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Internacional

Ucrania: La guerra que China prefiere que NO termine

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Hay una realidad incómoda que Occidente sigue evitando: no habrá salida a la guerra de Ucrania mientras China permanezca fuera del foco. Ignorar a Pekín no es un descuido diplomático; es un error estratégico de primer orden.

China no es un actor marginal ni un espectador neutral. Tiene intereses directos en el conflicto y los defiende con disciplina y sin escrúpulos. Habla con Putin, sostiene a Rusia y le proporciona el oxígeno económico y tecnológico necesario para que la guerra continúe.

Pero Pekín no quiere que Moscú gane, ni tampoco que pierda. Quiere que la guerra se alargue lo suficiente como para debilitar a Occidente, sin provocar un colapso ruso que altere el equilibrio que hoy le favorece. No busca una victoria decisiva, sino un desgaste prolongado que juegue a su favor.

Esa es la clave de la estrategia china: aprovechar la invasión rusa para ampliar su influencia global, erosionar el liderazgo estadounidense y remodelar el orden internacional, todo ello sin asumir el coste político ni militar de una guerra que otros libran por ella.

1. Mantener una Rusia dependiente, pero no demasiado fuerte

Los análisis coinciden: Pekín no quiere que Rusia se derrumbe, pero tampoco que salga reforzada de la guerra.

El resultado ideal para China es una “paz híbrida”: Rusia conserva parte del territorio ocupado, pero sin una victoria clara. Una Rusia derrotada podría implosionar; una Rusia victoriosa sería más autónoma, más peligrosa y menos manejable para China.

El cálculo es frío y cínico: mantener en el Kremlin un régimen antioccidental útil, pero económica, tecnológica y diplomáticamente subordinado a Pekín. Rusia como socio menor, no como igual.

2. Usar Ucrania para desgastar a Estados Unidos y Europa

Para China, la guerra es también una herramienta estratégica contra Occidente.

Pekín ve el conflicto como una forma eficaz de atar recursos militares, políticos y económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea, debilitando su capacidad de actuación en otros escenarios clave.

Un Occidente dividido, una OTAN bajo presión y un acuerdo final favorable a Moscú serían una victoria estratégica para China: menos influencia estadounidense y un avance hacia un orden internacional cada vez más favorable a Pekín.

Cuanto más tiempo dure la guerra, más margen tendrá China para expandirse en el Indo‑Pacífico y consolidar su influencia en el llamado Sur Global.

3. Redibujar el orden mundial y diluir el poder de Estados Unidos

La retórica china insiste en un mundo “multipolar”, con la ONU como eje formal, pero con Estados Unidos claramente debilitado.

Xi Jinping repite ante líderes europeos su apoyo a un sistema internacional “centrado en la ONU” y a una globalización “multipolar”. En la práctica, esto significa reducir el peso de Washington y erosionar la arquitectura política y de seguridad construida por Occidente tras la Segunda Guerra Mundial.

Al promover planes de paz y llamados al alto el fuego —que evitan cuidadosamente exigir la retirada rusa—, Pekín se presenta como mediador global, especialmente ante los países no alineados, mientras protege los intereses de Moscú.

Ucrania se convierte así en un escaparate diplomático: China busca ocupar el espacio que antes dominaba Occidente.

4. Expandir su control económico sobre Rusia, Europa y la Ucrania del futuro

La economía es el corazón del plan chino.

Con Rusia, Pekín se ha convertido en su salvavidas. El comercio bilateral roza los 230.000 millones de dólares anuales; casi un tercio del comercio exterior ruso se realiza ya en yuanes, una moneda utilizada para esquivar sanciones.

China suministra componentes críticos de doble uso —microelectrónica, maquinaria industrial, piezas para drones— que permiten a Moscú sostener su maquinaria de guerra pese al aislamiento internacional.

Con Europa, Pekín actúa con cautela, pero con una amenaza implícita: sabe que puede infligir un daño económico muy serio a la Unión Europea. Por eso evita una ruptura frontal con Bruselas mientras se niega a presionar de verdad al Kremlin. Cada vez más líderes europeos reconocen que China es el eslabón débil —y no asumido— de la estrategia occidental sobre Ucrania.

Con Ucrania, China ya piensa en el día después. Se prepara para entrar en la reconstrucción, ganar contratos, influencia y presencia económica en una Ucrania soberana, pero lastrada por un conflicto congelado y por territorios aún disputados.

5. Apoyar a Rusia lo justo para alargar la guerra… sin cargar con la culpa

China juega a dos bandas.

En público, se declara neutral. Habla de diálogo y de paz. En privado, alimenta la capacidad militar rusa.

No exige la retirada de las tropas rusas. No condena la invasión. Xi promete a los europeos apoyar “todos los esfuerzos por la paz”, pero no altera en nada su posición real.

En el plano militar y tecnológico, Pekín ha compartido inteligencia satelital y ha multiplicado los envíos de componentes para drones, hoy esenciales para las operaciones rusas. Desde el verano de 2025, estas exportaciones se han disparado.

China avanza con cuidado: fortalece a Rusia lo suficiente para que la guerra continúe, pero evita un apoyo tan explícito que provoque represalias directas de Occidente.

El error occidental: excluir a China de la ecuación

Ninguna sanción importante ni ninguna propuesta seria de solución incluye de verdad a China.

Ese vacío es un error estratégico.

Pekín debe entender que su ambigüedad tendrá un coste:

  • Un Occidente más cohesionado.
  • Pérdida de socios comerciales.
  • Exclusión de la reconstrucción de Ucrania.
  • Quedar atrapada en una relación onerosa con una Rusia debilitada y dependiente.
  • Y, finalmente, perder el acceso al petróleo ruso barato que hoy tanto le conviene.

Sin China, no hay solución.
Pero sin presionar a China, la guerra seguirá beneficiando al agresor.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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