España
Ortega Smith acusa al PNV de pactar con Hitler y afirma que Vox hará «lo posible» por ilegalizarlo
Vox y el PNV se han vuelto este sábado a enzarzar en el debate electoral a ocho que celebra La Sexta. El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, ha acusado a los nacionalistas vascos de haber pactado con Adolf Hitler y el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteba, ha censurado a los de Santiago Abascal de tener a Francisco Franco como «referente».
El primero en tomar la palabra en el debate ha sido Esteban para explicar por qué negó este viernes el saludo a su homólogo de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, tras el debate electoral que tuvo lugar este viernes en Televisión Española.
El nacionalista vasco ha dicho no entender la «hipocresía» de tener que dar la mano a un diputado que le tachó de «racista» a él y a su partido, que aboga por ilegalizar el PNV y por suprimir la autonomía vasca y que tiene como «referente» al «dictador Francisco Franco».
Esteban ha querido dejar claro que no pueden llamar «racista» a un partido con 124 años de trayectoria, como el PNV, que ha sufrido la dictadura y el exilio y que durante su existencia siempre ha estado «del lado de la democracia y la libertad».
Esteban ha acusado al partido que lidera Santiago Abascal de estar «en contra de la libertad y por la represión» y de no ser un partido «realmente democrático». «En Europa a estos partidos se les hace un cordón sanitario y aquí se les intenta blanquear, pero son lo que son: franquistas», ha insistido.
«HAREMOS LO POSIBLE POR ILEGALIZAR AL PNV»
Frente a esto, el ‘número dos’ de Vox, Javier Ortega Smith, se ha reafirmado en que el PNV es un partido cuyo fundador, Sabino Arana, es «el mayor racista, xenófobo y esquizofrénico», e incluso les ha acusado de haber pactado con Adolf Hitler «para que les ayudara en la Guerra Civil».
«El PNV todo el mundo sabe lo que es. Recogía las nueces de los palos que daba ETA», ha denunciado Ortega Smith en su réplica, en la que ha aprovechado para advertir de que en Vox harán «lo posible» por ilegalizarlo.
Enseguida estas palabras han encontrado respuesta en Esteban, quien no ha querido sacar «más cosas» de Vox pero a los que sí ha querido dejar claro que quien reunió en Hendaya con Hitler fue precisamente Franco, «su héroe».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
