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Opinión

La Vida

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(Un cúmulo de casualidades concatenadas, como para sospechar que alguien todopoderoso tiene interés en que funcione lo mejor posible)

Apareces en la hora que te toca de un día, de un mes, de un año, en un lugar determinado de un planeta que se llama Tierra y que es uno de los nueve que giran en torno a una estrella enana amarilla –el tercero y de los medianos- que conocemos como Sol y que se ubica en un universo que no permite ver su final. Eso sí, nos dicen que estamos en una galaxia –una más de los millones de ellas que parecen existir- que se llama la Vía Láctea o Camino de Santiago, que la forman doscientos mil millones de estrellas, calculadas a ojo de buen cubero y otros astros –planetas, satélites y vete a saber cuáles más- innúmeros. Es la razón vital que dice Ortega y de la que emana todo lo demás, sucesivo y concatenado.

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Somos un animal mamífero. Los seres humanos no lo olvidemos, formamos parte de la biodiversidad terrenal. No en vano, velis nolis y mal que nos pese, taxonómicamente, somos parte del reino Animalia, del subreino de los Metazoa, del phyllum de los Cordata, del subphyllum de los Vertebrata, de la clase de los Mammalia, del grupo de los Eutherios ó Placentarios, del orden de los Primates, del suborden Anthropoidea (Haplorrini), del infraorden Simiiformes, del parvorden Catharrini (Viejo Mundo), de la superfamilia Hominoidea, de la familia Hominidae, de la subfamilia Homininae, de la tribu Hominini, del género Homo y de la especie Sapiens. Esto último es esperanzador y debiera ser sinónimo de responsabilidad.

Nacemos de una madre, una hembra que nos sufre nueve meses –o doscientos setenta días- en su cavidad abdominal, aportándonos alimento y medios de formación física y crecimiento de su propia sangre, por haber tenido que ver en amores y sexo con un padre, que normalmente asiste a la fiesta y colabora en nuestra bienvenida. Hemos sido invitados a la vida, sin nuestra anuencia, por lo que hay que presumir que supone un beneficio y que Alguien ha optado por nosotros porque es bueno. Estamos supeditados ya al tiempo y al espacio, y a una durabilidad.

Cuando nacemos comienza a correr para cada uno algo que llamamos tiempo, que no sabemos lo que es, pero que condiciona nuestra vida, nuestra edad –tempus fugit- y que se relaciona con lo que llamamos espacio, distancia y duración, y así entendemos algo de su sustancia, que no es mucho.

Nuestra madre viene preparada para alimentarnos en los primeros meses con algo adecuado a nuestra frágil condición infantil. Procedemos de dos progenitores, estos de otros dos cada uno, y así sucesivamente cada antecesor –dándose la paradoja de que cuanto más vamos hacia atrás procedemos de más gente, cuando son menos los habitantes- por lo que arrastramos una genética compleja que huye de la endogamia cuasi-incestuosa que tuvo que haber en un principio y difícilmente coincidente, así que lo normal es no parecernos a nadie, y resultar únicos e irrepetibles para nuestro bien o para nuestro mal, aunque perpetuemos rasgos propios de ese acúmulo.

Es la historia mendeliana de los guisantes, que se complica a cada paso y que poco a poco, a lo largo de años y años, se ha comprobado que existe una genética prodigiosa en nuestras células y una cadena de ADN en ellas, propia de cada cual, a manera de código individual. Todo a partir de una pareja de células, que unidas forman una sola que se divide y subdivide continuamente hasta ser millones y darnos forma humana en 3D, y conformar un ser, una persona, que va a salir a la vida desde el calor de una madre y continuar en marcha hasta que alguien le llame a capítulo.

Nuestro corazón late durante muchos años, y nos parece algo normal y resulta que somos un 71% de agua y unos cuantos elementos. El 29% restante es la suma de carbono que supone el 23%, de nitrógeno, calcio y fósforo el otro 6% y un 1% restante de esos 29%, lo componen tres docenas de elementos en cantidades mínimas, que en una droguería no nos costarían mucho más allá de cinco o seis euros, si no menos, por el tiempo en hacer paquetitos, más que por el producto en sí. ¿Otra casualidad, obtener tanto con tan poco?

En este mundo galáctico se miden las distancias por años-luz. La luz que recorre en un segundo 300.000 km, 1.080.000.000 km en una hora, 25.920.000.000 km por día y 9.460.800.000.000 km por año. La estrella más cercana a nuestro sol, que se llama Próxima Centauri, está a 4,22 años-luz, que son 39.924.284.000.000 km. La luz del Sol tarda en llegar a la Tierra, en recorrer los 149.600.000 km que nos separan, 8 minutos y 19 segundos, o 499 segundos.

