España
Sánchez y Casado: campañas paralelas para pedir el voto útil a izquierda y derecha con duros reproches
Las campañas de Pedro Sánchez y Pablo Casado están siendo paralelas en algunos aspectos. Coincidieron en Sevilla en el arranque de campaña de las elecciones generales y eligieron Vitoria para el primer día de ruta electoral. La geográfica no es la única coincidencia: ambos están centrando los primeros días de campaña en lanzar un mensaje a los votantes para atraer el voto útil en cada uno de sus bloques. O gobierna uno o gobierna el otro, dicen, reconociéndose los dos como los únicos candidatos que pugnan verdaderamente por La Moncloa.
Este sábado no han estado tan cerca- el primero ha dado mitin en Mislata (Valencia) y el segundo en Lalin (Pontevedra)- pero no han parado de lanzarse pullas en una suerte de cara a cara a distancia, ‘duelo’ que Casado ha pedido en campaña y que Sánchez le ha negado, aunque sí se medirán en el debate a cinco de este lunes en RTVE.
El socialista ha pedido que «ningún voto caiga en saco roto» llamando al «único voto útil» por la izquierda y ninguneando a las «muchas siglas» por la «pretendida izquierda»- en alusión a Unidas Podemos y Más País-; mientras que el ‘popular’ ha ido en esa línea, para pedir también aglutinar el voto conservador en el PP y huir de la fragmentación del bloque vivida el 28A. La portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, llegó a decir este viernes en el debate a siete en RTVE que votar a Ciudadanos y a Vox era «tirar el voto».
Sánchez, a Casado: «Para llegar al poder está dispuesto a pactar con Vox»
Sánchez y Casado, protagonistas este sábado de la campaña ante la ausencia de actos de Albert Rivera y Pablo Iglesias, se venden en los actos de campaña como los únicos candidatos capaces de sacar a España del bloqueo. En este punto, Casado culpa principalmente a Sánchez de la inestabilidad política y el bloqueo institucional, mientras que Sánchez reparte culpas centrándose más en Podemos que en PP.
Este sábado el líder del PSOE ha vuelto a preguntar a Pablo Iglesias si va a bloquear por quinta vez su investidura.
«Desbloqueo» es una de las palabras que Sánchez y Casado repiten en sus mítines para apelar a la «estabilidad» que solo sus gobiernos, dicen, podrían aportar a España. El socialista echa en cara a Casado que para llegar al poder esté dispuesto a pactar con la ultraderecha y el ‘popular’ le espeta a Sánchez su «‘Gobierno Frankenstein’ con Podemos e independentistas» y, de paso, lanza un dardo a Albert Rivera diciendo que «ahora sí, está dispuesto a pactar con Sánchez».
Cree Casado que al PSOE le viene bien la visibilidad de Vox para «dividir ese voto»- y vuelve a hablar de la extraña pinza PSOE-Vox- y el socialista dice que el PP ha «unido su destino a la ultraderecha».
El candidato del PSOE también ha lanzado duras críticas contra el PP por orquestar supuestamente una campaña en redes sociales -los ‘populares’ se desmarcan- con falsos perfiles que se hacen pasar por votantes de izquierdas desencantados para convencer al resto de que no vayan a votar o si lo hacen, no apoyen al PSOE.
Casado se ve con «opciones de gobernar»
El líder del PP se ve con «las mismas opciones para gobernar» que el líder socialista porque puede «dialogar, negociar y pactar» como ha hecho a nivel autonómico y local, virtud que no ve en Sánchez «que no querido pactar desde abril».
«Solo el PP puede echar a Sánchez», repiten una y otra vez los ‘populares’, para pedir a los indecisos que confíen en su proyecto y no vuelvan a dividir el voto de centro derecha en esta «segunda oportunidad».
Desde PP y PSOE también coinciden en apelar a la responsabilidad del votante, el que, dicen, «entienden» que esté «harto» aunque piden un último esfuerzo para lograr un mismo objetivo: el de Sánchez, seguir en La Moncloa; y el de Casado, entrar.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
