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¿Porqué no le importa a NADIE que el Cardenal Cobo tenga «novio» y además sea público y notorio? ¿Hasta dónde deben llegar las heces en la Iglesia?

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AD. La afirmación de Federico Jiménez Losantos —“Cobo tiene novio”— emitida en su programa del 20 de noviembre y reproducida por varios medios digitales, entre ellos Infovaticana y Alerta Digital, constituye uno de los episodios más llamativos del ecosistema mediático y eclesial español de los últimos años. No por la frase en sí, sino por lo que ha ocurrido después: nada.

Ni desmentidos oficiales, ni comunicados episcopales, ni querellas, ni editoriales indignados. La prensa generalista ha pasado de puntillas, la Conferencia Episcopal ha guardado silencio y el propio cardenal de Madrid no ha movido ficha.

El hecho de que un locutor con cientos de miles de oyentes pueda afirmar en antena que el arzobispo de la capital “tiene novio” sin provocar reacción institucional es, como señalan los propios artículos que recogen la noticia, un síntoma de la época.

Se trata del tabú invertido: del escándalo al desinterés. En otro tiempo, una acusación de homosexualidad contra un cardenal-arzobispo habría generado un terremoto mediático. Hoy, en cambio, la orientación sexual —real o atribuida— de un prelado no constituye un escándalo para la prensa generalista, que opera bajo un marco cultural donde la homosexualidad no es noticia en sí misma.

Los artículos que recogen la frase subrayan precisamente este punto: la reacción mediática ha sido “prácticamente cero”.

Ciertamente la prensa mainstream evita temas que puedan percibirse como ataques a minorías. Los medios generalistas temen que amplificar la frase pueda interpretarse como un ataque homófobo, una campaña contra un miembro de una minoría religiosa o una maniobra política de la derecha mediática.

El resultado es un silencio preventivo: mejor no tocar un asunto que puede generar acusaciones cruzadas de homofobia, anticlericalismo o manipulación ideológica.

La prensa progresista también protege a Cobo por afinidad ideológica. El cardenal es percibido como uno de los prelados más alineados con la agenda socio-política del actual pontificado. Para buena parte de la prensa progresista, Cobo es un interlocutor útil en temas como inmigración, justicia social o el diálogo político sobre el Valle de los Caídos y las indemnizaciones a las víctimas por supuestos abusos clericales ni demostrados ni juzgados, casi todos prescritos judicialmente.

Por ello, amplificar una acusación lanzada desde un medio conservador podría interpretarse como “hacerle el juego” a un adversario ideológico.

Por su parte, la prensa conservadora evita incendiar un conflicto que no controla.

Aunque algunos medios conservadores han recogido la frase, lo han hecho con prudencia. Saben que de momento no hay pruebas materiales: videos o fotos.

También que el asunto puede volverse contra ellos, y que un conflicto abierto con el arzobispo de Madrid podría tener consecuencias imprevisibles. Por eso se limitan a informar de la frase, pero sin convertirla en campaña.

¿Por qué entonces el cardenal Cobo no se ha querellado? Pues por la estrategia del silencio: evitar dar entidad a la acusación.

Desde el punto de vista comunicativo, una querella multiplicaría la visibilidad de la frase. Hoy, el asunto vive en un ecosistema limitado: webs religiosas, blogs y medios alternativos. Si Cobo presentara una demanda, el caso saltaría, como el caso de Julio Iglesias, a telediarios, tertulias, columnas de opinión y redes sociales.

El silencio es, por tanto, una forma de contención estratégica.

Por otro lado, una querella exige demostrar daño. Para que prospere, Cobo tendría que demostrar que la afirmación es falsa, que causa un perjuicio real, y que existe intención de difamar.

En el contexto cultural actual, donde la orientación sexual no se considera deshonrosa, demostrar “daño” es jurídicamente complejo y la Iglesia siempre procura evitar los pleitos públicos

La tradición eclesial —especialmente en España— es evitar los tribunales civiles salvo en casos extremos. Una querella abriría la puerta a interrogatorios, revisión de agendas, exposición mediática, y especulaciones interminables. La Iglesia prefiere no judicializar asuntos que puedan erosionar su imagen institucional.

También está el factor Vaticano: Cobo es cardenal creado por el papa Francisco. Una querella podría interpretarse como un gesto de debilidad, una reacción desproporcionada o un intento de censurar a un periodista. El Vaticano suele recomendar prudencia extrema en estos casos.

En el entorno eclesial se interpreta la frase de Jiménez Losantos como un ataque político, no como una acusación moral. Por tanto, la respuesta no es jurídica, sino estratégica: no entrar al trapo.