Miramos al cielo cuando nos llama la atención la luna en la noche y se ven infinidad de puntitos en la lejanía. Al Sol, de día, no le podemos, ni debemos mirar. Alguien dice que no es infinito el número de estrellas porque entonces se vería todo blanco y nos da lo mismo, porque no pensamos mucho en ello. Simplemente, para poder dormir.

Estamos flotando sobre una bola de tripas incandescentes, una esfera provista de una costra de unos treinta kilómetros de espesor medio que contiene ese magma a miles de grados y que tiene un radio de seis mil trescientos setenta y un kilómetros, un diámetro de doce mil setecientos cuarenta y dos y un perímetro ecuatorial de cuarenta mil setenta y seis.

Un bombón de licor, preocupante, que gira como una peonza a 1.669 kilómetros por hora -463 metros por segundo- para un punto inscrito en el ecuador, porque ha recorrido los 40.074 km en 24 horas. El cálculo no tiene problema alguno. La velocidad con la que recorre el planeta los 930.000.000 km de elipse en torno al sol en un año –trazando los solsticios y los equinoccios en virtud de los 23,5º de inclinación del eje terrestre en relación al plano de la eclíptica, ni más, ni menos, que producen las cuatro estaciones a lo largo del año, en un alarde de casualidad y exactitud suiza- supone una velocidad de 106.000 km por hora, o 29 km por segundo. Sesenta y tres veces más velocidad que en la rotación. ¿Lo notan? No, pero es así, tal cual se lo digo. Es lo que tiene el vacío interestelar, ni te despeinas.

A esto añadamos que nos movemos con la galaxia a mayor velocidad aún y al año que viene el día de hoy, dentro de 365 días, habremos recorrido más de 18.000.000.000 km, (poco menos de un día-luz) 49.300.000 millones de km diarios que suponen una velocidad de 2.054.000 km/hora, que son 570.555. km por segundo, equivalente a una vez y media la velocidad de la luz y por tanto palabras mayores. Diecinueve veces más velocidad que en la traslación. ¿Notan algo? Es sorprendente y parece mentira, al menos a mí. Es una cadena de velocidades enormes y crecientes que se suman y tiene todo el aspecto de una locura, pero que no se avienen a nuestro concepto de velocidad y muy posiblemente aportan la imprescindible estabilidad al sistema.

La sensación en una noche tranquila de verano –cuando cantan los grillos y huele a verbena y a hierbaluisa- es de paz, de quietud y de sueño y nos incita al amor y a la procreación de vida por la interactuación de macho y hembra, por poco que nos faciliten la tarea, lo que procura satisfacción y placer. Es todo un invento divino y no del diablo. Es mi tesis.

Nos desenvolvemos en una capa gaseosa y acuática, la biosfera, que envuelve nuestro planeta y que supone una pequeña parte del volumen que se aprecia en el planeta cuando se contempla desde la estratosfera. La capa gaseosa rodea enteramente la esfera terrestre y todo aparece azul y apetecible. La acuática salada ocupa un 70,9% de los 510.101.000 que tiene la superficie de la Tierra, por tanto, suma 361.661.600 km2 esa hidrosfera que, con unas determinadas temperaturas terrestres, que dan 15º medios durante miles de años, se corresponde con una cantidad de evaporación que va a proveer de agua regada y dulce a toda su superficie irregularmente y en forme de lluvia, granizo o nieve. ¿Otra casualidad?

Otras superficies y otras temperaturas darían otras evaporaciones y otras precipitaciones. Nunca llovería a gusto de todos, sin duda. Tanto una biosfera como la otra tienen un espesor que no pasa de tres kilómetros la primera y de cuatro –medios- la segunda, en los que es posible la vida. Cuando una se superpone a la otra, como es en el caso de los océanos en los que están los cuatro km de agua y los tres km de atmósfera, tenemos una biosfera de aproximadamente siete kilómetros de espesor medio, pero ambas caben muy aproximadamente en un cubo de 1.560 kilómetros de arista o lado, lo que, comparado con el perímetro de la Tierra de 40.000, es algo pequeño y frágil, una veintiseisava parte de ella.

En ella se suceden los fenómenos que facilitan la vida, el clima, los vientos, las corrientes marinas, la lluvia y la nieve, las horas de sol –la constante solar- las temperaturas, y los solsticios y equinoccios, que son otros fenómenos ¿casuales? fundamentales muy seriamente para la vida.

