Sucesos
Un turista francés, herido grave tras ser apuñalado ante un cajero automático en el centro de Barcelona
Un turista francés de 31 años fue apuñalado en Barcelona la noche del lunes al martes delante de un cajero automático en la plaza Josep Oriol del distrito de Ciutat Vella. «Todo nos hace pensar que fue un robo violento», ha explicado este miércoles el comisario de Mossos d’Esquadra Xavier Monclús en la rueda de prensa de balance del dispositivo de fin de año.
El agente ha añadido que la investigación sigue abierta y que de momento no se ha realizado ninguna detención. Asimismo, ha detallado que la víctima ingresó en el hospital en estado grave y ha sido intervenida quirúrgicamente. Por otra parte, las autoridades policiales han informado hoy que la operación «Fin de año» de saldó con un incremento de más del 100% en el número de detenciones realizadas en Cataluña.
Un 142% más
En total 46 personas han sido detenidas en Cataluña durante el operativo de Nochevieja, un 142% más que en 2018, lo que los Mossos d’Esquadra atribuyen a un aumento de los robos y los hurtos, que han motivado 20 detenciones. En rueda de prensa este miércoles, el conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Buch, ha atribuido este repunte a que en Barcelona, donde se han producido «la mayoría» de estas detenciones, se hayan reforzado las medidas de seguridad contra los delitos contra el patrimonio. Además, seis personas han sido detenidas por delitos de violencia de género, aunque ninguna víctima tiene lesiones graves, y 16 han dado positivo penal en las 948 lecturas de alcoholemia practicadas por los agentes a lo largo de la noche.
El dispositivo de tráfico ha constado de 47 controles -1 más de los previstos- que han detectado 85 positivos por exceder la tasa de alcohol en sangre y 8 por conducir bajo los efectos de las drogas, cifras muy similares a las del año pasado. Los bomberos han intervenido de forma «puntual», ha dicho Buch, por incidentes de poca entidad como el incendio de una chimenea, la intoxicación de dos personas por una caldera en mal estado, la quema de contenedores, y de vehículos en un solar, y un incendio en una cocina, ninguno de ellos relacionado con actos de pirotecnia.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
