España
Abascal tacha al Gobierno de «criminal» y alerta del aumento de las violaciones
El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha tildado este domingo al Gobierno de «criminal» y ha asegurado que, desde que Pedro Sánchez está en La Moncloa, las violaciones han aumentado y la «locura totalitaria» del «vicepresidente y su consorte» de enfrentar a los sexos no ha salvado a ninguna mujer.
Abascal ha arremetido contra el presidente del Gobierno y su «sed de poder» por someterse a Podemos en el acto público organizado por Vox como colofón a su asamblea general y en coincidencia con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
Ante un público menos numeroso que en otras ocasiones -unas nueve mil personas, según la organización-, ha criticado que se haya «montado» un ministerio «a la medida de la mujer del vicepresidente», cuyo principal objetivo es que las mujeres lleguen a casa «solas y borrachas, mientras rebajan la pena a los violadores».
Pablo Iglesias, «macho alfa»
«No tenéis vergüenza», les ha dicho y ha cuestionado que el vicepresidente segundo y secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, saliera «cual macho alfa» a defender a la ministra de Igualdad, Irene Montero.
Pero ha añadido que «si de lo que están hablando de forma tan grosera, es de la seguridad de las mujeres, habrá que recordarles que, desde que Pedro Sánchez está en el Palacio de la Moncloa, las violaciones no han dejado de aumentar de una manera dramática en España».
Y, según Abascal, al tiempo que pasa eso, «extranjeros con antecedentes se pasean libremente por las calles, mientras las ONG siguen introduciéndolos a mansalva sin ningún tipo de contrato».
«Habrá que decirles al presidente, al vicepresidente y a su consorte que mueren mujeres, hombres y niños y que toda su locura totalitaria (…) ha destruido la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, la presunción de inocencia y la seguridad de nuestras calles y ellos son lo únicos culpables», ha denunciado.
Abascal se ha mostrado convencido de que la clase media y los más humildes pronto les van a decir que «se vayan con sus dogmas a otra parte» y ha negado que su partido incite al odio cuando dan a conocer datos recabados por ellos mismos sobre violaciones, sino que «incitan al amor» hacia las mujeres y la seguridad de los ciudadanos.
Según ha dicho, la izquierda «no defiende», sino que «odia» a sus propios votantes, y ha afirmado que las «locas de odio» no representan a las mujeres y que su afán de hablar de sexo a los niños pequeños «está más cerca de la corrupción de menores y de la pedofilia que de la educación».
Frente a esas posiciones, a quienes atacan la soberanía nacional y a los medios de comunicación que les «demonizan», ha reivindicado a Vox como la única alternativa que va a proteger a todos los españoles sin distinción.
Monasterio, contra el feminismo «radical»
El acto, que ha contado con la presencia de un representante del primer ministro húngaro, Viktor Urban, ha comenzado con la intervención de la presidenta del partido en Madrid, Rocío Monasterio, que ha centrado su intervención en el 8M.
Monasterio ha reivindicado a su partido como el único que defiende la igualdad entre hombres y mujeres y ha arremetido contra el feminismo «radical» que organiza manifestaciones como si fueran un «aquelarre» y contra las «veletas y blanditas» que las «secundan y se dejan someter». «Esto es como si te dejas poner un burka y, luego, lo adornas con un bikini encima», ha declarado.
Para el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, el 8 de marzo es «una fecha para olvidar», porque ese día de 1917 empezó la revolución rusa y, desde entonces, «millones de personas han perdido la vida» por la ideología comunista.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