Bueno, pues a esto añadamos el magnetismo de la Tierra. Algo que tampoco entendemos bien y no sabemos cómo se produce eso de que el polo Norte sea el Norte y el Sur sea el Sur, como nos indica una simple brújula en virtud de su existencia. Ese campo magnético bien desarrollado de la Tierra, amén de otras tantas cosas, nos protege cual escudo poderoso –fuerza de Lorentz- de los maléficos y letales rayos gamma del viento solar, radiación electromagnética ionizante constituida por fotones, muy penetrante, que procede del Sol y sus elementos radiactivos, semejante a los rayos X, de mayor longitud de onda y enormemente perniciosos para la vida –que la harían imposible tal como la conocemos- y son desviados por él hacia el espacio exterior. ¿Otra casualidad?

La luna afecta a las mareas beneficiosas y regula la duración de los días en la tierra, que en su ausencia serían muy cortos, en otra casualidad prodigiosa y regular, amén de estabilizar a la Tierra como contrapeso, o a manera del venterol de un viejo reloj. Su rotación y su traslación en torno a la Tierra –a un kilómetro por segundo- se sincronizan de tal modo que solo vemos una sola cara. Podemos respirar un aire con una determinada proporción de oxígeno, ¿casual? que nos da vida sin quemarnos, beber el agua destilada de la lluvia, alimentarnos con la biodiversidad vegetal y animal que la puebla y nos acompaña en la aventura y que se desenvuelve en una cadena trófica autoalimentándose a partir de la luz del sol y la función clorofílica, casualmente, donde empieza todo partiendo de la química inorgánica de los suelos –sales minerales- a la orgánica –la vegetación- en un alarde y ante nuestros ojos.

Venimos provistos de cinco sentidos, vista, oído, tacto, gusto y olfato, con los que percibimos nuestro entorno con cierta facilidad. No echamos de menos otro. ¿Es la intuición un sexto sentido? Hay quienes vienen a falta de alguno o algunos, lo que condiciona sus trayectos vitales en gran manera. Son cosas de la biología a la que estamos sometidos en la circunstancia vital. Nos remitimos a que la vida es un azar temporal y que Quién ha dispuesto todo, sabe lo que hace y sabrá compensar el sufrimiento y las deficiencias.

Nuestro cerebro, que son dos lóbulos unidos por un istmo, algo sustancial para nuestras capacidades, viene a estar compuesto por doscientos mil millones de neuronas interrelacionadas con sinapsis, como una red tridimensional, que ya dije que era el número estimado de estrellas de nuestra galaxia. Nuestro cerebro es el máximo consumidor de energía de nuestros órganos. Con el 2% del peso corporal consume el 20% del oxígeno y de la glucosa del organismo y la materia gris, la más noble e intensiva de la actividad intelectual, más que la blanca. ¿Otra casualidad?

Comenzamos a despegar del suelo, porque no paramos de evolucionar -crece nuestro cuerpo a costa del alimento y del cariño de nuestros padres que suplen nuestra indigencia en todos los órdenes- y se manifiesta en nosotros algo interno que nos hace sentirnos nosotros y mirarnos al espejo para ver quiénes somos, en contraste con quienes nos rodean, que vemos semejantes, y nos procura una memoria que traemos a la vida, que nos permite aprender, retener y almacenar hechos, imágenes y conceptos de cosas, una inteligencia que nos permite especular con lo aprendido y retenido y recomponer hasta el infinito como un juego y una voluntad que nos hace proceder en consecuencia, optar y elegir entre esas alternativas que se nos ofrecen, y eso sin que pongamos nada de nuestra parte, salvo quererlo.

Somos sociales. No nos complace la soledad. Y sin embargo cada vez vamos siendo más y más nosotros mismos, únicos e irrepetibles, según acumulamos datos y vivencias, recuerdos, imágenes, conceptos abstractos… A eso contribuyen quienes nos rodean, sean familiares, compañeros, profesores o amigos de juegos o de clase, niños o niñas.

Estamos sujetos a leyes físicas, químicas y biológicas, pesamos –somos atraídos por el suelo en virtud de la gravedad- nos hacemos daño si caemos, nos pinchamos y nos duele, enfermamos y buscamos el calor y la quietud y se nos alimenta, se nos abriga, se nos procura bebida y nos satisface y agradecemos el cariño que se nos presta devolviéndolo. Recuperamos fuerzas y seguimos en el empeño. En cualquier momento de esta vida podemos terminar, no hay garantía alguna de duración. Nadie puede añadir un milímetro a su estatura, ni un día más a su vida. Hay lo que hay.

