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La obscena sumisión de la derechita cobarde a Pedro Sánchez: Ni Feijóo ni el Presidente apoyan a la farmaceutica gallega Pharmamar, propietaria del fármaco más eficaz contra el COVID

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Ni Sánchez ni Feijóo apoyan a Fernández Sousa (presidente de PharmaMar) y a su Aplidin

Esto es España: ni Sánchez ni Feijóo apoyan a Fernández Sousa y a su Aplidin, considerado el tratamiento más eficaz contra el covid.

José María Fernández Sousa-Faro (en la imagen superior) no le cae bien a su paisano, Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia. Tampoco al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente gallego ha visitado La Moncloa y descubierto que Sánchez y él son dos almas gemelas. Por ejemplo, ninguno de los dos está dispuesto a apoyar a PharmaMar y su Aplidin, el antiviral que puede detener el impacto del covid.

Feijóo visitó Moncloa el pasado viernes 29 y se entrevistó con el gran hombre. Ni uno ni otro hablaron de PharmaMar, a pesar de que Aplidin ya tiene su ratificación en revistas científicas de primer nivel como Science.

Además, recuerden que con el coronavirus se ha trastocado la evolución habitual de la ciencia cuando surge una epidemia: primero los tratamientos, que curan, luego la vacuna que inmuniza por un tiempo razonable. No al revés.

El progresismo de Núñez Feijóo es el mismo que el de Sánchez: antes prohibir que curar

Pues bien, el Aplidin es un terapia que pudiera resultara tan útil o más que las vacunas, porque la gente sigue muriendo.

Y así, mediodía del viernes 29 de enero, se pregunta a Núñez Feijóo por qué su Gobierno no apoya a PharmaMar y, para sorpresa de muchos, el presidente gallego emplea tres veces el condicional: “Si tuviéramos un tratamiento -pero si es lo que tiene PharmaMar con el Aplidin-; “si tuviéramos un antibiótico” para evitar neumonías -el Aplidin-; si tuviéramos un tratamiento que redujera el impacto del virus -pero si eso es lo que ofrece PharmaMar-.

Pero como no tienen nada de eso, Feijóo se dedica a encerrar a los gallegos en su casa e incluso se molesta cuando se le recuerda la ecuación de la lucha contra el covid: más restricciones no implica menos muertos. Y no obstante: los políticos se empeñan en más restricciones… para vencer al virus.

La ecuación de la lucha contra el covid: más restricciones no implican menos muertos

¿Será que los españoles somos idiotas y no valoramos más lo nuestro que lo foráneo? De otra forma, no se entiende que el Gobierno gallego y el Gobierno central no se hayan volcado en el apoyo y promoción de PharmaMar.

 

Fuente: Hispanidad

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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»

Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».

Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.

En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.

Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.

Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.

El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.

Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.

Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.

Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.

Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

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