España
Alfonso Guerra se suma a la lucha a favor del castellano en las escuelas frente al ataque frontal de Sánchez y sus socios contra la lengua común
El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra se ha sumado a la iniciativa impulsada por los dirigentes socialistas Antonio Miguel Carmona y Zenón Jiménez Ridruejo en la plataforma ‘change.org’ en defensa del carácter vehicular del castellano y contra la enmienda transaccional acordada entre PSOE, Unidas Podemos y ERC a la ley Celáa.
La campaña sumaba más de 115.000 firmas este viernes, cuando el Gobierno ha aprobado en la Comisión de Educación y Formación Profesional del Congreso el dictamen de la Ponencia sobre la ‘Ley Celaá’, con los votos a favor de PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV y Más País.
El apoyo conseguido este viernes en la comisión, no sería suficiente para el Ejecutivo en el Pleno del Congreso de la próxima semana, en donde el dictamen será de nuevo debatido y deberá ser ratificado por mayoría absoluta (176 diputados), ya que se trata de una reforma de una ley orgánica, y continuar su tramitación en el Senado.
Entre los firmantes de esta iniciativa se encuentran socialistas como el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, los expresidentes del Senado Juan José Laborda y Javier Rojo; el exsecretario general de la Seguridad Social Adolfo Jiménez; el exsecretario general de UGT Cándido Méndez; la decana Lidia Falcón; exministros como César Antonio Molina, José Barrionuevo o Julián García Vargas y el presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, o el exseleccionador de balonmano Juan de Dios Román, entre otros.
En un comunicado, Carmona explicó que «está de acuerdo con el Proyecto de Educación de Isabel Celáa, aprobado en el Consejo de Ministros, firmado por el presidente del Gobierno (PSOE) y presentado para su tramitación en el Congreso de los Diputados, donde dice que ‘el castellano es la lengua vehicular en España’. Nada de acuerdo con la enmienda de ERC que suprime esa parte».
Para Carmona, la diputada de ERC Montse Bassa «es la que más claro lo tiene cuando dice que el español podrá enseñarse en Cataluña, no como vehicular, sino como el inglés o el francés». En esta línea, ha censurado que «los independentistas confunden inmersión con sumersión cuando no sumisión. Y eso no va con nuestro carácter».
«Defendemos a todos los idiomas españoles. Al vasco, al catalán, al gallego y al castellano. Cualquier agresión a cualquiera de ellos tendrá nuestra reprobación», ha advertido Carmona, al tiempo que ha aclarado que la posición del PSOE «ha sido siempre la misma» y que pasa por «la defensa de todos los idiomas, el carácter común y vehicular del castellano y la cooficialidad en los territorios».
«UN ERROR HISTÓRICO»
La petición ha sido acompañada por un manifiesto en el que reivindican que «el español es el idioma de todos y cada uno de los españoles, la base de nuestra cultura, diversa y plural, la principal garantía de la unidad cuya capacidad vehicular nos enriquece».
Además, recuerda que el artículo 3 de la Constitución Española establece que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla, así como que las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.
El texto ha lamentado que «tristemente de facto» el castellano ya no es lengua vehicular en la enseñanza en algunas comunidades autónomas y que «la enmienda consagra un error histórico». Así, han plasmado que «cabe en este contexto especular» acerca de los motivos del Gobierno que han llevado a modificar el texto original. «Sin duda las exigencias de la aprobación del proyecto de Presupuestos, presentado días pasados, han debido ser relevantes a la hora de tomar dicha decisión», ha sugerido.
«No nos oponemos a que se estudie el español como lengua, como lo puede ser el inglés o el francés, pero en ningún caso vehicular», han aclarado. Eso sí, han reivindicado que «se respete la evidente naturaleza vehicular del idioma castellano en el contexto de la actividad educativa en todo el territorio español».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