No podemos parar mucho tiempo. Dormimos de noche y nos despertamos con nuevas fuerzas cuando sale el Sol. Desayunamos. A veces llueve, otras hay luz, o está nublado y hace frío. Nos gusta el calor entonces. Si hay buen tiempo y hace calor buscamos el fresco de la sombra, el agua, o la bebida fría y nos libramos del Sol. No somos conscientes de que cambiamos día a día, que nuestras células no paran, que ganamos altura, que nuestros brazos ganan fuerza, que cada día comemos, digerimos, orinamos y eliminamos deshechos y nos crece el pelo y las uñas y vamos describiendo una evolución en el tiempo, alcanzamos la madurez –cual los frutos- y si duramos terminamos en decadencia, en vejez y en caducidad. Son nuestros materiales finitos y nuestro reloj biológico que da hasta donde da.

Entendemos lo que se nos dice poco a poco, aprendemos a decir a manifestarnos, a escribir, leer, calcular, prever (ver para prever y prever para proveer, como decía Comte) y atender a conceptos abstractos, que acumulamos, almacenamos e interrelacionamos. Sabemos quién es quién. Quienes son los nuestros, cómo son y manifestamos simpatías y antipatías, filias y fobias. Leemos, miramos, escuchamos. Conocemos animales y distinguimos lo que es la racionalidad, el uso de la razón, el sentido común, la amistad, el cariño y sentimientos de seguridad, inseguridad, peligro, amor, deseo, ira…. Jugamos, corremos, y buscamos nuestros límites… Nos gustan los animales pacíficos que se dejan acariciar y tenemos prevención con aquellos que muestran hostilidad, que pican o son desconocidos y no nos gustan nada.

La música nos afecta gratamente, nos alimenta y nos da placer, como la belleza, y el otro sexo, a la recíproca y nos produce felicidad, como el intercambiar ideas, discutir y crear ambientes amistosos y enriquecedores. En esas circunstancias no nos planteamos nada desagradable ni apocalíptico, sino lo grato y ameno. Nos gusta vivir. Competimos en lo que nos parece mejor.

Así como a otros pequeños no se les explica nada respecto a este milagro de la vida y llegan a pensar que la vida es una cadena de casualidades muy casuales, producto del azar y tantas y tan incomprensiblemente, que es como para pensar. Mis padres me dijeron –como a mis hermanos- que hay alguien que está muy por encima de nosotros, que ha dispuesto nuestra venida a esta Tierra, que nos ama como un padre y que nos tiene pensados desde la eternidad, y que ni un cabello se nos cae sin que Él lo permita y que, si lo permite, Él sabe por qué.

Es un concepto que nos excede y de proporciones inconcebibles para nosotros como nos cuenta San Juan de la Cruz, que llega a percibir, a colegir –le es dado hacerlo- algo de esa presencia desde la noche obscura, pero que está ahí. (Es consciente de que: Entréme donde no supe y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo). Hay enfermedades terribles, hay dolor, hambre, soledad, accidentes… Ni la física ni la química nos perdonan. Es la consecuencia de vivir en la Tierra.

Miramos al Universo, donde se plasma que todo es posible y grandioso y parece que es convincente que sea así, porque esto no es normal, ni sencillo, ni elemental, sino enormemente complicado y pleno de leyes y contraleyes, que nos exceden y nos abrumarían si tuviésemos que desentrañarlas con nuestras fuerzas.

Son las generaciones de pensantes, en el transcurso de los siglos, de elementos humanos especialmente dotados para cada rama del saber, quienes van abriendo camino, tanto desde la especulación filosófica, como desde la experimentación, la observación y la inventiva empírica, al conocimiento humano. El estudio, la meditación, y esa observación van haciendo acopio de conocimiento y lo transcriben para los legos y lerdos, que vamos captando, e intentando su digestibilidad.

Nuestra civilización, la occidental, que es el conjunto de nuestra formación integral la debemos a la religión judeo-cristiana, a la filosofía griega recuperada por el renacimiento y la escolástica, al derecho romano y al cúmulo de técnicas y tecnologías evolucionadas, que facilitan nuestras vidas y que nos graban, e imprimen caracter. Es el cimiento, como dice Zubiri. La guerra, que llena la Historia de muerte, crueldades y dolor, es un mal a eliminar y un síntoma de disfunción social que hay que combatir con empeño.

