Sucesos
Acuchillado cinco veces un joven de 23 años en Carabanchel
Un joven de 23 años ha resultado herido grave al recibir cinco puñaladas en el pecho y en la espalda en el distrito madrileño de Carabanchel, en circunstancias que investiga la Policía Nacional, que está comprobando si la víctima participó previamente en una pelea que hubo en un bar.
Según ha informado Emergencias Comunidad de Madrid 112, sobre las siete y diez de la mañana de este sábado una mujer ha llamado desde un domicilio de la calle de la Oca del barrio de Vista Alegre de Carabanchel solicitando una ambulancia.
El llegar el Summa ha encontrado en el piso a un joven de 23 años con cuatro heridas incisas en el tórax y una en la espalda, aparentemente de arma blanca y debidas a una agresión que había sufrido en la calle, tras la que había logrado llegar hasta esa vivienda. El Summa le ha estabilizado y le ha trasladado grave al hospital 12 de Octubre, ha precisado el 112.
Pelea de madrugada
La Policía Nacional investiga esta agresión y cree que la misma puede estar relacionada con una pelea que tuvo lugar previamente en un local de la calle Ocaña, situada a más de dos kilómetros.
Fue a las seis y cuarto de la mañana cuando la Policía recibió un aviso desde un bar de esta vía en el que se alertaba de una pelea, pero al llegar la patrulla ya no había problemas, ni heridos, ni restos de sangre, han informado a Efe fuentes de la Jefatura Superior de Policía.
Unos cuarenta minutos más tarde, la Policía recibió otro aviso en el que se informaba de que un joven español de 23 años estaba herido en un piso de la calle de la Oca, con varias heridas sangrantes que podrían ser de arma blanca o de algún otro objeto cortante como una botella de cristal.
Ahora, los agentes llevan a cabo las pesquisas pertinentes para ver la relación entre ambos sucesos y localizar a los autores de la agresión, según las fuentes.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
