España
«Al Gobierno le importa más las concentraciones feministas del 8M que preservar la salud de los españoles»
«El Gobierno está jugando con fuego. Se están suspendiendo eventos deportivos por el coronavirus pero no tienen pelotas para cancelar las concentraciones feministas del 8-M». Son manifestaciones hechas hoy en el programa «Buenos días España» (Radio Cadena Española), Armando Robles, al hilo del doble rasero del Gobierno con las medidas precautorias adoptadas para contener la propagación del coonavirus. «Hay colectivos en España que son tan intocables que incluso están por encima de la salud de los españoles. Prefiere mantener las concentraciones multitudinarias del 8M antes que preservar la salud y la vida de los españoles»Al final va a ser verdad verdad que la corrección política mata», señaló.
«España no aprende de otros países. Este Gobierno está cruzado de brazos ante el coronavirus. El ministro de Sanidad no prioriza la salud de los españoles. ¿A qué esperan para actuar? ¿A que los muertos se cuenten por centenares?», inquirió Robles.
Alertó que la inacción del Gobierno puede tener consecuencias devastadoras para la salud de los ciudadanos. «Mientras el Ministerio de Sanidad no ve motivos para que se suspendan eventos o celebraciones como las Fallas de Valencia, Suiza prohíbe toda actividad con más de mil personas a causa del coronavirus. He aquí la diferencia entre países que se toman en serio la no propagación de la enfermedad y otros como España que no. El Gobierno ha decidido que no hay motivos para la suspensión de las macroconcentraciones del 8M o de las Fallas de Valencia, que congrega cada año a cientos de miles de personas procedentes de los cinco continentes. En cambio el mismo Gobierno ordena que un partido de baloncesto en Valencia se celebre a puerta cerrada. O nos toman el pelo o hay algo que se nos escapa y de lo que no se nos informa».
Robles también criticó a la oposición por su silencio ante la gestión de la crisis por parte del Ejecutivo. «Si fuera al revés, si ahora el PP estuviera al frente del Gobierno, la izquerda estaría en pie de guerra. Con ocasión del brote de ébola, que en España no tuvo ninguna víctima mortal, solo les faltó acusar a Rajoy de haberlo creado», manifestó. «¿Es que no hay nadie de la oposición que tenga el valor de preguntar al Gobierno qué criterios médicos aconsejan que no se cancelen las multitudinarias concentraciones feministas del fin d semana? En esta repugnante democracia, desairar a las feministas es más grave que la propagación del virus chino».
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