Hay un mundo material y otro inmaterial –parece evidente- que ya colegían los griegos, e inmortal, y que estamos llamados a cosas que no podemos ni imaginar, pero que antes hay que pasar por el crisol de la vida terrestre, de la animalidad y que puede ser no sólo durísima, sino cruel y despiadada y además caduca, finita, pero que su temporalidad y los auxilios del Creador pueden superarla y ayudarnos. A veces experimentamos momentos tangenciales, pero fugaces que nos dan a pensar. Hay quienes no lo ven así y todo lo adjudican a una mecánica casual, a una evolución ciega que plantea serias dudas de que pueda ser y que comprendemos que haya quienes puedan pensar así, porque Dios lo permite, pero sabios como Pascal la valoran en probabilidades al 50% cuanto más o cuanto menos.

Muchos sentimos que somos algo más que un cuerpo finito y caduco, que tenemos un alma como ya decía Platón dentro de nuestras costuras, que se desprende en nuestra muerte física para trascender y pasar a otro nivel y que por dentro nos sentimos el mismo durante toda nuestra vida, mientras en el espejo vemos los cambios que afectan a nuestro físico.

Cuando morimos quienes tenemos la suerte de la fe o el mérito de haberla asumido por voluntad de hacerlo, sabemos, tenemos la certeza de que vamos a otro plano, donde alcanzaremos la felicidad que hemos buscado lícitamente toda nuestra vida. De cualquier modo, no nos apetece nada y nos espanta, como al mismo Cristo en la cruz, que más certeza no se podía tener en el Paraíso, cuando le decía en verdad al buen ladrón.

La especie humana, como otras superiores a las que se asimila en ciertas cosas, se mueve por mor del sexo entre dos criaturas, que el Génesis llama hombre y mujer.

Hay una fuerza genésica que se vincula a la atracción recíproca entre macho hembra, por razones físicas, químicas o espirituales, hormonales y feromónicas del uno hacia el otro, que tiende a la unión, a la cópula sexual productiva, que aprovecha la naturaleza en la suavidad, el perfume, la virilidad, la feminidad, el ciego instinto que nos apremia con los deliciosos prolegómenos excitantes de caricias y besos que avocan a la penetración del macho en la pasiva hembra, que lo busca y a los afectos irresistibles, para interesar ciegamente a la especie en otro ente.

Otro ser, procedente de ambos, de nuevo cuño y todo ello en base al placer que procuran las presencias al uno y al otro y la impenetrabilidad de los cuerpos, principio que desafían en el acto sexual, buscando la mayor unión que más les satisfaga hasta explotar y luego sus capacidades de mantener ese vínculo para bien del tercero en discordia. Las voces, los gestos, los cariños… Impregnan nuestras vidas y nos procuran paz.

Dios ha previsto todo ello, ha dispuesto unas leyes que funcionan –¡vaya si funcionan!- que a veces comportan sacrificio, paciencia y entrega incondicional para superar los escollos de cada día, que no son pocos y muchas veces incomprensibles e injustos a nuestro parecer. Todo ajusta, todo va y si añadimos caridad y confianza todo saldrá bien. ¿Por qué se han empeñado algunos en atribuir este invento al demonio y le han metido en el baile divino?

Pero aun no estamos en ese Paraíso que decía y prometía Cristo a Dimas en la cruz del martirio ¡Menudo sitio! Nos toca esperar y perseverar. Todo llega.

Le llamamos, y es amor, imagen del que Dios ha puesto en cada criatura y que significa vida y que Él hace tender a la eternidad, como diría san Agustín.

No entendemos, ni lo haremos nunca, tantas cosas. Un misterio, si, un enorme misterio complejo ante el que hay que agachar la cabeza y encomendarse a quién lo ha dispuesto, que está en nosotros, que se declara Padre nuestro, que nos escucha y sabe lo que debe ser en cada momento, pese a nosotros, nuestra pequeñez y nuestra miseria. Y sin embargo respeta nuestra libertad, nuestra dignidad. ¿?

Sabe que si nos pregunta nos vamos a negar, pese al enorme beneficio desproporcionado que nos propone pasadas las horcas de la vida. Conoce nuestro escaso alcance y cobardía y los mejores momentos para comprometernos y mantener las instituciones que descubre el Derecho Natural.

¿Era necesario todo el universo creado para que naciese Cristo, el hijo del Creador y Creador a su vez, miembro de una trinidad que no entendemos, en un planeta estable y funcionando como un reloj suizo al cabo de los siglos para pasar por lo que hay que pasar, por la muerte y el sufrimiento, de un plano a otro para comprobarlo, vencerlo históricamente y darnos testimonio para que surgiese la Humanidad? Einstein manifiesta que unas leyes perfectas exigen un legislador perfecto. Me quedo con esta opinión de un superdotado y me tranquiliza mucho.

