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«Memoria democrática» que no va a gustar nada a los «liberales»: En 1931 confluyeron dos sectarismos antirreligiosos históricos: el de los liberales y el de los marxistas

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[Exhibición de las momias de las monjas, convento de las Salesas], Paseo de Sant Joan, Barcelona, julio de 1936.

Ayer fueron beatificados cuatro Sacerdotes Operarios, mártires de la Guerra Civil Española, con lo que el número de los beatos y santos asesinados por los socialistas, los comunistas y los anarquistas se eleva a 2.050. Y hay otros mil mártires a la espera de la decisión de Roma.

La Hermandad de los Sacerdotes Operarios fue fundada por el beato Manuel Domingo y Sol (1836-1909). Este sacerdote vio en 1873 las pésimas condiciones en las que vivían los seminaristas de Tortosa en una buhardilla, pasando hambre incluso, porque los revolucionarios de 1868 habían destruido su seminario. Dicha Hermandad tendría como fin la asistencia y la formación de los seminaristas.

La Revolución de 1868 destronó a Isabel II, en cuyo reinado se asentó el régimen liberal en España en el que alternaron en el poder los dos partidos liberales, el partido moderado y el partido progresista, además de La Unión Liberal de O’Donnell, que gobernó desde 1858 a 1863. 

El odio anticatólico del siglo XIX español compite con el de la II República en crueldad y en capacidad homicida

 

Con motivo de los artículos que vengo publicando sobre la persecución religiosa durante la Segunda República y la Guerra Civil, no han faltado lectores que me han preguntado por las causas de la magnitud de esta persecución. Y en estas ocasiones les he dicho que si esa persecución fue tan grave se debió a que los marxistas unieron su odio a la Iglesia Católica con el que venían practicando los liberales desde el siglo XIX. De manera que en 1931 confluyeron dos sectarismos antirreligiosos históricos: el de los liberales y el de los marxistas.

Persecución liberal. En un solo día, el 19 de enero de 1836, Madrid se quedó sin frailes, y la Villa y Corte se convirtió en un anticipo de lo que iba a suceder pocos días después en toda España

 

No cabe duda que sin conocer la Historia de España del siglo XIX, no se puede entender lo ocurrido en el siglo XX. Por lo tanto, esta puede ser una buena ocasión para contar los comienzos de la persecución religiosa en la España Contemporánea.

“Es un hecho que nadie pondrá en duda la impopularidad de los frailes en Madrid, y la repugnancia con que los miran los habitantes de esta Corte”, esta era la compasión que sentía por los religiosos el progresista Salustiano Olózaga, para justificar la extinción de los que habían sobrevivido a las matanzas de años anteriores. En estos términos se dirigía Salustiano Olózaga el 12 de enero de 1836 al ministro del Interior, Martín de los Heros. Cuando hizo esta exposición al Gobierno, Olózaga escribía en su calidad de gobernador civil de Madrid, y líneas más abajo solicitaba al gobierno de Mendizábal que hiciese lo que él no podía, por no tener competencias para ello: «Si, como parece, su duración no podrá ser larga, que desaparezcan inmediatamente y en un solo día». Y así fue, el Gobierno atendió su solicitud, y en un solo día, el 19 de enero de 1836, Madrid se quedó sin frailes, y la Villa y Corte se convirtió en un anticipo de lo que iba a suceder pocos días después en toda España, lo que supuso el cierre de 1.940 conventos y la dispersión de 31.000 religiosos varones, que se quedaron en la calle.

En estos años la Iglesia en España fue sacudida por una persecución religiosa como nunca antes había padecido, los liberales se emplearon a fondo contra ella. Se la persiguió con leyes injustas y con la espada. Segaron la vida de más de un centenar de religiosos, episodio al que Marcelino Menéndez y Pelayo se refiere como “el pecado de sangre”. Hubo por tanto mártires, que todavía hoy permanecen a la espera de un reconocimiento oficial de la Iglesia.

Unos primeros datos pueden dar una idea de las graves consecuencias de esta persecución. En la primera mitad del siglo XIX los efectivos del clero se redujeron en más de la mitad. Según los datos del censo de 1797 a principio del siglo XIX había en España 145.628 personas del clero secular y de los religiosos de ambos sexos. Medio siglo después, pasada la tormenta, restablecidas las relaciones con la Santa Sede y firmado el concordato de 1851, los efectivos eclesiásticos en España eran tan solo 63.361, lo que significa que durante estos años se perdieron 82.361 vocaciones religiosas.

