Sucesos
Al menos 24 muertos y 40 heridos en un incendio provocado en un estudio de animación en Japón
Al menos 24 personas han muerto y 40 han resultado heridas a causa de un incendio provocado por un hombre en el interior de un estudio de animación en la localidad japonesa de Kioto, según ha informado este jueves la agencia de noticias nipona «Kyodo».
La Policía local y los equipos de rescate han contado que el incendio ha sido provocado por un hombre de 41 años que ha rociado el estudio de animación con un líquido inflamable y posteriormente ha prendido fuego. El incendio comenzó a las 10.30 horas (3.30 en España) y los servicios de emergencias han encontrado varios cadáveres en la segunda planta del estudio, un inmueble de tres plantas propiedad de la empresa Kyoto Animation. Aunque en un principio se había informado de trece muertos, un responsable del equipo de bomberos aseguró que en algunas zonas del edificio se encontraban otras diez personas que podrían haber fallecido también. Cerca de 40 camiones de bomberos tuvieron que trasladarse al lugar de los hechos para apagar las llamas.
De acuerdo a un testimonio citado por la cadena local NHK, el presunto autor gritó «¡vais a morir!» antes de perpetrar el ataque. Posteriormente resultó herido, por lo que fue trasladado a un hospital cercano.
Allí quedará bajo custodia policial a la espera de ser interrogado con el fin de averiguar el móvil del ataque, que no ha trascendido por ahora. La Policía ha encontrado varios cuchillos en el lugar del incendio.
Una vecina que presenció el momento en el que los agentes sujetaban al atacante aseguró que el individuo llevaba un tatuaje en su vientre y se quejó de que había sido «engañado» por la compañía, sin mayores precisiones.
El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, ha mostrado sus condolencias por la tragedia, al tiempo que ha deseado una «rápida recuperación» a los heridos. «Estoy sin palabras. Ruego por las almas de los que han fallecido. Quisiera expresar mis condolencias a todos los heridos y desearles una rápida recuperación», ha lamentado en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter.
El estudio, fundado en 1981 y que cuenta con una plantilla de 155 empleados, ocupa tres pisos y tiene una superficie total de 700 metros cuadrados. Es conocido por producir series de animación en televisión como «K-On!» y «La melancolía de Haruhi Suzumiya». En el momento de los hechos cerca de 70 personas se encontraban en el interior del edificio.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
