“Porque sobre los Evangelios, la cultura griega y el Derecho romano se fundan nuestra cultura, nuestras políticas, nuestra visión del mundo. En esta forma de vida occidental, universal, se representa la Navidad, para creyentes y no creyentes. Un pueblo que olvida sus raíces espirituales y filosóficas, no solo se aniquila a sí mismo, sino que priva al mundo de la forma de vernos. Por eso, en la Comunidad de Madrid celebramos la Navidad. Celebramos este maravilloso Nacimiento. Paz en la Tierra a todos los hombres de buena voluntad. Paz y amor. Feliz Navidad y bien hallados a este Belén que es de todos”.
Sociedad
5 horas después de intentar «liquidar» la Navidad, la presión de las derechas obliga a retirar a los canallas de la UE -Von der Leyen y su piara- la «petición» de usar «Felices Fiestas» en lugar de «Feliz Navidad»
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La Unión Europea recomendaba en un documento decir «Felices fiestas» en lugar de “Feliz Navidad”, entre otras correcciones políticas que excluían elementos cristianos, alegando que se debe mantener un discurso «inclusivo» que no hiera la sensibilidad de las personas no cristianas.
Alegando que podía herir la sensibilidad de las personas no cristianas, la Unión Europea (UE) pretendía censurar la fiesta más importante de la Cristiandad. Por medio de un dossier, la Comisión Europea (CE) sobre Directrices proponía una comunicación «inclusiva» que excluía todo elemento cristiano de la Navidad.
Recomendaba decir «Felices fiestas» en lugar de “Feliz Navidad”, entre otras correcciones políticas. Luego de que un portal italiano lo alertó, la derecha de este país acusó que se estaba «cancelando la Navidad» y el Vaticano no tardó en reaccionar.
Antonio Tajani, del partido italiano de centroderecha Forza Italia y presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo, elogió que se haya corregido la comunicación.
«Gracias también a la acción de Forza Italia, la Comisión Europea retira las directrices sobre lenguaje inclusivo que pedían la eliminación de referencias a días festivos y nombres de pila. ¡Viva la #Navidad! ¡Viva la Europa del sentido común!», dijo en Twitter.
Reacción desde el Vaticano
El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, intervino con una crítica inusualmente aguda en un video el martes en el portal de noticias del Vaticano. Parolin elogió los esfuerzos para erradicar la discriminación en la comunidad, pero dijo que las iniciativas no pueden implicar la “anulación de nuestras raíces, la dimensión cristiana de nuestra Europa, especialmente en lo que respecta a las fiestas cristianas».
“Por supuesto, sabemos que Europa debe su existencia y su identidad a muchas influencias, pero ciertamente no podemos olvidar que una de las principales, si no la principal, fue el cristianismo mismo”.
La corrección política ha llegado a tal punto que las directrices recomiendan evitar «considerar que alguien es cristiano». Lo cual implica no asumir que celebra la Navidad. Paralelamente exige «ser sensible al hecho de que las personas tienen tradiciones religiosas diferentes».
En lugar de adaptar la población inmigrante a las costumbres europeas, la agenda de la Unión Europea pretende adaptar a Europa a sus inmigrantes y hacerlo excluyendo terminología cristiana en nombre de la inclusión.
Según el portal italiano Corriere Della Serra, que develó estas directrices, también se debe evitar el término «ciudadano inmigrante», ya que no incluye a los que ya han obtenido la ciudadanía. Siguiendo la misma línea, sugiere no usar nombres «occidentales» de forma genérica.
Tras rechazo, Unión Europea alega que no es oficial
Luego de que el portal publicó estos contenidos, la comisaria europea de Igualdad, Helena Dalli, dijo a través de Twitter:
«Estamos analizando las preocupaciones [generadas por el documento] con el fin de abordarlas en una versión actualizada de sus pautas».
«No es un documento definitivo y dichas pautas necesitan más trabajo», agregó.
«Debemos ofrecer siempre una comunicación inclusiva, garantizando así que todos sean apreciados y reconocidos independientemente de su sexo, religión u origen étnico», detalló Bruselas por medio de un comunicado.
Ahora este discurso llega a nivel paraestatal. Por medio de las recientes directrices, la Unión Europea sugería incluso reemplazar «el período navideño» con «el período de vacaciones».
De modo que la noción de progreso del progresismo no está vinculado a la estabilidad ni la prosperidad sino a los pasos progresivos hacia el totalitarismo, donde todo esté regulado por el Estado, comenzando por el lenguaje. Por ello, la presencia cristiana resulta tan incómodo, pues ofrece un código moral paralelo al estatal.
Frente a esta situación se ha viralizado un discurso de la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, del año pasado, en defensa de la Navidad:
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