Censo de 1797: había en España 145.628 entre clero secular y regular, de ambos sexos. Medio siglo después, restablecidas las relaciones con la Santa Sede y firmado el concordato de 1851, los efectivos eclesiásticos en España eran tan solo 63.361

 

En el verano de 1833 había en Madrid ochenta conventos, casi a partes iguales entre los masculinos y los femeninos, porque 38 eran de frailes y otros tantos de monjas. Pero cuando el 12 enero de 1836 Olózaga eleva su petición al Gobierno para que desaparezcan en Madrid todos los frailes en un solo día por la repugnancia que le causaban, ya solo quedan 15 conventos masculinos en la capital de España. Esos eran los primeros resultados de la persecución religiosa, que se había iniciado dos años antes.

Paradójicamente, el régimen liberal que se asentó en España tras la muerte de Fernando VII en 1833, y que establecía como ejes de su nueva sociedad la libertad y la tolerancia, se estrenó desatando una persecución religiosa. Unas veces la persecución religiosa fue incruenta, pero persecución, y se llevó a cabo mediante los decretos y las leyes injustas, conculcando así los más elementales derechos que los liberales decían defender. Y en otras ocasiones la persecución fue cruenta.

Nunca se había visto en España nada semejante a lo que sucedió los días 17 y 18 de julio de 1834 en Madrid. Manuel Revuelta ha estudiado todo lo ocurrido con detalle, con rigor y con serenidad. Este es su juicio global: «El 17 de julio no debe solamente considerarse como fecha aciaga en que tiene lugar una hecatombe de vidas humanas, que tanto abundan, por desgracia, en la historia. (…) No se trata solamente de unos frailes menos, en aquella España trágica, desposada con la muerte, que veía perder a sus hijos por la epidemia del cólera o los fusilamientos masivos en la salvaje guerra sin cuartel. El 17 de julio es símbolo de un movimiento de oposición radical a la Iglesia, que desgarra con surco tajante la secular tradición católica de nuestro pueblo».

«No se trata solamente de unos frailes menos, en aquella España trágica, desposada con la muerte, que veía perder a sus hijos por la epidemia del cólera o los fusilamientos masivos en la salvaje guerra sin cuartel. El 17 de julio es símbolo de un movimiento de oposición radical a la Iglesia, que desgarra con surco tajante la secular tradición católica de nuestro pueblo»

 

El convento de San Francisco el Grande junto con el Colegio Imperial de los Jesuitas (actual sede del Instituto San Isidro de Madrid) y los conventos de Santo Tomás y el de la Merced fueron los principales escenarios de un odio a la religión como nunca se había visto en la Historia de España. Los asesinos asaltaron los conventos entre blasfemias, destrozando y robando cuanto encontraban a su paso, dando mueras a Cristo y vivas a Lucifer. Al padre Benito Carrera le acribillaron en el sótano junto con otros doce franciscanos y no fueron las únicas víctimas de San Francisco el Grande, porque otros murieron en el coro, por los claustros y hasta en la enfermería, porque ni siquiera se apiadaron de los que convalecían postrados en la cama. Concretamente, fueron 48 los asesinados en el convento de San Francisco el Grande: 24 sacerdotes, 4 coristas, 12 legos y 8 donados. Y aunque no murió esa noche, puede contarse también entre las víctimas al padre general de los Franciscanos Luis Iglesias. Todos estos acontecimientos se produjeron con la complicidad o, en el mejor de los casos, con la pasividad de las autoridades. Durante la masacre que duró muchas horas, nadie acudió en ayuda de los religiosos y tampoco se investigó lo acontecido para exigir responsabilidades.

El padre Francisco García fue un franciscano que falleció en Toledo el 3 de febrero de 1890 y vivió lo sucedido el 17 de julio de 1834, porque era estudiante en San Francisco el Grande. Redactó lo que él vio en diez hojas de papel de carta, que a su muerte acabaron en poder de una sobrina suya, que a su vez entregó a los franciscanos y las publicaron en 1914.

El convento de San Francisco el Grande junto con el Colegio Imperial de los Jesuitas (actual sede del Instituto San Isidro de Madrid) y los conventos de Santo Tomás y el de la Merced fueron los principales escenarios de un odio a la religión como nunca se había visto en la Historia de España

 

Cuenta Francisco García, que nada sucedió de repente, pues al menos desde el día de San José vivían sobresaltados en San Francisco el Grande y cada noche se registraban los lugares de la iglesia —confesionarios, coro, campanario, etc.— donde alguien se pudiera esconder. El 17 de julio, como cada jueves, salieron de paseo por la mañana y fueron a la Moncloa, donde un hortelano les contó que había corrido la voz por Madrid de que los frailes habían envenenado las aguas y que, por lo tanto, corrían peligro; que había grupos compuestos de populacho y de milicianos nacionales dispuestos a asesinar a los frailes, y que les aconsejaba no regresar a San Francisco el Grande. A pesar de estas noticias y obedeciendo al maestro de novicios, regresaron y de vuelta al convento ya pudieron comprobar que el hortelano no exageraba; en el puente de Segovia se encontraron grupos de milicianos nacionales, que se dirigieron a ellos en estos términos: “Dejadlos, que van como corderos…”.

