Sociedad
Más de 1 niño de cada 5, es asesinado en España antes de nacer, por sus propias madres. De todas ellas, el 91% abortaron por gusto. el 6%, por peligro para la madre. Feliz Navidad
Como todos los años por estas fechas se publican en España las cifras de la ignominia, el número de bebes liquidados en el seno materno.
En 2019 debieron nacer en España 459.766 niños y niñas pero 99.149 vidas de niños concebidos fueron abortadas.
O lo que es lo mismo, que el 21,6% de los niños concebidos es abortado, o lo que es lo mismo, que más de 1 de cada cinco niños no nace por voluntad de su madre y de una sociedad que lo consiente.
El dato supone el porcentaje más alto de este siglo, poco varía que gobierne y legisle el PSOE que el Partido Popular.
3.232 abortos más que el año anterior y la cifra más alta desde 2013, cuando se registraron 108.690.
Otro triste récord es que la tasa de abortos por 1.000 mujeres entre los 15 y los 44 años se situó en 2019 en 11,53, la cifra más alta desde 2013, cuando alcanzó un 11,74.
El 90,90% de los bebés no nacieron a petición libre de la mujer, el 5,85% aduciendo grave riesgo para la salud de la mujer, el 2,93% por riesgo de graves anomalías en el feto, el 0,32% por anomalías fetales incompatibles con la vida o enfermedad extremadamente grave e incurable y el 0,01% por «varios motivos», según figura en el informe de Sanidad.
¿Esta es la ‘civilización’ que hay que salvar? Que se la queden.
En medio de todo este horror hay motivos de esperanza, de que no todo está podrido. Ya sea en los países que sobrevivieron al comunismo o en las iniciativas en USA. O en la intensa lucha por los más débiles que se está desarrollando en Argentina.
Si vamos más allá de las cifras… ¿Qué nos queda? ¿Madres asesinas? ¿Madres golfas? ¿Madres egoístas? En todo caso, madres que no son madres. Tampoco seres humanos.
Que Dios, en su infinita misericordia perdone a esas madres que no llegaron a serlo por propia voluntad. Porque yo, humilde y pertinaz pecador, no puedo hacerlo. Solo deseo -de una forma firme y definitiva- que cuanto antes comparezcan ante el Altísimo. Cuanto antes.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

