España
23 F: Un golpe de timón dentro del propio Estado
AN.- La atención sobre lo ocurrido el 23 de Febrero de 1981 ha girado en torno a lo más espectacular, la ocupación armada del Congreso de los Diputados. Lo que se pudo filmar con ese objetivo, se repite con machacona frecuencia. A la especulación o al silencio, no ha seguido un análisis de las causas que dieron al mismo, ni a indagar el objetivo que con el mismo se perseguía, ni a subrayar sus contradicciones internas y externas.

El Rey Juan Carlos durante la emisión de su mensaje a la nación el 23 de febrero de 1981.
Por añadidura, se emplea un lenguaje inadecuado para definirlo. Lenguaje inadecuado es calificar el acontecimiento del 23 F como golpe de Estado, ya que fue un golpe de timón dentro del propio Estado. Son dos cosas distintas.Con el golpe de Estado lo que se pretende es sustituirlo por otro (hundir un barco y subirse a otro). Así lo fue el del general Pavía, del 3 de enero de 1834. Entró en el Congreso con sus hombres armados y lo disolvió. Puso fin a la República federal de los cantones y se reinstauró la Monarquía. Con el golpe de timón no se pretende hundir la nave del Estado, a punto de naufragar por causas graves y diversas, sino de enderezar su rumbo para evitar el naufragio. Creo que con este fin se planeó el golpe del 23 F. Para afirmar esto decimos lo siguiente:
1.- Los generales Armada y Milans del Bosch, no solo eran monárquicos, sino fidelísimos del Rey, y muy queridos por éste.
2.- El Estado y, por tanto, la Monarquía y la Corona podían ser víctimas de la situación caótica de España, fruto de la ruptura (no de una reforma perfectiva) con el Régimen de Franco, que eso, en definitiva, supuso la Transición.
3.- El apoyo, precisamente a la Corona, se hacía urgente y necesario, ya que la Monarquía configurada por la Constitución de 6 de diciembre de 1978 no tiene de Monarquía más que el nombre y la corona. El régimen anterior, decía Franco, era una Monarquía sin realeza, mientras que el actual es una realeza sin Monarquía. La corona, hoy, es como un jinete sin caballo, o como un globo que con su cuerda un niño pasea por la calle. Si el globo se pincha, cae al suelo y se hace añicos. Si la cuerda se corta, el globo se escapa.
4.- Por ser solo un golpe de timón y no un golpe de Estado no se ocupan ni el Palacio de la Zarzuela, ni los Ministerios de Defensa e Interior
.5.- Por ser tan solo un golpe de timón, el Capitán General de Valencia, cuando el Rey, llamándole cariñosamente Jaime, le ordena que retire los tanques y anule el estado de guerra, no sigue adelante, sino que le obedece de inmediato, como también lo hace el general Armada segundo Jefe del Estado Mayor. Así viene a confesarlo él mismo, según se lee en La Razón, del pasado día 20: “El 23 F… informé, obedecí y resolví”.
Planificación

El general Armada
De golpe de timón se hablaba antes de que se produjera. Basta para probarlo leer la prensa de aquel tiempo. Lo pidió Tarradellas, estando al frente de la Generalitat de Cataluña, y Ricardo de la Cierva ha escrito que: “Los jefes militares creyeron que la corona compartía su preocupación y en cierto modo los animaba a tomar medidas drásticas a través de un gobierno de gestión, presidido por un militar aceptable por todos los demás partidos. «Ese general -Armada- acudió al Parlamento (ya lo indicó el capitán Muñecas Aguilar, aunque no dando su nombre) para conseguir ser elegido presidente del Gobierno. Lo hizo, es curioso, en el momento en que dimitió Adolfo Suárez, de forma voluntaria o presionado y se estaba votando para elegir al que debía sustituirle.