Ahí aparece el fenómeno de la fe, algo que Dios nos sugiere, nos ofrece, pone a nuestro alcance con tantas casualidades si lo queremos aceptar y ejercerlo, pero que de ninguna manera nos impone. Permite que optemos por su negación ya que da una importancia absoluta a la libertad al libre albedrío de cada cual, y de eso hace depender nuestro futuro o no futuro, en la eternidad.

Yo creo que es infinitamente misericordioso, porque es infinitamente justo y que cuando nos toque partir, cuando cierre nuestros ojos la postrera sombra que nos llevare el blanco día, veremos la lux perpetua luceat eis, la que se dice en los responsos rezados desde este lado y creo, de verdad y por la clemencia infinita del Padre, que nadie se quede fuera de ella por un quítame allá esas pajas.

¡Ni Judas Iscariote!

 


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El Partido Popular, la «derechita cobarde»: Casado, Feijóo, Parera y la TEORÍA DE LA MIERDA

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Hace más de 40 años -que se dice pronto- en la portada del diario ARRIBA apareció un artículo que recibía un título más o menos parecido a este: «UCD o la TEORIA DE LA MIERDA», que tuvo a bien publicar -en un acto de rebeldía que no tenía precedentes, ni ha vuelto a ocurrir jamás- el comité de empresa de los trabajadores de los medios de comunicación del estado que el entonces Gobierno de UCD pretendía vender con los trabajadores dentro. Lo típico de la derechita cobarde, vaya.

Aquella UCD que impuso el comunismo en España, aquella UCD que traicionó todo lo que se podía traicionar -incluso se traicionó a sí misma varias veces- tiene buen y grande heredero -putativo- en el Partido Popular actual del señorito Casado. Pues si de traiciones hablamos, ¿Quien mejor que la derecha -CEDA, AP, …. PP? Nadie.

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La piara que domina en el PP cuenta hoy con una bocaza más, abierta hasta el extremo: la de la inicua e inefable señorita Parera, que ha pasado de infames formaciones políticas en las que defendía el Referendum ilegal para el antiguo Condado de Barcelona a militar en el no menos infame rebaño del PP catalán, en el que acaba de aterrizar con un bonito escándalo, afirmando que está a favor de los indultos a los criminales convictos encerrados en la cárcel por propinar un golpe de estado a la patria común, que es España.

Este es el nivel, señoras y caballeros: Feijóo berreando y soltando saliva por los belfos atacando a Isabel Ayuso, y la tal Parera aplaudiendo un más que posible indulto.

ESTO ES EL PP. Les rogamos que no lo olviden la próxima vez que voten. GRACIAS.

¿Respecto a la TEORIA DE LA MIERDA? Es original de D. Adolfo Suárez, quien se la comentó a Pilar Urbano para definir la forma de comportarse de los españoles:

«El español solo reaccionará cuando note y vea que la mierda le llega justo a la nariz. En ese momento pondrá manos a la obra para quitarse la mierda de alrededor y de encima».

Y esto, señoras y señores, es una verdad como un TEMPLO. Esto es lo que son, en realidad, la mayoría de los españoles. Y así lo demuestran.

 

 

(PULSE PARA AMPLIAR)

 


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Pablo VI y la Encíclica Humanae Vitae: ahí empezó todo

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En 1965, Pablo VI dejó claro que también había normas en la cama. Y eso sí que no.


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Los medios extranjeros ensalzan el Isabel Zendal

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El éxito del Hospital Isabel Zendal se ha vuelto indigerible para la ineficaz siniestra parasitaria.

El Hospital Enfermera Isabel Zendal ya es considerado como la joya de la comunidad de Madrid para abordar la escalada y sobresaturación del covid19. Hasta la prensa extranjera ha atacado duramente a la izquierda española por su actitud impresentable y sus maliciosos bulos contra el Isabel Zendal; máxime, al comprobar que ninguna comunidad ha sabido trabajar con la misma eficiencia que Madrid: ahí tienen lo sucedido en los hospitales de campaña de Valencia, Castilla La Mancha, etc. Estos días he escuchado en una cadena de radio unos comentarios sobre el hospital Isabel Zendal dignos de una ignorante seudoperiodista: sentí vergüenza ajena porque se notaba que — sin conocer ni haber estado en el Zendal—aventaba su odio envalentonado, su siniestro pensamiento y su ‘republiqueta’ de pacotilla. Será cuestión de sentarse en el quicio de la puerta para ver pasar su cadáver. Al tiempo.

