Internacional
¡ALARMA MUNDIAL! Amenaza terrorista inminente contra Londres y Nueva York: El ISIS avisa
Los fanáticos de han lanzado tres carteles que incitan a los ataques de lobo solitario en Londres y Nueva York. Un póster muestra a un terrorista suicida parado frente a un Big Ben en llamas y está subtitulado con la advertencia: «Los ataques de Londres serán pronto».
Otra muestra a un terrorista enmascarado empuñando un cuchillo sobre la ciudad de Nueva York y un llamamiento a los extremistas solitarios para que «luchen contra ellos en su país».
Ambos carteles usan ‘Just Terror’ como un lema, mientras que la amenaza a Londres aparece junto a una cita de At-Tawbah 5 del Corán, o el ‘Verso de la espada’.
«Y cuando los meses sagrados hayan pasado», se lee, «entonces mata a los politeístas donde sea que los encuentres, acósalos, mándalos y siéntate a esperarlos en cada lugar de emboscada».
Convenientemente excluido de la cita está el siguiente verso: ‘Si alguno de los idólatras busca su protección, concédale protección hasta que escuche las palabras de Dios; y luego llévalo a su lugar de seguridad.
El cartel final dice: ‘Recuerden, oh, ustedes que creyeron, cualquiera de ustedes debería volver de su religión …’
‘Alá traerá en lugar de ellos a un pueblo que él amará y que lo amará … que es humilde hacia los creyentes, poderoso contra los incrédulos … luchan por la causa de Alá y no temen la culpa de una crítica.
‘Ese es el favor de Allah, él lo otorga a quien él quiere. Y Alá lo abarca todo y lo sabe.’
Los carteles de propaganda fueron creados por la Fundación Ash Shaff Media, una emisora pro-ISIS y publicados en Twitter por el Consorcio de Investigación y Análisis del Terror (TRAC), un perro guardián del terrorismo.
La vista de Big Ben en llamas recuerda a las imágenes del incendio del mes pasado que destruyó el techo y la torre de la catedral de Notre Dame en París, después de que los grupos afiliados a ISIS lanzaron carteles que calificaban el desastre de «retribución y castigo» y le decían a los países occidentales que «esperen para el siguiente’.
Los grupos afiliados a ISIS también publicaron un cartel propagandístico que celebraba los ataques terroristas de Sri Lanka el domingo de Pascua, que prometía hacer que los «enemigos de la religión» sangraran «los ríos de sangre inmunda».
La imagen muestra a los ocho atacantes jihadistas sobre Donald Trump, el Papa Francisco y Buda en llamas.
Fue subtitulado: «No te haremos llorar de sangre, los enemigos de la religión y las primeras nubes caerán sobre los ríos de tu sangre inmunda«.
ISIS se responsabilizó de los ataques de Sri Lanka, que mataron a más de 250 personas en iglesias y hoteles en la capital, Colombo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.