Cuando llegaron al convento encontraron muy alarmados al resto de los Franciscanos, pues ya habían llegado las noticias de los primeros asesinatos en otros conventos de Madrid, por lo que el superior fue a pedir protección al jefe del Regimiento de la Princesa que estaba acuartelado en San Francisco el Grande, a lo que contestó que antes de que tocaran a un fraile tendrían que pasar por su cadáver y el de sus subordinados. A las ocho de la noche cenaron y después fueron al coro para la bendición con el Santísimo Sacramento, y entonces fue cuando asaltaron el convento.

Los religiosos fueron corriendo al encuentro con el jefe de los soldados en petición del socorro prometido, pero con sorpresa comprobaron que había sido relevado por otro militar. El nuevo mando les manifestó que tenía orden de no hacer resistencia a las masas amotinadas y que ni siquiera les permitían quedarse junto a ellos.

“No hay necesidad de gastar pólvora con esta canalla; a estos tenemos seguros; cuchillada, sablazo, y ¡firme con ellos! Hasta que no quede ninguno”. Las matanzas en San Francisco acabaron a las cuatro de la mañana

 

Comenzó entonces la persecución y la matanza de los frailes por las distintas dependencias del convento, a la vez que saqueaban y robaban cuanto tenía algún valor. En su huida, Francisco García y otro condiscípulo suyo encontraron un balcón abierto que daba a la huerta, desde donde saltaron y desde allí treparon la tapia divisoria con la finca del Duque de Medinaceli, donde se escondieron. Desde su escondite pudieron oír y hasta ver lo que estaba sucediendo, pues era noche de luna llena. Comprobaron que eran los miembros de la Milicia Nacional, no solo porque les vieron, sino también por los comentarios que hacían, entre otros este: “No hay necesidad de gastar pólvora con esta canalla; a estos tenemos seguros; cuchillada, sablazo, y ¡firme con ellos! Hasta que no quede ninguno”. Las matanzas en San Francisco el Grande acabaron a las cuatro de la mañana, que fue cuando cesaron los tiros, los gritos y los murmullos, y quedó el convento en profundo silencio.

Pero los asesinatos del clero no se limitaron a Madrid, sino que era un plan de exterminio en toda España. Según Pirala, la masonería organizó desde Madrid las matanzas de Zaragoza que se llevaron a cabo en dos jornadas, los días 3 de abril y 5 de julio de 1835.

Asaltaron y quemaron los conventos de la Victoria, San Diego, San Agustín, Santo Domingo y San Lázaro y asesinaron a un total de 19 religiosos. Después de lo de Madrid, y al haberse llevado el ataque a los conventos en dos jornadas distintas en Zaragoza, se generalizó la creencia de que a esas dos jornadas sucederían otras más, hasta matarlos a todos, por lo que muchos religiosos abandonaron la ciudad aragonesa, para instalarse en otros conventos en localidades que consideraron más seguras.

De Aragón las matanzas de frailes se extendieron a Cataluña, comenzando por Reus, donde asesinaron a 23 religiosos el día 22 de julio de 1835. La impunidad con la que actuaban los progresistas era tal, que en 1835 ya ni siquiera se escondían. El periódico del partido progresista en Barcelona era El Catalán, dirigido por Pascual Madoz, que preparó la opinión y empujó a los catalanes a la revolución y al crimen, y lo hizo sin tapujos. El 2 de mayo, dicho periódico publicaba unas coplillas en verso, en las que a continuación de dar vivas al motín, y para que encajara la rima, anunciaba que se iba armar la de San Quintín. Consideraba Madoz en sus coplillas que la victoria sobre los carlistas era una cuestión secundaria, —“sobran soldados en el Baztán” decía en un verso— ante la urgencia de hacer la revolución, en la que “había que cortar el cuello a cercén, del fraile mostén”.

Dos años después de los trágicos sucesos del día de Santiago en Barcelona (ardieron seis conventos y murieron asesinados 16 religiosos), Pascual Madoz justificaba las matanzas de frailes desde su escaño de diputado

 

De acuerdo con lo anunciado, los revolucionarios se concentraron en la plaza de toros de la Barceloneta, donde se celebró una corrida el día Santiago. Las reses de don Faustino Zalduendo de Caparroso (Navarra) debieron parecerles mansas a la afición, hasta el punto de que las iras se desataron en el último toro, llamado “El Estudiante”, y decidieron arrastrarlo por las calles de Barcelona con la intención de quemarlo, para lo que utilizaron las puertas de un convento y después del toro quemaron el convento, y después de ese convento otro convento… En conclusión, la tarde del día 25 de julio de 1835 ardieron en Barcelona los conventos de San Francisco, el de los trinitarios descalzos, el de San José, el de agustinos calzados, el de carmelitas calzados y el de Santa Catalina, y murieron asesinados 16 religiosos.

