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Opinión

Aitor Esteban Bravo, una fiera euskalduna

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El martes 26 de noviembre del 19, el excelente Ruiz-Quintano, en “visto y no visto”, de ABC cita la frase lapidaria de un tal Aitor Esteban Bravo. Un diputado este con plaza en nuestro congreso, donde ha llegado por una sobrevaloración del voto provincial –o regional- que contraviene lo del sistema de mayorías, por mor de la estúpida cesión que nos caracteriza en cuanto a representación democrática excesiva y valor –puro arte de birlibirloque- del voto boroño-casero se refiere, y que nos tenemos que tragar con sucesivas mayorías absolutas de mentecatos de uno y otro lado, que van de imparciales y conciliadores de injusticias patentes y no aplican el principio de subsidiariedad de dejar las cosas de la aldea, en la aldea, o en el caserío en su caso.

“Un hombre, un voto, y lo que salga, salga”, for president. Nosotros no nos metemos a opinar de su harina de maíz, que dejen de opinar de la nuestra, la de los 47.000.000 de españoles, que nos sentimos españoles fetén, fetén.

Dice el andoba: “Yo me siento vasco y hay una nación vasca con derecho a decidir su futuro”. Ahí queda eso. Punto redondo.

Pues bien, aparte de que, insisto, los intereses provinciales de gente tan rural, que no precisamente de mente abierta a la cosmópolis del mundo mundial, deberían quedarse en su municipio, en su encartación o anteiglesia, para bien del terruño, se trata de un caso con apariencias esquizofrénicas, según lo que comento a continuación.

Se sentirá el propio este como le parezca de vasco –allá lo que piense su buena madre, la Bravo, anulada de entrada y parece que también su progenitor igualmente, el Esteban, a los que se debió aparecer san Aitor sobre un quejigo, cuando bajaron de la meseta- y las ventajas económicas que se le sigan por esto en su partido regional, el PNV, pero la mitad de su sangre al menos, que yo sepa, procede de Cañamaque, en la Tierra de Almazán, pura Celtiberia soriana, tierra del Cid y cerealista, y no sé lo que pensarán sus primos consanguíneos de tan buena raza, los Bravo, que los Esteban no sé bien de donde proceden –no de muy lejos, seguro- pero de los que abomina al parecer ser la criatura ramanzau, jesuítica e ikastolizada al 50%. (Agítese antes de usar, please).

¿Qué le habrán hecho a este hombre esas buenas gentes de la noble tierra castellana, origen de las Españas, para ignorarles en sus políticas de aldea? ¿Le harían el vacío los chavalitos, por los veranos, cuando recalaba en el pueblo vestido de milrayas como los de Achuri para epatarles, al amor de los abuelos, abuelas o abueles? ¿De donde procede esa bravura y claridad de sentimientos antiestebanianos y anticañamáquicos de los que reniega en su customización extemporánea del ADN?

Me huele a escaso pedigree euskaldún, a bulling nervionero y mucho complejo de invasor maketo –no deseado- de colegio de curas. Dime de qué presumes y te diré lo hortera que resultas, pequeño mastuerzo. Mejor, dime donde pones los huevos y donde das los gritos, pajarito del PNV.

Como dicen en Cañamaque, la tierra de tus ancestros: ¡A cascarla!

Hice el servicio militar en IPS, en Montelareina, en caballería allá por los sesenta y cinco y sesenta y seis. Mi escuadrón, el cuarto, estaba formado por médicos de Valladolid, algunos de derecho, también de Pucela, y sobre todo de Ingenieros industriales de Bilbao. Éramos una piña que nunca regañamos, merendábamos como leones, en corro y haciendo circular las latas y las botas y dándole al Sabin peleón, al Rueda blanco y a los Celtas.

Allí se oían los nombramientos de imaginarias de cada noche y de cuarteleros de cada día, en la retreta. Uno de los que hizo muchas más de una, era un tal Sabino Arana Larrazabal, de Baracaldo, buen compañero y persona, menudito él, cuyos nombre y apellido ni nos sonaban. Se hablaba de chicas, de salidas, de días que nos quedaban y de viajes de finde.

Asteguieta, Eransus, Unamuno, Arecha, Goicoechea, Altuna, Gallastegui, Irizar, Lizarralde, Ibarzabal, Iturbe, Alberdi, Artola, Mendiola, Vidaurrazaga, Arratia, Ugalde, Urtaran, Garaya, Eizaguirre, Garaizar, Lascurain… Ninguno de Cañamaque, mira tú. Eran apellidos que se oían cada noche y se nos grabaron en el magín, asociados a aquellos buenos tiempos, que entonces execrábamos.

Notaba que los ingenieros eran los que más leían fotonovelas, que se intercambiaban codiciosos y sin duda los peor hablados -nunca en vasco, ni eso siquiera- pero que desfilaban como ninguno cuando nos marcaba el paso la atronadora banda de san Quintín, como observé que los médicos eran fieles lectores de Corín Tellado. Es mi aportación a la sociología antropocéntrica. De los cuatro batidores de cabeza, tres eran vascos y lucían con orgullo su pala cromada, tanto como su gorrillo cuartelero.

Mira que oí memeces, gracietas, chistes, evocaciones y otras cosas cantadas a coro, cuando los arrestos, que era cuando se especulaba y te podías jugar el campamento. Jamás memez tan acusada como la de este acomplejado, cursi y estiradillo, que debería dejarse caer, de vez en cuando, por Cañamaque, o Almazán al menos, a confraternizar con gente de bien, normal, echar unos potes, y recuperar la sensatez y la hombría de bien. ¡Dios!

 

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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