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Opinión

Sanchismo acorralado en su propio albañal. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El buen entendedor habrá captado la idea: represión, manipulación, venganza y malas artes muy propias del sanchismo socialista. En pocas palabras: estamos a un paso de la amenaza por disentir y discrepar»

 

 

Esto ya se nos ha ido de las manos. Me decía un viejo socialista que lo que ahora nos defrauda no es socialismo, es sanchismo del malo y peligroso, una mafia. Muchos periodistas, solo por denunciar corrupciones mafiosas y otros presuntos delitos peores, reciben la notificación del ministerio de Hacienda para amedrentarlos. Es lo que hacía Mauro. A ello hay que añadir que, con tal de hacer daño a la Casa Real, no le asignan lo que le corresponden con la disculpa mafiosa de que no hay presupuestos. ¿Y por qué no hay presupuestos? ¿Quién es el inútil que debe presentarlos tras elaborarlos? Pues eso. El buen entendedor habrá captado la idea: represión, manipulación, venganza y malas artes muy propias del sanchismo socialista. En pocas palabras: estamos a un paso de la amenaza por disentir y discrepar.

Ahora entiendo a Balsac cuando decía que «el socialismo es un eterno parricida, mató a su madre la república y a su hermana, la libertad». La propia Margaret Thatcher comentó muchas veces que «el socialismo fracasó cuando se acabó el dinero de los demás». Miedo me da que, tres ejercicios económicos sin presupuestos del Estado, el nuevo Gobierno se encuentre con agujeros descontrolados, como el del Banco de España actual. ¿Saben cómo se han pagado las pensiones últimamente? Mejor que descansen, ya se enterarán.

¿Acaso creen que el abandono del barco por parte de las ratas es casual? Pues no, no es casual, es el resultado de sentirse culpables de la mala gestión sanchista o socialismo periférico. No tienen más que recordar la dimisión de toda la cúpula del ministerio de Hacienda. Viendo a delincuentes condenados y a los que están a las puertas de serlo, algunos van a pensar que, «para ser alguien en esta vida, hay que ser putero, drogata, corrupto y socialista, además de mala persona», en palabras de un periodista de investigación que, como fuente fiable, me permite decir la idea, pero no la persona. ¿Tendrá miedo a la represión posterior?

Nunca se me olvidará la frase de mi maestro: «el que paga para llegar, llega para robar», al igual que «no hay diferencia entre comunismo y socialismo. Excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio», tal y como lo definía Ayn Rano. Más claro, según Marlene Moleón: «el socialismo es el largo y tortuoso camino que va del capitalismo al capitalismo»; es decir, quítate tú para que yo viva como tú y tú dejes de hacerlo.

Podríamos dar muchas más ideas sobre el socialismo, hoy convertido en sanchismo irreverente, fraudulento, casposo y cavernario. Me cabrea que delincan tan deprisa porque no me da tiempo a cubrirlo todo ni a estudiarlo en profundidad. Cuando creíamos que ya delinquían más despacio, sale Rodríguez Zapatero y pringa a sus hijas en unas joyas valoradas por los expertos extranjeros en más de cuatro millones y medio. Quien las valoró en millón y medio, debería meterse a llorar en la cama y dejar de decir estupideces. ¡Vaya panda de acólitos sin sotana! Pobre Zapatero (ZParo), ¿cómo se ha atrevido a decir esa burrada de tener poco y dar mucho como socialistas? Un buen amigo, antiguo militante del socialismo honrado, me decía el sábado que los borregos del sanchismo aún siguen la máxima de Fidel Castro: «socialismo o muerte».

Entrar en las mentiras y barrabasadas de la señora Díez, doña Leire, pone los pelos como escarpias. Parece que se creía por encima del bien y del mal porque Sánchez le consentía todo y veía con buenos ojos que se brindara a ser parapeto de sus fechorías. Confieso que, cuando escuché la bravuconada contra el ínclito, hoy coronel Balas, no pude por menos que sentir vergüenza ajena y ridículo, algo así como la vergüenza que sintió Pedro Sánchez con el esputo nominal de Pachi López en el Congreso: «Yo, con Begoña». Ni un atrevido como el dicente de Vascongadas he encontrado diciendo o plasmando en camiseta esa burrada. Yo creo que entendió mal; es decir, alguien dijo: «Yo, con vergonya» (vergüenza) y su oído lo traicionó. Pachi, Pachi, tanto insultar a Pedro y hoy no dudas en besar el orto a quien te traicionó. ¡Qué poca dignidad y cuánta osadía en el morral sanchista!

Por cierto, a fecha de hoy no entiendo qué pinta la directora general en su cargo ni el DAO que ordenó a la Guardia Civil mirar para otro lado en lo referente a la corrupción y malversación de la familia del felón presidente del desgobierno español y mucho menos el fracasado, indigno, malicioso e impresentable ministro Grande Marlaska. A saber, qué hubiera dicho y hecho el pamplonica y II duque de Ahumada, además de V marqués de las Amarillas, don Francisco Javier León y Ezpeleta de las Casas. A pesar de su bonhomía, seguro que no hubiera dudado en correr a gorrazos a los tres personajes aludidos, enemigos de la Benemérita y cuya dignidad perdieron hace tiempo.

No voy a recordar el pasaje de Marlaska en Ezcaray, pero otro día contaré su cobardía y la que le achacaron sus compañeros en Bilbao. Aquí dejo este asunto maligno y el protagonismo etarra contra un pusilánime acomplejado, pero siempre con ánimos de venganza hacia el Cuerpo del tricornio que, antes de Ahumada, ya tuvo una avanzadilla y origen primario en la Santa Hermandad de los Reyes Católicos.

En fin, otro día hablaremos de Perelló, presidenta del CGPJ, que ha echado tal rapapolvo a Óscar López que no sabe si sube o baja y si mata, hiere o espanta. Eso, por atacar e insultar falsa y brutalmente contra la Judicatura y hablar de «lowfare» en nombre de los más torpes e indocumentados. Tanto hurgar en el tema de las prostitutas de Sabiniano y Pedro Sánchez, o de los desfiles de ropa interior de Begoña, para acabar dando cabezazos a un saco vacío. ¿Será ese el origen de su apodo como «cabezabuque»? ¡La que le espera si llega a la Asamblea de Madrid! Empezarán por rebozarlo con el barro y porquería que lleva de la dehesa y del albañal de «Moncloaca», incluso  tal vez le hagan los perrillos

Antes de que se me olvide, Óscar, prepárate, que tienes competencia en Madrid con la candidata natural de Ataquines y la nueva que ha surgido, contraria a los designios de Ferraz. Razón tenía Díaz Ayuso: la actual portavoz socialista de la Asamblea de Madrid ha sido puesta a los pies de los caballos.

Sus compañeros de bancada, hace tiempo que pedían que fuera defenestrada porque, cada vez que ataca a Ayuso, el PSOE pierde cientos de votos por bocazas e insultadora, negando la corrupción sanchista y achacando a los demás sus fallos, múltiples errores y «ñordos» que deja en la Asamblea madrileña-

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España

El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!

Redacción

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Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa

La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid

Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.

Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.

Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.

Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.

Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.

Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.

Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.

Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.

La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

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