Por su parte, Pascual Madoz interpretaba así los sucesos del día de Santiago en El Catalán cinco días después: «La opinión pública estaba predispuesta contra los regulares, que el pueblo miraba como el foco de rebelión, y en un momento de exaltación inocente, en una diversión pública, esta exaltación se desvió de su primitivo objeto y se manifestó hostil a los conventos, haciendo desaparecer a los moradores en una noche. Son de lamentar, por cierto, algunas desgracias, pero la cordura de las autoridades, ejército y milicia previno otras mayores. Si desgraciadamente se ha derramado sangre española, debemos al mismo tiempo congratularnos de que el pueblo haya respetado las propiedades y las personas de los particulares sin distinción de opiniones».

Dos años después, Pascual Madoz justificaba las matanzas de frailes desde su escaño de diputado. Semejante infamia esta recogida en la página 4.766 perteneciente a la sesión del 16 de julio de 1837 de la legislatura 1836-1837: «Un Gobierno previsor —clamaba Madoz en el Congreso— debió haber conocido que la permanencia de los frailes era un anacronismo, una cosa incompatible con las luces del siglo, y desgraciadamente no lo conoció, y esto obligó en cierta manera al pueblo a hacer por sí la reforma»

 

 

Javier Paredes

Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá

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España

Diferencias en la cobertura mediática según ideología

Descubre las diferencias en la cobertura mediática según ideología. Analiza cómo los medios influyen en la percepción según orientaciones políticas.

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Periodista analizando y comparando diferentes periódicos españoles

La ideología es la variable que mejor explica la selectividad informativa en España. Los medios no se limitan a transmitir hechos: actúan como vehículos ideológicos que seleccionan, encuadran y jerarquizan la realidad según líneas editoriales definidas, configurando dos grandes esferas mediáticas, una progresista y otra conservadora, con audiencias que rara vez se solapan. La investigación empírica sobre exposición selectiva y polarización en España confirma que los ciudadanos con posicionamiento claro en el eje izquierda-derecha consumen medios ideológicamente afines con una probabilidad muy superior a quienes no se ubican en ese eje. Menos del 1 % de los ciudadanos en España ejerce una dieta mediática ideológicamente mixta, mientras que la mayor parte puede considerarse mediáticamente neutral, según datos del CIS. Sin embargo, la polarización mediática es creciente entre quienes sí tienen una identidad ideológica definida.

Las diferencias de cobertura mediática según ideología se manifiestan en tres planos simultáneos:

  • Selección temática (agenda setting): cada medio prioriza los asuntos que refuerzan su marco ideológico y silencia o minimiza los que lo contradicen.
  • Encuadre (framing): el mismo acontecimiento recibe interpretaciones radicalmente distintas según la línea editorial, condicionando la percepción del lector.
  • Desinformación estructural: en casos extremos, la distorsión deliberada del relato constituye una forma de manipulación que va más allá del sesgo ordinario.

Casos como la cobertura de Ada Colau en ABC frente a El País, o el tratamiento de la extrema derecha en medios conservadores y progresistas, ilustran con datos concretos cómo la filiación ideológica del medio determina el tono, el volumen y el encuadre de la información política en España.


¿Cómo opera el sesgo ideológico en la cobertura mediática?

El sesgo mediático se ejerce principalmente mediante tres mecanismos que la investigación académica identifica como centrales en la construcción ideológica del discurso periodístico: la agenda setting, el framing y, en su expresión más extrema, la desinformación.

Expertos analizan estudios sobre la parcialidad en los medios de comunicación

La agenda setting opera en la fase de selección: el medio decide qué temas existen para su audiencia y cuáles no. Un partido político puede protagonizar una semana de portadas en un diario y ser prácticamente invisible en otro, no porque los hechos difieran, sino porque la jerarquía editorial responde a criterios ideológicos. Esta selectividad temática condiciona la percepción pública de manera más profunda que cualquier editorial explícito, precisamente porque el lector no percibe la omisión como una decisión editorial.

El framing actúa en la fase de presentación. Un mismo dato económico puede encuadrarse como «fracaso de la gestión gubernamental» o como «resultado de la herencia recibida», dependiendo de la línea del medio. Estudios con técnicas de procesamiento del lenguaje natural, como TF*IDF y word2vec, han detectado que durante campañas electorales los medios españoles tienden a asociar candidatos con extremismos, eclipsando propuestas concretas y amplificando la polarización afectiva.