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Hoy, el Isabel Zendal, es una bandera que aplauden todos los países de nuestro entorno, incluso ya lo han copiado. A eso se llama estar a la altura de las circunstancias en tiempo y forma. Ninguna otra comunidad ha cogido al toro por los cuernos, ni siquiera Cataluña; con la cantidad de dinero enviado a Cataluña, retrayéndolo del dinero adeudado a otras comunidades y evitando la insensatez de la ‘embajadas’ catalanas, bien podría haber dedicado un ‘zendal’ a la Sanidad y otro a la educación; sin embargo, ese dinero lo dedicó la comunidad a alimentar el golpismo, el activismo independentista y el adoctrinamiento integral.

Cataluña derrocha como pocas comunidades. Hay otras formas de derroche como la efectuada en Andalucía por María Jesús Montero: según ha manifestado el Tribunal de Cuentas, la ahora ministra de Hacienda prescindió de algo más de 8.000 sanitarios en el tiempo que fue consejera de Salud. Cuando copiar de Madrid parece lo más práctico, lógico y sensato, la izquierda no admite que la comunidad de Madrid se vuelque en lo público; hubieran preferido las formaciones de la siniestra que el hospital fuera privado para así disponer de munición contra Isabel Ayuso. El éxito del Hospital Isabel Zendal se ha vuelto indigerible para la ineficaz izquierda parasitaria.

A día de hoy, la presidenta ha aleccionado a Salvador Illa, llegando a quedar como el ‘hombre de paja’ del Gobierno; el presidente no soporta que una mujer le dé sopas con onda, y también ha claudicado ante la planificación de Ayuso con todo su odio y dolor; hasta Grande-Marlaska anda escondido porque le han encontrado las cosquillas de su pasado y de su presente. Otro que también está muy callado últimamente es el ‘vicepandemias’ segundo, pero ya se sabe: sigue pendiente de Franco; sin el caudillo, él no es nadie porque carece de discurso inteligente. Lo suyo son las arengas vacías.

No me ha sorprendido cómo decenas de diarios europeos han destacado, y siguen destacando, el buen hacer de Isabel Díaz Ayuso y su ascenso político. No han faltado cabeceras en Francia, Alemania, Austria, Finlandia, Italia y Reino Unido, entre otros, elogiando la gestión “eficaz, sensata, elegante y disciplinada” de la presidenta desde el inicio de la pandemia. Todos se han deshecho en halagos hacia “el milagro de Madrid” y “la musa de la derecha española”. El diario francés “Le Fígaro” no ha dejado de reconocer y ensalzar a Díaz Ayuso y su equipo, incluso ha llegado a calificarla como “la luchadora contra el coronavirus”. Por el contrario, el presidente del Gobierno sale muy mal parado en todos los envites y comentarios, a la vez que se le considera el culpable por negligencia de los miles de muertos. Es curioso que el ‘vice’ segundo reciba el trato de “patata” y otras veces de “desechable patata caliente”, por su negligencia en las residencias de ancianos, su desidia hacia los afectados y sus destrozos en el mal llamado ‘escudo social’.

Los liberados sindicales de la izquierda, y particularmente de la sanidad madrileña, se han dedicado a tirar piedras a su tejado, convirtiendo su actitud en una vergonzosa manipulación. Muchos siguen aventando estupideces, y pasan información falsa a algunos medios pagados por el Gobierno, esos a los que se conoce como ‘cagaítos’. De todos esos liberados sindicales, ninguno ha renunciado a la liberación para ayudar a realizar test, poner vacunas o acudir al Zendal. En estos casos, la Administración debería eliminar de oficio esas liberaciones porque son atentatorias contra la sociedad. Si los sindicatos quieren liberados para hacer daño, deberían pagarlos ellos en vez de hacerlo la Administración. ¿Cuánto creen que iban a durar los liberados sindicales? Pues ese es uno de los temas que habrá que tratar en profundidad cuando se abra el melón de la Constitución, junto con otros muchos.

Por Jesús Salamanca. 


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La abstención de Vox: ¿salvavidas, responsabilidad o ambas?

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Compleja la situación en la que VOX se ha colocado. Nadia podría haberles reprochado su voto negativo; y mucho menos sus votantes y afiliados. La abstención ha sido explicada por Espinosa de los Monteros… pero creemos que estas explicaciones no borrarán el daño que la imagen de «salvavidas de Sánchez» ya se ha creado en lo más ruin, zafio y cateto de la sociedad. Que, por desgracia, también vota. 

