Sociedad
Alvise Pérez sobre Steegmann: el diputado liberticida de VOX que tiene sometida y humillada a la cúpula del partido
El Diputado de VOX Steegman apoya a Fauci tras demostrarse que financió el laboratorio chino y la weaponización del virus, y de impedir después que saliera a la luz y hubiera una versión distinta a la suya.
Que un diputado de VOX apoye la censura médica, insulte a quienes no tenemos la cartilla de vacunación, y ahora rinda pleitesía a Fauci en pleno escándalo de filtraciones de Twitter es inaceptable y me hace preguntarme tres cosas:
1. ¿Cuánto de lo cobrado por Steegman contó con la aprobación de Fauci para tal pleitesía?
2. ¿Por qué Steegman jamás ha presentado en estos tres años el documento de conflicto de intereses que constataría que no cobró ingentes sumas con las farmacéuticas?
3. ¿Qué posee Steegman sobre miembros de la Ejecutiva de VOX para que no le exijan inmediatamente el acta de Diputado, o siquiera le quiten como Portavoz de Salud en el Congreso?
No es comprensible que VOX siga viéndose perjudicado por alguien así, y nadie de Dirección haga nada que no sea valorar colocarlo en la Comunidad de Madrid fuera de los focos.
Lo malo no se esconde. Se limpia.
#SteegmanDimisión
Fauci. 50 años de servicio al NIH de EEUU. Un hombre que arriesgó su carrera para luchar contra el SIDA, que ha luchado contra la COVID, e ilustrado a los que dudaban de las vacunas. ¿Fallos? Sin duda. ¿Aciertos?. El cumplir el deber de cuidar y curar a los demás. https://t.co/U7lSghybBE
— Juan Luis Steegmann (@jlsteeg) December 29, 2022
Nota: El diputado de VOX Steegman es el único en cerrar los comentarios en sus redes sociales para no recibir críticas de la propia afiliación del partido. Alucino.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.


