España
‘Alt News’: «Si un español increpara a un político marroquí en un acto oficial en Marruecos, iría de cabeza a la cárcel»
El programa «Alt News», de Radio Cadena Española, ha dedicado hoy su habitual tertulia al incidente ocurrido ayer en el Ayuntamiento de Madrid cuando la marroquí Nadia Otmani, tiroteada por su cuñado iraní en 2019, increpó a Ortega Smith durante un acto institucional.
«Es revelador de que la mafia progresista no está pasando por su mejor momento que tenga que echar mano de Nadia Otmani para apuntalar su discurso feminista», señaló Armando Robles, director de AD, quien se preguntó qué habría pasado «si cualquier español increpara a un político marroquí en un acto institucional en Marruecos». Él mismo dio la respuesta: «iría a la cárcel de cabeza».
Lamentó el histerismo de la «mafia progresista» ante las opiniones dididentes que crecen exponencialente en la opinión española. «El chiringuito ideológico se les cae. Por eso tienen que inventarse lo del gran consenso social. ¿Qué es eso de que eiste un gran consenso social sobre determinados asuntos y que por ello no pieden ser rebatidos? ¿Miente Ortega Smith cuando sostiene que hombres y lesbianas también sufren malos tratos de sus parejas? Yo pensaba que en democracia, los consensos se establecían a través de las elecciones, que son la expresión de la opinión mayoritaria de los ciudadanos. Si mañana, el Ferreras, la Pastor, el dueño de LaSexta y el director de El País, entre otros, deciden que tiene que haber un gran consenso social en favor de la zoofilia, «tendremos entonces que someternos a lo que esa gente decida», manifestó. «No más consensos progres en mi nombre», remachó.
Robles aseguró que crece la desafección en la calle a los mantras de la «mafia progresista» y urgió al PP a que «abandone el consenso progre» y tenga su propia opinión, «sin miedos ni complejos» sobre asuntos que conciernen a la vida de millones de españoles. «En caso contrario, serán devorados por Vox», dijo.
También lamentó la posición ayer del alcalde de Madrid, el popular Almeida. «En vez de salir en defensa de un representante municipal que había sido increpado por una asistente, lo que hizo fue ponerse en favor de ésta. Todo fue un montaje muy mal calculado que al final, mucho me temo, ha acercado a Vox a nuevos votantes, Antes de que la maroquí montara su numerito, los trípodes de las cadenas de televisión ya estaban instalados para la ocasión. El PP no puede seguir estando preso de esta mafia progresista», subrayó. Y apostilló Robles: «Esta institucionalización de la arbitrariedad implica una nueva vuelta de tuerca a la sembradura del miedo en la sociedad y a embozar su capacidad de reacción frente al progresivo recorte de sus libertades».
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