Pero no solo será el «garrulismo» el que no entienda la abstención de VOX; muchos de sus apoyos tampoco lo entienden y, aquellos que pueden entenderlo, no les gusta. Nada. Ni un poquito. 

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VOX seguramente se ha equivocado. Y no se lo puede permitir: que el PP se equivoque está ya superado: es lo esperable. Pero de VOX se pide más. Por partidarios y detractores. 

Les dejamos con la magnífica reflexión de Luis Losada-Pescador:

 

Campanada. ERC se había descolgado del gobierno en la votación del decreto ley de reparto de fondos europeos por la pandemia. Justo antes de las catalanas -que son las que importan en ERC- hay que marcar distancia. ¿La excusa? Que si la Generalitat no ha participado en la elaboración de los criterios, que si sólo se van a beneficiarb las grandes empresas, etc. 

Descartado el apoyo de ERC el gobierno mendiga en Ciudadanos un salvavidas que permita superar el trámite. Al fin y al cabo los ‘naranjitos’ se habían humillado hasta el extremo en la negociación de los presupuestos. Pero los de Inés Arrimadas tampoco le dieron oxígeno. Probablemente por las mismas razones que ERC. Su supuesto fuerte era Cataluña. Recordemos que ganaron las últimas elecciones aunque un pacto de perdedoreds les arrebató el gobierno.

Si Ciudadanos no salva los muebles en Cataluña, se derrumba a nivel nacional. Así que no es el momento de hacerse la foto con el ‘cambiacolchones’. Y por supuesto, el PP no le da al gobierno ni la hora. Y menos antes de las catalanas. Después está dispuesto a negociar la renovación del CGPJ. Pero antes, nada de nada. Porque además consideran que el reparto de Sánchez es une embudo a favor de sus comunidades y en contra de las gobernadas por el PP.

En este ambiente de desolación sanchista llega Vox y se abstiene facilitando la aprobación. El partido más crítico con el gobierno, el que planteó una moción de censura, el que considera a Sánchez un peligro para España, le ofrece un flotador en el último minuto. Por supuesto, el PP aprovecha para hacer sangre comparandoa a Vox con Bildu porque ambos facilitaron el decreto. Las bases, con cara de póquer. Si los de Abascal pretendían el ‘sorpasso’ al PP en las catalanas, este está más lejos hoy que ayer.

El portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, acusando de “fake news” a quien afirme que Vox salvó al gobierno. ¿Cuál es el titular adecuado, Iván? La culpa no es del mensajero sino de la decisión. Si no son capaces de explicarla o su explicación no resulta convincente, la culpa no es del mensajero. Es verdad que los medios afines al PP han aprovechado la circunstancia para magnificar los hechos. Pero eso no invalida los hechos.

Ahora, vayamos a lo que importa: ¿por qué Vox ha decidido ofrecer un flotador a Sánchez? Dos hipótesis: por equivocación o por responsabilidad. Espinosa explica que el covid ha generado 622.000 parados a los que hay que sumar los 750.000 trabajadores que siguen en el ERTE. Miles de pymes han tenido que bajar la persiana y otras muchas agonizan y podrían morir si el dinero no llega rápido. Votar en contra habría dilatado la llegada de los fondos y acelerado la muerte empresarial de muchas pymes. En definitiva, nos abstuvimos con la nariz tapada pensando en los españoles. Eso es patriotismo. 

Este es el mensaje del portavoz parlamentario de Vox que no ha terminado de convencer a las bases. Quizás pretendian de esta manera desmarcarse de PP y Vox de cara a las pymes que esperan los fondos. Pero puede que la responsabilidad no cotice en un ambiente de holliganismo politico. Pero también puede que las bases perciban poca consistencia: ¿Por qué no se fue “responsable” con los estados de alarma o con los presupuestos?

Esto nos lleva a la tesis de la equivocación. Vox habría calculado que el PP y Ciudadanos se abstendrían y no querían salir en la foto como los que votaban en contra de la llegada de los fondos europeos cuando están abanderando la batalla de los hosteleros por su supervivencia. Como el voto era digital y estaba habilitado desde la noche anterior puede que algún ‘bocas’ filtrara la posición de Vox y que PP y Ciudadanos aprovecharan para desmarcarse: iba a salir igual y ellos aprovecharían para marcar distancia y ajusticiar a Vox. Posible. Pero, ¿verdad que es inexplicable?

Luis Losada-Pescador.


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