Sociedad
La nueva inquisición progresista amenaza a quienes caricaturizan a Serena Williams como una mujer negra enfadada y caprichosa
Mark Night, un periodista gráfico australiano que se ha atrevido a dibujar a la tenista estadounidense Serena Williams lanzando su raqueta contra el suelo en la final del US Open 2018, ha sido tildado de “machista y racista” por algunos de los más destacados representantes de la izquierda cultural global, siempre a la zaga del silbato censor de The Washinton Post o The New York Times. Tantas y tan fuertes han sido las amenazas que Night ha tenido que cerrar todas sus cuentas en las redes sociales.
La caricatura muestra el carácter infantil de una poderosa Serena Williams, mostrando una pataleta de ésta saltando sobre la raqueta y tirando su chupete, mientras al fondo se observa al juez Carlos Ramos diciendo “¿No la puedes dejar ganar?”, dirigiéndose a la rival de Serena, Naomi Osaka, dibujada con un pelo rubio que Knight justificó diciendo que la tenista japonesa se lo tiñe.
“La caricatura es sobre su mal comportamiento en la pista (…) no estoy apuntando a Serena, quiero decir, Serena es una campeona”, dijo Mark Knight, autor de la caricatura publicada el lunes en el periódico australiano ‘Herald Sun’. La caricatura muestra a una fornida Williams en una pataleta saltando sobre la raqueta mientras de fondo se ve al juez Carlos Ramos diciendo “¿No la puedes dejar ganar?” a su rival, Naomi Osaka, dibujada con un pelo rubio que Knight justificó diciendo que la tenista japonesa se lo tiñe.
El dibujo recrea la polémica final del Abierto de Estados Unidos, en la que Williams fue sancionada con dos advertencias, la pérdida de un punto y de un juego posterior por abuso verbal contra el juez de silla, el portugués Carlos Ramos, antes de perder contra Osaka por 6-2 y 6-4. “La dibujé como una mujer afroamericana. Tiene una potente constitución. Viste esos trajes extravagantes cuando juega al tenis. Es interesante de dibujar. La dibujé como es, como una mujer afroamericana”, dijo Knight a la cadena ABC.
Pero a algunos, a los de siempre, nos les ha gustado el dibujo. De hecho, la nueva inquisición de lo políticamente correcto no tardó en responder airadamente. La periodista estadounidense Brenna Edwards, por ejemplo, en un artículo en The Washington Post calificó el dibujo como “ofensivo” y denunció que este “deshumaniza” a la tenista.
Por su parte, JK Rowling, siempre presta a defender todas las tonterías de la progresía mundial, lanzó un tuit en el que afirmaba: “Bien hecho, reducir a una de las más grandes mujeres deportistas vivas a motivos racistas y sexistas y convertir a la segunda más grande mujer deportista en un objeto sin rostro”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
