Internacional
Marruecos condena a cárcel a 18 subsaharianos de los 116 expulsados de España por agredir a policías y entrar ilegalmente en el país
Un tribunal marroquí condenó el lunes a dos meses de prisión a 18 subsaharianos que formaban parte del grupo de 116 que fueron devueltos desde Ceuta a Marruecos el 23 de agosto tras un acuerdo entre los gobiernos de Rabat y Madrid.
Según informaron este miércoles fuentes de la Asociación Manos Solidarias, que ha defendido a este grupo de jóvenes, se trata de personas originarias Camerún, Costa de Marfil, Senegal o Nigeria, entre otros países.
Los condenados ya están recluidos en la Prisión de Tetuán, mientras que se desconoce el paradero exacto de los otros 98 subsaharianos expulsados ese mismo día.
Los delitos por los que se les ha condenado tras un largo juicio de varias horas son: agresión de policías, porte de armas, lanzamiento de piedras a las fuerzas del orden y entrada ilegal al territorio de Marruecos.
Las fuentes precisaron que son muy raros los procesos por el salto ilegal a la frontera y solo se han registrado en contadas ocasiones. Consideraron más grave el hecho de que se desconozca el paradero de los demás subsaharianos devueltos aquel 23 de agosto. No se sabe si los 98 siguen en Marruecos (ni en qué ciudad) o si en algunos casos han sido repatriados a sus países.
Para devolver a los 116 subsaharianos, el ejecutivo español invocó un “acuerdo de readmisión” firmado en 1992 entre los gobiernos de Rabat y Madrid, aunque el gobierno marroquí calificó posteriormente la devolución como una mera “medida” tomada “independientemente del marco jurídico”, en palabras de su ministro portavoz, Mustafa Jalfi.
En aquella comparecencia del 30 de agosto, Jalfi se negó a responder a una pregunta sobre el destino de los 116 emigrantes.
Sin embargo, ese mismo día, y tras una reunión excepcional de los ministros de Interior, Exteriores y Emigración, los embajadores africanos acreditados en Rabat fueron informados de los traslados masivos de inmigrantes desde el norte hacia el sur de Marruecos con vistas a la repatriación definitiva a sus países respectivos.
Sin concretar si en entre ellos se encontraban algunos de los 116, fuentes oficiales cifraron el número de emigrantes trasladados a la fuerza en unos 1.800, una cifra que Amnistía Internacional (AI) ha subido hasta las 5.000 personas.
Si bien el gobierno marroquí ha insistido en que los traslados se han hecho según la legalidad marroquí, han recibido numerosas críticas, no solo de AI, sino también de numerosas organizaciones marroquíes pro derechos humanos, que han denunciado la falta de garantías con que se hicieron (y supuestamente siguen haciéndose) los traslados.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
