamos a cumplir los incumplimientos de la administración anterior. Los compromisos están para cumplirse», aseveró el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez ,tras conocer el fallo judicial. De hecho, desde el Gobierno señalan que «ya están trabajando» con ACNUR y con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para ejecutar la sentencia.

Fuentes de la OIM España han asegurado que «sigue colaborando con el Gobierno en las reubicaciones desde Italia» y «está a su disposición para identificar junto con otras agencias cómo se puede cumplir con los compromisos y obligaciones internacionales».

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España

La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial

Redacción

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Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].

No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].

El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998

La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.

Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].

Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.

El expediente oculto y la pornografía renaciente

La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.

Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.

Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.

«Corruptio optimi pessima». La corrupción del mejor es lo peor. «Tucho» es el ejemplo viviente de cómo un hombre de talento, pero sin alma, puede destruir la autoridad de una institución entera con sus salidas de tono y su obsesión por lo mundano. Su «Tucho» es una marca personal, pero una marca que, en este contexto, parece ser sinónimo de falta de seriedad.

El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia

Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].

La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].

Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].

La destrucción de la autoridad doctrinal

La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.

La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.

Conclusión: La cabeza detrás del desastre

Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.

La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.

Fuentes Consultadas

Fuente País Enfoque Principal
Noticias Obreras Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María.
Infovaticana Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF.
Wanderer Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo.
ABC.es 🇪🇸 España Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo».
Infovaticana Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones».
La Razón 🇪🇸 España Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia.
ABC.es 🇪🇸 España Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF.
Wanderer Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos».
Caminante Wanderer Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima».
Noticias Argentinas Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales.

Alerta Nacional | Opinión y Análisis

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