La desinformación representa el tercer nivel, cualitativamente distinto. Watzlawick fue el primero en usar el término para referirse a la distorsión intencional del relato en función de la sensibilidad editorial de cada medio: elegir de qué hablar y de qué no, dar más o menos recurrencia a ciertos hechos, o usar palabras e imágenes con carga emocional calculada. Según el análisis académico sobre ideología y desinformación, hay ideología en los medios que retrata de forma subjetiva la realidad, y eso afecta a la percepción de la sociedad de manera directa.

  • Agenda setting: selección de temas según prioridades ideológicas.
  • Framing: encuadre del mismo hecho con interpretaciones opuestas.
  • Desinformación: distorsión deliberada del relato para alinear la percepción con intereses editoriales.
  • Gestión emocional: los medios calculan los efectos cognitivos y emocionales que sus decisiones narrativas provocan en la audiencia para generar adhesión o rechazo.

Consejo profesional: Para identificar el mecanismo activo en una noticia concreta, compara la misma información en al menos dos medios de línea editorial opuesta y observa qué elementos aparecen, cuáles se omiten y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción. Puedes profundizar en esta técnica en la guía de agenda mediática oculta de Alerta Nacional.


La polarización mediática y sus efectos en la sociedad española

La polarización mediática en España no es solo un fenómeno de oferta: se reproduce en el comportamiento de las audiencias. La investigación sobre selectividad y polarización de audiencias distingue dos procesos conceptualmente diferentes que conviene no confundir: la polarización de audiencias, referida a la estructura de la oferta mediática y sus distintos públicos, y la polarización mediática propiamente dicha, que describe el proceso individual por el cual los ciudadanos restringen progresivamente su dieta informativa a medios ideológicamente afines.

El perfil del ciudadano mediáticamente polarizado en España presenta rasgos consistentes. Los hombres, las personas de mayor edad y quienes tienen ingresos más altos muestran mayor probabilidad de consumir dietas informativas restrictivas. Pero la variable más determinante es la ideológica: quienes se ubican con claridad en el eje izquierda-derecha, están afiliados a partidos o participan activamente en elecciones presentan una selectividad ideológica notablemente superior al resto.

Las cámaras de eco que resultan de este proceso tienen consecuencias directas sobre el debate público. Cuando la opinión publicada en un medio está alineada con su línea editorial, el efecto de resonancia es idéntico al que se produce en redes sociales: el lector no busca información objetiva, sino un enfoque de la realidad que confirme su percepción previa. La confianza en los medios se fragmenta según la ideología del receptor, y el debate público pierde el suelo común necesario para el contraste de argumentos.

Un dato relevante: la polarización mediática no es simétrica entre ideologías. Los efectos marginales muestran una ligera mayor diferencia entre quienes se sitúan en el centro-izquierda y la izquierda, aunque sin la solidez estadística suficiente para establecer un patrón definitivo. Lo que sí confirman los datos es que el extremismo ideológico, entendido como posicionamiento en los extremos del eje, no es el motor principal de la selectividad: la mera declaración de una identidad ideológica, incluso moderada, ya aumenta la probabilidad de consumo restringido.


¿Cómo cubren los medios españoles a la extrema derecha y otros grupos ideológicos?

El tratamiento mediático de la extrema derecha en España varía de forma sistemática según la línea editorial del medio, con diferencias observables en tono, volumen de cobertura y encuadre. Los medios progresistas tienden a asociar a estos grupos con conceptos de riesgo democrático y extremismo, mientras que los conservadores suelen presentarlos como una opción política legítima dentro del espectro parlamentario, cuando no como una respuesta comprensible a demandas ciudadanas ignoradas.

Manos tecleando junto a informes políticos

El estudio sobre la cobertura de mujeres políticas en ABC y El País ofrece uno de los análisis más precisos disponibles sobre cómo la ideología del medio determina el tono editorial. En ese trabajo, Ada Colau (líder de izquierdas) recibió una cobertura negativa destacada en ABC, mientras que en El País la polaridad positiva hacia ella fue notable. Inés Arrimadas (liberal) obtuvo mayor cobertura positiva en ABC que en El País. La diferencia no responde a los méritos o deméritos de cada política, sino a la distancia ideológica entre el medio y el sujeto cubierto.

Política Medio Cobertura negativa Cobertura positiva
Ada Colau ABC
Ada Colau El País
Inés Arrimadas ABC
Inés Arrimadas El País

Este patrón se replica en el análisis de portadas durante las elecciones generales de 2023, donde los medios principales otorgaron mayor espacio a los partidos grandes, con diferencias apreciables en la valencia positiva o negativa según el partido y el diario. El análisis computacional de discurso electoral confirma que los encuadres negativos y polarizadores predominan sobre la cobertura de propuestas programáticas concretas.