El Rey y su amigo Milans del Bosch
Conviene hacer constar que no es lo mismo elegir que nombrar. Alfonso XIII, monarca liberal, elegía y nombraba, después de las consultas que creía pertinentes, al jefe del Ejecutivo. Juan Carlos I, monarca parlamentario, no lo elige, porque la elección la hace el Parlamento. El Rey solo nombra al elegido. Es algo así como si el Congreso escribiera la carta y la Corona la franqueara.Por eso, y tratándose de un golpe de timón, dentro del Estado y de conformidad con la Constitución, Armada se dirige al Congreso, y no a la Zarzuela, para solicitar ser elegido por los diputados jefe del Gobierno que modificaría el rumbo de la nave del Estado.
Ejecución
Hay una extraña ausencia de sintonía entre lo planificado y la ocupación armada del Congreso. Se trata de uno más de los enigmas que plantea el proceso iniciado para la Transición.Por eso, no se entiende que sin resistencia por parte de los policías que custodiaban el edificio y de los numerosos escoltas de los ministros, entrara en el Parlamento el teniente coronel Tejero con los guardias civiles y después, ante el alboroto y los disparos, permanecieran impasibles, sin enfrentarse a aquellos e intentar desarmarles.
Por otra parte, no concuerda la ocupación armada, que coincide con la votación de los diputados para elegir presidente del Gobierno, con el propósito pacífico y constitucional de Armada, de conseguir, sin la presencia de los ocupantes, ser elegido.
Conclusiones
1.- Hay dos hechos muy significativos que conviene destacar, a saber, la retirada de los tanques en Valencia y la negociación con Tejero.
La primera se produjo tan pronto como se lo ordenó el Rey al Capitán General de Valencia.
La segunda, con la que tuvo como objetivo la retirada de los ocupantes del Congreso, que concluyó sin resultado positivo; y no lo tuvo porque Antonio Tejero no permitió al general Armada que entrase en el hemiciclo; y no se lo permitió porque entre los ministros futuribles de un proyectado gobierno (que me mostró el teniente coronel) figuraban socialistas y comunistas.
La negociación fue larga y la entrada y salida de personas, tanto del Congreso como del Hotel Palace, muy frecuente. A Antonio Tejero se le ofreció de todo, hasta un avión para trasladarse fuera de España. Él lo rechazó con gallardía.
2.- Solo puedo pensar en un desvío de lo planificado por obra y gracia de alguien que, con otros fines, intervino en la planificación. Recordemos el alquiler de vehículos, prescindiendo de los de la Benemérita, para trasladar a los guardias civiles: la disminución de la pena impuesta al general Armada y su posterior indulto; la absolución de uno solo de los encartados; el incendio de un piso en Madrid en el que vivían los padres de éste, que murieron, quemándose la documentación que allí hubiera.
3.- Si Tejero hubiera conocido con anterioridad los nombres de los ministros futuribles, no hubiera ocupado el Congreso. Al general Armada le dijo que él no había puesto en juego su vida, su libertad y su carrera para dar paso a un Gobierno de ese tipo.
4.- Si la negociación hubiera tenido éxito y Armada hubiera podido hablar a los Diputados, les habría dicho que la situación caótica de España y el vacío de poder había motivado la ocupación del Congreso, ocupación que había cesado, pidiendo a los Diputados con plena libertad elegir al presidente de Gobierno, lo que era urgente. Si él – Armada – resultara elegido presidiría un Gobierno de concentración en el que estarían representados los partidos políticos pilares del Régimen. Daría a continuación los nombres, entre ellos, los de quienes ocupaban sus escaños en ese momento.
5.- No cabe la menor duda tanto de la elección del general Armada como de los aplausos de sus electores; como tampoco tengo la menor duda de que ello sería así porque parece inverosímil que se den nombres de ministros futuribles, sin que éstos no lo supieran y hubieran aceptado con anterioridad.
No terminaremos si referirnos a la carta que Antonio Tejero Molina escribió, e hizo pública, a su Majestad el Rey. Está fechada el 31 de agosto de 1978. Retrata el talante del teniente coronel, que en ella se define como “un soldado criado en el culto a la Patria, a su bandera y en el recuerdo de los que murieron en el cumplimiento de su deber”.
Luego de hablar de los guardias civiles asesinados por los terroristas -que “son vuestros soldados”- le dice al Rey, y de una democracia de todos y para todos, en las que no haya más desplazados que los separatistas y los asesinos, añade que del asesinato “no está excluido ni aún su Majestad”.
Y concluye así: “Como soldado que soy, a V.M. va dirigida esta súplica, que ya le habrán presentado mis generales … mi Dios, mi Patria, mi Bandera y mi honor me han obligado a hablar”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