Se trata pues de un silencio que dice más que un escándalo.

El episodio revela una transformación profunda en la relación entre Iglesia, medios y opinión pública. Que un locutor pueda afirmar que el cardenal de Madrid “tiene novio” y que no ocurra absolutamente nada —ni desmentidos, ni querellas, ni editoriales— es un síntoma de: la pérdida de centralidad moral de la Iglesia, la normalización social de la homosexualidad, la polarización mediática, y la estrategia institucional del silencio.

La prensa no ha amplificado el asunto porque no encaja en sus marcos ideológicos y el cardenal no ha reaccionado porque hacerlo sería multiplicar el problema.

Y la Iglesia, atrapada entre la prudencia y el desconcierto, opta por dejar que el tiempo entierre la frase. Pero el silencio, en este caso, no es neutral: es un espejo que refleja la fragilidad actual de la autoridad eclesial y la complejidad del ecosistema mediático español.

Sin embargo, al final, lo incómodo no se entierra. Lo incómodo se acumula. Y cuando finalmente estalla, nadie recuerda ya quién decidió callar primero. Y de eso lo obispos saben un rato.

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España

SIEMPRE LO HEMOS DICHO AQUÍ: Federico Trillo atribuye los atentados terroristas del 11M a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control de los servicios secretos franceses”

Redacción

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El exministro Federico Trillo ha atribuido este lunes los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses”. Así lo ha apuntado en el acto de presentación de su libro ‘Memorias de anteayer’, en el Círculo Ecuestre de Barcelona, presentado por el exdiputado del PP Manuel Milián Mestre.

Trillo ha expuesto una teoría sobre la autoría de los atentados del 11M que se contrapone a la que sostuvo el Gobierno de José María Aznar y que atribuía responsabilidades a ETA.

“Tengo la absoluta convicción de que fueron los comandos ‘moritos’, enviados por Marruecos, bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses. Esa es mi conclusión. Siento ser tan claro”, ha afirmado.

Según Trillo, “tanto la CIA como el MI6 coinciden en que detrás de los moros había un servicio de inteligencia continental”. Trillo ha destacado la “torpeza” con la que su Gobierno gestionó aquella crisis, una gestión que “fue no mala, lo siguiente”.

El Gobierno de Aznar, ha comentado, cometió el “error” de no reunir al gabinete de crisis, lo que en ese momento dejó fuera del núcleo que debía analizar las causas y consecuencias de los atentados a los vicepresidentes Rodrigo Rato y Javier Arenas y al ministro de Defensa, el propio Federico Trillo.

“José María se encerró el jueves y el viernes con el ministro portavoz, Eduardo Zaplana, y el ministro del Interior, Ángel Acebes, y no quiso de ninguna manera que estuviéramos Rodrigo Rato, el ministro de Defensa o el vicepresidente Javier Arenas”, ha señalado.

Fraga sugirió relevar a Rajoy como candidato

También ha explicado que el expresidente gallego Manuel Fraga Iribarne, meses después de la derrota del PP en las elecciones generales de 2004, sugirió reemplazar a Mariano Rajoy como candidato del PP a la Moncloa.

En julio de 2004, ha recordado, Rajoy le pidió que fuera a hablar con Fraga para intentar convencerlo de que renunciara a presentarse a la reelección como presidente de la Xunta de Galicia.

Trillo se reunió con Fraga, que no solo no transigió con la idea de ceder paso como candidato a la reelección, sino que le dijo a su interlocutor: “No tenemos candidato a la presidencia del Gobierno”.

“A mí me había mandado Rajoy, que acababa de perder las elecciones, pero eran sus primeras elecciones. No podía admitir semejante planteamiento”, ha razonado Trillo, que ha justificado la derrota electoral de marzo de 2004 por el impacto del 11M. Según Trillo, en ese momento Fraga le sugirió dos nombres que a su juicio podrían relevar a Rajoy: “Tú o Alberto Ruiz Gallardón”.

Llama a “quitarnos de encima al tirano de Sánchez”

Refiriéndose a la política actual, se ha mostrado muy crítico con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que en su opinión no está a la altura del expresidente socialista Felipe González.

“Felipe nunca llegó al nivel de inmoralidad al que está llegando en este momento Sánchez”, ha afirmado Trillo, que ha hecho un llamamiento a “sacar del poder de España a esta mafia que está acabando con la idea de España misma”.

Y ha planteado: “Si fuimos capaces de quitarnos de encima aquellas corruptelas de González, a pesar de ser el mejor gobernante socialista que hemos tenido, deberíamos ser capaces de quitarnos a este tirano de encima”.

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