Consejo profesional: Cuando analices la cobertura de un partido o líder político, examina no solo el número de noticias sino la proporción de piezas de opinión frente a informativas: la opinión es donde el sesgo ideológico se manifiesta con mayor intensidad y menor disimulo.


¿Qué dice la investigación académica sobre ideología y polarización mediática?

La conceptualización más influyente en el análisis del discurso mediático es la de Teun van Dijk, para quien la ideología es un conjunto básico de creencias compartidas por grupos sociales que los medios emplean para generar y gestionar opiniones, diferencias y conflictos. Esta definición desplaza el foco del partido político al sistema de creencias subyacente, lo que permite analizar el sesgo mediático incluso cuando un medio no tiene una afiliación partidista explícita.

El modelo de Hallin y Mancini sitúa a España dentro del sistema de «pluralismo polarizado», caracterizado por una fuerte vinculación entre medios y partidos políticos, baja autonomía profesional del periodismo respecto al poder político y una tradición de paralelismo político en la prensa. Este marco teórico explica por qué la polarización mediática española es estructuralmente más intensa que en sistemas del norte de Europa, donde la prensa desarrolló una tradición de mayor independencia editorial.

La relación entre propiedad, financiación y línea editorial es otro eje central del análisis académico. Los grupos mediáticos con vínculos accionariales o publicitarios con determinados sectores económicos tienden a alinear su cobertura con los intereses de esos sectores, lo que añade una dimensión económica al sesgo ideológico que va más allá de la mera preferencia política de los directivos. La percepción pública del sesgo no siempre coincide con el comportamiento editorial real: medios asociados a la derecha pueden criticar a líderes conservadores en determinados contextos, y viceversa, lo que complica la identificación del sesgo por parte del lector ordinario.

Contribuciones académicas recientes relevantes para el análisis del sistema mediático español:

  • Van Dijk (2003): ideología como sistema cognitivo de creencias que estructura el discurso mediático.
  • Hallin y Mancini (2004): modelo de pluralismo polarizado aplicado a España y el sur de Europa.
  • Investigación sobre exposición selectiva en España: relación entre ideología declarada y restricción de la dieta informativa.
  • Análisis computacional con NLP sobre sesgo en discurso electoral en medios españoles.
  • Estudio sobre ideología como forma de desinformación: propuesta de herramienta de medición de sesgos con variables de contenido, económicas y políticas.

Selectividad ideológica en medios españoles y su impacto en la percepción electoral

La metodología empleada en los estudios sobre dietas mediáticas en España opera mediante una escala que clasifica el consumo de medios en un rango de valores, desde el consumo exclusivo de medios progresistas hasta el consumo exclusivo de medios conservadores, pasando por posiciones intermedias que reflejan mayor heterogeneidad. La clasificación ideológica de cada medio se establece a partir de la media de autoubicación ideológica de su audiencia, lo que permite construir una variable de dieta mediática que agrega el consumo en prensa impresa, radio, televisión y prensa digital.

Los resultados de esta metodología revelan un patrón consistente: la ideología, más que el interés por la política o el nivel de ingresos, es la variable que mejor predice la restricción de la dieta informativa. Los ciudadanos con menor apego a la política y a las instituciones muestran menor probabilidad de ejercer selección de medios afines, mientras que los más politizados concentran su consumo en fuentes ideológicamente coherentes con sus predisposiciones.

Variable Efecto sobre la selectividad mediática Observación
Ideología declarada Alto Variable más explicativa del consumo restringido
Interés por la política Moderado-alto Mayor interés correlaciona con mayor selectividad
Afiliación a partido Moderado Refuerza la restricción ideológica de la dieta
Ingresos personales Moderado Mayor renta asociada a mayor restricción
Extremismo ideológico No confirmado No hay patrón claro de mayor restricción en los extremos

El impacto de esta selectividad en la percepción electoral es directo. Quien consume exclusivamente medios de una línea ideológica recibe una imagen del adversario político construida por fuentes hostiles, lo que amplifica la percepción de amenaza y reduce la disposición al acuerdo. La polarización de audiencias no produce necesariamente ciudadanos más radicales en sus posiciones, pero sí ciudadanos con una imagen más distorsionada del campo político contrario.

  1. Clasifica los medios que consumes según la autoubicación ideológica de su audiencia, no según tu percepción subjetiva de su línea editorial.
  2. Mide la heterogeneidad de tu dieta informativa: ¿consumes al menos un medio cuya audiencia se ubica en el lado opuesto del eje ideológico al tuyo?
  3. Distingue entre noticias y opinión dentro de cada medio: el sesgo es más intenso y menos disimulado en las piezas de opinión.
  4. Contrasta la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta antes de formarte una opinión definitiva.

