Sucesos
Al menos nueves heridos al embestir su coche contra una terraza por una supuesta carrera ilegal
Al menos nueve personas han resultado heridas, entre ellos una menor que está en estado grave, en un accidente de tráfico que tuvo lugar este sábado a última hora del día en el centro de Gerona cuando un conductor perdió el control del vehículo, se subió a la acera y embistió la terraza de un bar del barrio de Sant Narcís en la que había una decena de clientes.
El siniestro tuvo lugar poco antes de medianoche, sobre las 23.30 hroas, cuando, según fuentes de la investigación, dos coches tuvieron una especie de pique en la carretera. Según apuntaron algunas fuentes uno de los coches era conducido por una madre que iba a mucha velocidad porque llevaba a su hija a urgencias y el otro turismo quiso alcanzarlo y adelantarlo.
El conductor de este segundo vehículo, un conductor novel, perdió el control y acabó invadiendo de manera descontrolada la acera de la calle Mare de Déu del Remei, donde impactó contra las mesas del bar. Se llevó por delante nueve personas, cuatro de ellas menores de edad.
Descartado un atentado
En un primer momento, al tratarse de un atropello múltiple saltaron todas las alarmas. Los Mossos d’Esquadra acudieron al lugar de los hechos y descartaron que fuera un atentado, por lo que catalogaron el suceso como un accidente de tráfico y lo derivaron a la policía local de Gerona.
A resultas del choque, al menos nueve personas resultaron heridas de diversa consideración, entre ellas una menor de cuatro años que tuvo que ser trasladada al Hospital Josep Trueta de Gerona por politraumatismos y cuyo estado, según algunas fuentes, es grave.
Al lugar acudieron diversas ambulancias del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) que trasladaron a los heridos a Barcelona y a los hospitales Josep Trueta de Gerona Santa Caterina de Salt.
Entre los heridos estaba el conductor del vehículo, un joven de 18 años que también resultó herido por el accidente y que dio negativo en la prueba de alcoholemia, y por ello no acabó detenido. El joven tuvo que acudir al hospital pero recibió el alta.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
