España
Decenas de miles de personas claman en Barcelona contra la amnistía
Decenas de miles de personas, 50.000 según la Guardia Urbana y 300.000 según los organizadores, han salido a las calles de Barcelona este domingo para protestar contra la posible amnistía que el PSOE negocia con los independentistas para lograr la investidura de Pedro Sánchez.
Bajo el lema «No en mi nombre, ni amnistía ni autodeterminación», los manifestantes han partido desde el Paseo de Gràcia para terminar ante un escenario instalado en Gran Vía. Entre los asistentes ha habido numerosos líderes de la derecha, (o lo que quiera que sea Feijóo, N. d la R.) entre ellos Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, que han cargado contra el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, por negociar una medida anticonstitucional a cambio de siete votos.
Entre los representantes del PP han estado también algunos presidentes autonómicos, como Isabel Díaz Ayuso, Juanma Moreno y Jorge Azcón. En declaraciones a los medios de comunicación antes del comienzo de la manifestación, todos ellos han asegurado estar presentes para defender la unidad de España y la igualdad de los ciudadanos.
También han acudido algunos líderes de Ciudadanos, como Carlos Carrizosa y Adrián Vázquez, que han denunciado que «quieren convertir lo que fue un golpe de Estado en una gamberrada».
Durante el recorrido, los manifestantes han gritado consigas como «Puigdemont, a prisión» y «Sánchez, traidor», pero también muchas en referencia a la idea de que «España se rompe», como denuncia la derecha y niega insistentemente la izquierda. «Viva España», «España no se vende, España se defiende» y «yo soy español, español, español» son algunos de los cánticos que se han escuchado durante la marcha.
El primero en intervenir al llegar al final ha sido Àlex Ramos, vicepresidente de Sociedad Civil Catalana (SCC), organización que convocó la multitudinaria marcha. En su intervención, ha recordado las palabras del Govern en las que tildaba la protesta de «anticatalanista», una crítica que ha sido acompañada de fuertes silbidos de los manifestantes.
Ramos ha recordado las palabras del Govern en las que tildaba la protesta de «anticatalanista»: «¿Acaso no somos catalanes?» Una crítica que ha sido acompañada de fuertes silbidos de los manifestantes. «¿Acaso no somos catalanes?», ha defendido.
Ha seguido la intervención de la catedrática Teresa Freixes, que ha afirmado que la ley de amnistía no es de concordia, sino de discordia, ya que es para una «infame» compra de votos y ha pedido a los dos grandes partidos volver al «consenso» para que «nuestros hijos y nietos no pasen por lo que pasaron nuestros padres ni abuelos ni lo que estamos ahora pasando».
También ha subido al escenario el ex alcalde de La Coruña Paco Vázquez, que ha denunciado que con estas negociaciones con los independentistas «nos quieren robar España, la España de la Constitución, la España de la ley».
Finalmente ha sido el turno de la presidenta de SCC, Elda Mata, que ha defendido que esta manifestación «no va de partidos políticos», sino de defender que «España es un estado democrático y de derecho», de «reivindicar el espíritu de la Transición». Ha afirmado que los asistentes a la protesta de este domingo son «ciudadanos que no estamos dispuestos a blanquear el nacionalismo, que exigimos el fin de los favores políticos al nacionalismo que debilitan al Estado» y que defenderán «sin desfallecer los valores de la democracia».
La marcha ha terminado con el himno de España y la canción ‘Resistiré‘, que los organizadores han animado a los asistentes a cantar para irse «con una sonrisa».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