Consejo profesional: La herramienta más eficaz para detectar tu propia burbuja informativa no es leer más, sino leer distinto. Incorporar regularmente un medio de línea editorial opuesta a la tuya no implica aceptar su marco, sino disponer de la información necesaria para cuestionarlo.


¿Cómo influyen la propiedad y la financiación en el sesgo ideológico de los medios?

La estructura de propiedad de los grupos mediáticos españoles es uno de los factores que más condiciona la línea editorial, aunque también el menos visible para el lector ordinario. Los grandes conglomerados mediáticos mantienen vínculos accionariales con sectores financieros, energéticos y de construcción cuyos intereses regulatorios y fiscales dependen directamente de las decisiones del gobierno de turno. Esta dependencia económica crea incentivos estructurales para alinear la cobertura con las posiciones del poder político que favorece esos intereses, independientemente de la ideología declarada del medio.

La financiación publicitaria institucional, es decir, la publicidad contratada por administraciones públicas, partidos y organismos estatales, añade otra capa de condicionamiento. Un medio que recibe una proporción significativa de sus ingresos de la publicidad institucional de un gobierno autonómico o central tiene razones económicas concretas para moderar su cobertura crítica de ese gobierno. La propuesta académica de una herramienta de medición de sesgos contempla explícitamente variables económicas y políticas junto a las de contenido, precisamente porque el sesgo ideológico no puede entenderse sin la estructura de incentivos que lo sostiene.

La concentración de la propiedad mediática en España ha reducido la pluralidad real de voces, aunque la proliferación de medios digitales ha creado nuevos actores con estructuras de financiación distintas. Medios nativos digitales como eldiario.es o El Confidencial carecen de editorial corporativa explícita, pero mantienen líneas editoriales reconocibles que sus audiencias identifican con claridad. La ausencia de editorial formal no equivale a ausencia de sesgo: la subjetividad persiste en la selección de temas, en las fuentes consultadas y en el encuadre de la información, a veces de forma más acentuada que en los medios tradicionales. Entender cómo los incentivos mediáticos afectan la cobertura es indispensable para leer cualquier medio con criterio.


Los algoritmos de redes sociales y su efecto en el consumo ideológico de noticias

Las plataformas de distribución de contenido, desde X (antes Twitter) hasta YouTube o TikTok, amplifican los sesgos ideológicos preexistentes mediante sistemas de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. El algoritmo no tiene ideología propia, pero sí un objetivo claro: mostrar el contenido que genera más reacción. Y el contenido ideológicamente cargado, especialmente el que provoca indignación o confirmación de creencias previas, genera más reacción que el informativo neutro.

El resultado es una aceleración del proceso de segregación mediática que los estudios sobre dietas informativas detectan en el consumo tradicional. Un usuario que interactúa con contenido de una línea ideológica recibe más contenido de esa misma línea, lo que reduce progresivamente su exposición a perspectivas distintas sin que medie ninguna decisión consciente de su parte. La influencia de los algoritmos en la percepción pública opera de forma más opaca que la línea editorial de un periódico, precisamente porque el usuario no percibe el mecanismo de selección al que está sometido.

La interacción entre medios tradicionales y redes sociales ha creado además un ciclo de retroalimentación: los medios producen contenido diseñado para circular en redes, lo que incentiva los titulares polarizadores y el encuadre emocional sobre el análisis reposado. La viralidad se convierte en criterio editorial, y los formatos que generan más comparticiones, generalmente los más ideológicamente cargados, reciben más recursos de producción. Este fenómeno afecta tanto a medios progresistas como conservadores, aunque con diferencias en los temas y los marcos que cada uno privilegia para maximizar su alcance digital.


La evolución histórica de las divisiones mediáticas ideológicas en España

El paralelismo político entre medios y partidos en España tiene raíces históricas que preceden a la democracia actual. Durante la Segunda República, la prensa española estaba abiertamente alineada con posiciones políticas definidas, y el franquismo consolidó un modelo de control estatal de la información que eliminó cualquier pluralismo real durante cuatro décadas. La Transición no produjo una ruptura limpia con ese modelo: los medios que surgieron o se reconvirtieron en los años setenta y ochenta lo hicieron con vínculos explícitos con partidos, sindicatos o grupos empresariales con intereses políticos concretos.

El País nació en 1976 con una orientación claramente progresista y europeísta que reflejaba el consenso de la Transición entre las élites intelectuales y políticas de centro-izquierda. ABC mantuvo su tradición monárquica y conservadora. La irrupción de nuevos actores en los años noventa, como El Mundo, añadió una línea editorial diferenciada que combinaba el conservadurismo con una vocación de denuncia política que la situaba en posición de competencia directa con el PSOE. Esta arquitectura mediática, consolidada antes de la llegada de internet, sigue siendo el esqueleto sobre el que se construye la polarización actual.

