España
Álvarez de Toledo sobre los movimientos #MeToo: «Son vengativos, mojigatos y tratan a las mujeres como menores de edad»
La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, ha cuestionado los movimientos de denuncia del estilo #MeToo contra el acoso sexual, ya que considera que se han «radicalizado» y que son «vengativos, mojigatos y tratan a las mujeres como menores de edad».
Así se ha pronunciado la dirigente del PP al ser preguntada por este tipo de movimientos de denuncia pública que han vuelto a la actualidad después de que el tenor Plácido Domingo haya sido acusado por una decena de mujeres relatando supuestos episodios de acoso ocurridos a lo largo de las tres últimas décadas. «Son movimientos que se han ido radicalizando, son vengativos, mojigatos, y que nos limitan a las mujeres», sostiene.
A su juicio, este tipo de campañas «tratan a las mujeres como menores de edad». «Y yo no quiero –se queja–. Somos responsables, libres y tomamos nuestras propias decisiones. Ése es el enfoque que hay que dar a las mujeres y a las niñas para que crezcan fuertes y capaces de afrontar los desafíos de la sociedad contemporánea».
«Las mujeres somos libres y no acepto que Carmen Calvo hable por mí»
También critica que la vicepresidenta Carmen Calvo identifique el feminismo con el socialismo y está convencida de que «las mujeres no se consideran víctimas de nacimiento, ni quieren que los políticos las traten como menores de edad y con condescendencia infinita». «Durante muchos años los hombres hablaron en nombre de las mujeres y luchamos para evitarlo, y ahora resulta que tenemos que aceptar que otras mujeres hablen en nuestro nombre –protesta–. Yo no acepto que hablen en mi nombre ni un hombre ni una mujer».
A su juicio, «hay una determinada izquierda que pretende dar a entender que la violencia de género, de pareja, es un crimen político, ideológico, y que detrás de ese crimen hay una ideología que sería el heteropatriarcado capitalista, que sería la derecha».
«Y yo dijo no –proclama–, la derecha no mata mujeres. La violencia en las parejas, contra las mujeres, de género, no tiene detrás una organización machista, de hombres que se dedican a matar a mujeres, una organización de derechas, un mundo de derechas que está organizado para intentar eliminar a las mujeres».
Para Álvarez de Toledo, esa lectura que hace parte de la izquierda «es una radical falsedad» y «una perversión total del problema, que no ayuda a resolverlo». «Puede ayudar a la izquierda a movilizar determinados sectores y en algunos momentos intentar criminalizar a la derecha, pero no ayuda a resolver el problema y no ayuda a las mujeres al final –opina–. Una vez más nos utilizan en una guerra política, pero no nos ayudan, más bien todo lo contrario».
Libertad de voto en el partido para temas morales
Por otro lado, Álvarez de Toledo ha confirmado su decisión de que los diputados del PP, además de contar con mucha autonomía en esta nueva etapa, puedan acogerse al voto en conciencia en asuntos que afecten a «debates éticos» como pudiera ser lo relativo a la legislación del aborto.
En su opinión, «es una manera muy razonable de resolver estos asuntos que pueden afectar a la conciencia, asuntos morales siempre delicados y complejos que requieren sensibilidad y que para algunas personas puede justificar la libertad de voto en esas áreas».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
