España
‘Alt News’: «Aceptamos sin que pase nada que el Síndic de Greuges culpe a los españoles de parasitar la sanidad catalana»
«Imaginen que un representante de Vox dijera que los extranjeros tienen la culpa del déficit sanitario en España. Inmediatamente los medios y los partidos progresistas se lanzarían contra él a degüello, acusándole de xenofobia y también pedirían la actuación de la fiscalía. Pues bien,el Defensor del Pueblo catalán culpó ayer a los pacientes del resto de España de aprovecharse de la sanidad catalana y a casi nadie ha escandalizado. Ningún progresista se está rasgando las vestiduras y ni siquiera está siendo tema de debate en las tetulias. Está claro que insultar a los españoles te da un pedigrí democçático que no te proporciona las críticas a los de fuera, aunque estén justiicadas». Armando Robles, director de AD, ha querido apovechar su paso por «Alt News», el espacio en Radio Cadena Española que conduce y dirige Santiago Fontenla, para criticar las manifestaciones del Defensor del Pueblo catalán (Síndic de Greuges), Rafael Ribó, quien ayer acusó a los españoles no catalanes de ser los causantes uno de los problemas que actualmente distorsionan el funcionamiento del sistema sanitario en esa región. «Donde dice españoles digan ustedes inmigantes y donde dice sanidad catañana digan ustedes sanidad española, y tendrán seguramente una hermosa querella por inducción al odio. Si criticas determinados comportamientos de los inmigrantes, eres un xenófobo; si en cambio denigras a los españoles, lo que ejerces es tu derecho a la libertad de epresión. Compenderán ustedes po qué hay cada día más españoles que literalmente quieren volar el sistma y que por eso votan a Vox. Este sistema ya no se sostiene con tanntas mentiras y contradicciones».
Y agregó: «El odio, el esputo y el vituperio a todo lo que significa, de una manera u otra, España (su historia, su pasado, sus señas de identidad…), es el signo inequívoco de esta época lamentable, volcada toda ella a una obra de destrucción y antesala de esa nada que se vislumbra como el único futuro posible de una nación otrora tan llena de vida, desbordante de fe y pletórica de energía.
Esa manía autodestructiva, esa furia contra su propia tierra es lo propio de las sociedades en la hora amarga de la bancarrota moral y espiritual. Cuando los pueblos van cayendo por la pendiente de su irremediable decadencia los peores elementos salen de sus agujeros y alzan la bandera de la sedición dispuestos a consumar la traición largamente madurada en la oscuridad en la que la sabiduría de otros tiempos los tuvo recluidos.
Una de las formas predominantes de este anormal sentimiento antinacional es ese falso progresismo que es la enfermedad infantil, a todas luces incurable, de esa izquierda española de cromosomas desparejados que justifica todos los atropellos y todas las arbitrariedades (después de haber cometido todos los crímenes que adornan su larguísimo prontuario)».
En el programa de Fontenla también se habló de las declaraciones de Cayetana Álvarez de Toledo en las que dijo que el momento político actual es “más difícil” que “cuando ETA mataba”. Robles le dio la razón: «En el verano del 2000, la banda terrorista ETA asesinó en Málaga al concejal del PP Martín Capena. A las 48 horas hubo una manifestación que sacó a toda la población malagueña a la calle. Yo ví llorar ese día a los portavoces municipales de IU y del PSOE. Si un suceso tan dramático ocurriese hoy y se celebrara una manifestación, iríamos solo la mitad que entonces. La otra mitad nos insultaría y nos llamaría fachas. ¿Hemos o no hemos retrocedido en convivencia demorçatica? ¿Estamos más o menos unidos que hace 20 años?», subrayó.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

pizarro
10/12/2019 at 22:23
Sindic ¡¡ I jo me cagu amb la puta mere q at va pari¡¡¡