La fragmentación del sistema de partidos a partir de 2015, con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y posteriormente Vox, obligó a los medios a redefinir sus alineamientos. Algunos lo hicieron con rapidez y coherencia; otros oscilaron según la coyuntura electoral, lo que confirma la observación académica de que la percepción ideológica de un medio no siempre coincide con su comportamiento editorial real en momentos concretos. La realidad del sesgo mediático es más compleja y contextual que la etiqueta fija que el lector suele asignarle a cada cabecera.


España frente a otros países: ¿es el sesgo ideológico especialmente intenso aquí?

El modelo de pluralismo polarizado que Hallin y Mancini identificaron en España, Italia, Portugal y Grecia se distingue del modelo liberal anglosajón y del modelo democrático corporativo del norte de Europa precisamente por la intensidad del paralelismo político. En los sistemas del norte, la prensa desarrolló una tradición de mayor distancia respecto al poder político, con mecanismos de autorregulación profesional más consolidados y una financiación menos dependiente de la publicidad institucional.

En el contexto latinoamericano, el estudio de la cobertura de las elecciones presidenciales argentinas de 2023 en medios como Clarín, La Nación, Infobae y El Destape muestra procesos de selección, omisión y priorización de información que son estructuralmente similares a los observados en España, aunque con particularidades propias de cada sistema político. La influencia de los medios en la comunicación política y el proceso de legitimación a través del discurso público son fenómenos compartidos en los sistemas de pluralismo polarizado, independientemente del país.

Lo que distingue a España dentro de ese modelo es la combinación de una polarización política especialmente intensa desde 2015, una estructura de propiedad mediática concentrada y una dependencia significativa de la publicidad institucional. El resultado es un sistema donde las diferencias de cobertura mediática según ideología son más pronunciadas y más estables que en sistemas con mayor autonomía profesional del periodismo. Identificar ese sesgo requiere herramientas de análisis crítico que vayan más allá de la intuición: la guía para identificar sesgo mediático de Alerta Nacional ofrece un punto de partida metodológico para ese análisis.


Cómo analizar críticamente el sesgo ideológico en los medios que consumes

Detectar el sesgo ideológico en la prensa española exige un método, no solo una actitud de desconfianza general. La desconfianza sin criterio produce el efecto contrario al deseado: el lector que rechaza todos los medios por igual termina siendo más vulnerable a la desinformación, no menos. El análisis crítico requiere herramientas concretas aplicadas de forma sistemática.

El primer paso es identificar la línea editorial del medio, no a partir de su autopresentación, sino a partir de la autoubicación ideológica media de su audiencia y de sus vínculos de propiedad y financiación. El segundo es distinguir entre géneros periodísticos: la noticia, el reportaje, la crónica y la opinión tienen convenciones distintas, y el sesgo opera con diferente intensidad en cada uno. La opinión es donde el encuadre ideológico se manifiesta con mayor claridad y menor disimulo; la noticia es donde el sesgo se ejerce de forma más sutil, a través de la selección de fuentes y la jerarquía de la información.

El tercer paso es la comparación sistemática. Contrastar la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta permite identificar qué elementos aparecen en uno y no en el otro, qué fuentes se consultan y cuáles se ignoran, y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción, y su identificación es el primer paso para una lectura informada. Alerta Nacional ha desarrollado un análisis detallado sobre cómo se manipula la opinión pública que complementa este enfoque metodológico.


Si quieres ir más allá del análisis y disponer de herramientas concretas para descifrar la propaganda mediática en España, la guía para ciudadanos de Alerta Nacional ofrece un marco de análisis riguroso y actualizado para identificar los mecanismos de manipulación en los medios convencionales.

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Puntos clave

La ideología es la variable más determinante de la selectividad informativa en España, configurando dos esferas mediáticas con audiencias que rara vez se cruzan.

Punto Detalles
Ideología como variable principal Los ciudadanos con identidad ideológica definida consumen medios afines con probabilidad muy superior a quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha.
Dieta mediática mixta casi inexistente Menos del 1 % de los ciudadanos ejerce un consumo ideológicamente heterogéneo, según datos del CIS y estudios recientes sobre polarización mediática en España.
Framing y agenda setting como mecanismos centrales El sesgo opera principalmente mediante la selección de temas y el encuadre, no solo mediante la desinformación explícita.
Cobertura diferenciada según ideología del medio En ABC, Ada Colau recibió un — de cobertura negativa; en El País, Inés Arrimadas obtuvo un — de cobertura negativa, patrón inverso al esperado sin sesgo.
Propiedad y financiación condicionan la línea editorial Los vínculos accionariales y la publicidad institucional crean incentivos estructurales que van más allá de la preferencia política de los directivos.

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