Internacional
Empiezan las detenciones de la dictadura de Lula: El ex ministro de Justicia de Bolsonaro fue arrestado
Anderson Torres, el principal rival de Alexandre de Moraes, fue arrestado en el aeropuerto internacional de Brasilia cuando volvía al país.
El exministro de Justicia de Jair Bolsonaro, Anderson Torres, fue arrestado este sábado en el aeropuerto internacional de Brasilia, en el primer arresto arbitrario vinculado a la causa que investiga las protestas contra Lula, que culminaron con la irrupción en el Congreso Nacional y los otros poderes del estado el pasado 8 de enero en Brasilia.
De la misma manera que Daniel Ortega en Nicaragua, Miguel Díaz-Canel en Cuba, Nicolás Maduro en Venezuela o Luis Arce en Bolivia, Lula da Silva empieza a arrestar a los líderes de la oposición con causas inventadas y en colaboración con un Poder Judicial tomado completamente por la extrema izquierda.
Torres, que se encontraba en los Estados Unidos, fue hasta el domingo pasado Secretario de Seguridad del Gobierno del Distrito Federal, cuando, junto con el gobernador de Brasilia, Ibaneis Rocha, fueron removidos de su cargo por decreto por Lula.
Segun el gobierno, Torres era el máximo responsable de garantizar la integridad de los edificios estatales que fueron invadidos por los manifestantes, lo cual es cierto, pero fallar en su tarea como funcionario público no debería ameritar un arresto; si no, Lula y todos sus ministros que lo acompañaron en su anterior gobierno deberían estar presos hace muchos años.
El avión en el que se trasladó el exministro llegó cerca de las 7:30 a.m. al aeropuerto de la capital, donde Torres era esperado por la Policía Federal, indicaron sus abogados a la prensa.
Su detención fue ordenada por el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes, quien a su vez preside el Tribunal Electoral y maneja la Policía Federal, una figura que prácticamente tiene la suma del poder público en Brasil actualmente.
El arresto de Torres fue por presunta “omisión y connivencia” durante las protestas que terminaron en la irrupción en las sedes de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Moraes imputó en la misma causa a Jair Bolsonaro, y es claro que si el ex mandatario regresa a Brasil será inmediatamente arrestado por la dictadura de Lula y Moraes.
Torres fue uno de los principales rivales de Moraes durante el gobierno de Bolsonaro, y estaba planificando una vía legal para disputar el resultado fraudulento de las elecciones, cuando el ex presidente decidió no desconocer el proceso y en su lugar, se escapó a Estados Unidos para evitar un arresto por parte del gobierno de Lula.
La Policía Federal recientemente encontró en la casa de Torres un borrador del decreto que le había presentado a Bolsonaro para desconocer el resultado de las elecciones que consagraron a Lula. El propio Torres admitió la existencia del documento que “iba a ser triturado oportunamente en el ministerio” luego de que el ex presidente rechazara firmarlo.
Torres también se fue a Estados Unidos tras la asunción de Lula, pero tras terminarse su licencia en el cargo de Secretario de Seguridad de Brasilia, cargo que ocupaba desde 2019 pero que había dejado para asumir como ministro de Justicia de Bolsonaro en 2021, volvió a estar en funciones el pasado 3 de enero.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
