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España firma un partido pluscuamperfecto para derrotar a Serbia y se cruzará con Polonia en cuartos
Serbia, la sensación del Mundial hasta el momento, casi reclamaba por petición popular el trono de mejor equipo del planeta, pero su coronación tendrá que esperar. España firmó un partido pluscuamperfecto para derrotar al gran favorito a colgarse el oro (81-69) y reivindicarse como candidato, al menos, a subir al podio. Los de Scariolo, como ante Italia, volvieron a exhibir una defensa superlativa y, además, recuperaron su idilio con el aro (seis triples en el segundo acto) para domar a la bestia, que se aferró a un gran Bogdanovic como único recurso., pero no le bastó. España se metió en cuartos por la puerta grande, se enfrentará el martes a Polonia en busca de las semifinales y, si gana, evitaría a Estados Unidos en semifinales. Jugada perfecta.
Por primera vez España tuvo un buen comienzo de partido. Scariolo sacó de inico a Oriola en lugar de Claver y el azulgrana se reivindicó con seis puntos seguidos para que España llevase el mando (6-4, min 3), lo cual era noticia en este Mundial. En defensa se aplicó para gripar el arsenal ofensivo serbio, y por momentos lo consiguió. Hasta que apareció Bogdanovic. El escolta de los Kings decidió tirar por la calle de enmedio para disolver la presión española con nueve puntos que devolvieron el mando a los suyos (11-20, min 20).
España volvía a estar negada en los tiros y con la defensa no le llegaba para competir con una potencia como Serbia. Se demostró en el segundo acto cuando, inesperadamente, los tiros comenzaron a entrar. El 2+1 de Willy en la primera jugada tras un mate en la cara del gigante Marjanovic (2+1) fue una declaración de intenciones de que su equipo no se rendía.
Rudy y Llull vieron la luz desde el triple para liderar un parcial de 15-2 (26-22, min 13) y encendieron la luz de la confianza para todo su equipo. Ellos abrieron la veda y luego llegaron los triples de Juancho (en la cara de su amigo Jokic), dos más de Ricky, que tras un inicio gris se subió al carro, y otro postrero de Llull. España, además, mordía en defensa (sublimes Rudy y Claver, como siempre), y su escapada fue fulgurante (38-29, min 29).
Ni siquiera una técnica a Scariolo reanimó a los serbios, que en el segundo acto fueron un pelele en manos de una España superlativa, que cerró el acto con un contundente (32-17). Y porque Bogdanovic evitó una sangría mayor al final para los suyos con dos acciones individuales. En esos 10 minutos los españoles redujeron a cenizas al que estaba siendo el Dream Team del Mundial, que por segunda vez en cinco partidos no llegaba a 20 puntos en un cuarto.
Tras el descanso, el guión español dio un giro inesperado, pero en la senda del final feliz con la irrupción definitiva en el partido de Marc Gasol y Ricky, hasta entonces encogidos. Entre ambos se echaron al equipo a la espalda al tiempo que la intensidad defensiva rayaba la perfección con Rudy en capitán general. Y Serbia, que en el minuto 23 había perdido a Jokic tras una técnica y una posterior descalificante, se desmoronó (63-42, min 26).
El partido parecía encarrilado, pero los de Djordjevic tiraron de orgullo y del talento de Bogdanovic (de ambos tienen para dar y tomar) y salieron del coma con un parcial de 4-16, al que también contribuyó el tosco Milutinov (67-58, min 31). La ventaja española parecía esfumarse, pero Rudy, enorme todo el partido, y Llull con un triple, pararon por momentos la hemorragia (72-58, min 33).
No duró mucho la sutura, porque el ataque español, con el ánimo de no precipitarse, se espesó, y Bogdanovic, no podía ser otro, estrechó el cerco de nuevo con cinco puntos seguidos (72-63, min 35). Ricky y un 2+1 de Claver inyectaron oxígeno en vena a la resistencia española (77-65, min 36). Pero de nuevo Bogdanovic, con un triple, hizo soñar a los suyos (77-68 a 3.50).
El final se le hizo eterno a España hasta que el rocoso Raduljica quiso ser el héroe y erró tres ataques seguidos, y Ricky y Claver sentenciaron un triunfo tan sufrido como merecido de España.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
